Woody Aragón: “ME FASCINA Y ME ILUSIONA TODO. LA VIDA ES UNA COSA TAN MARAVILLOSA”

Con unos juegos de cartas que dejan a cualquiera atónito y un sentido del humor desbordante y contagioso el mago toledano ha llegado a lo más alto de la magia internacional. En abril fue uno de los nominados en los Oscar de la Magia, en Hollywood.

El mago toledano Woody Aragón durante la entrevista.

 

Cuando al terminar el instituto en Toledo le dijo a su madre que quería ser mago, ella le pidió que se dejara de tonterías y se pusiera a estudiar Derecho. Pero no podía ser, porque todo su mundo era ya magia. Mientras empezaba a ganarse la vida como creador de videojuegos o componiendo música sinfónica y bandas sonoras, seguía imaginando y practicando nuevos juegos de cartas y aprendiendo en una sociedad de magia.

 

A los 27 dejaba a otros magos y a su público boquiabiertos. Y entonces lo dejo todo para ser mago. “Estoy tan feliz de haberlo hecho”. Desde hace unos años organiza en Toledo, donde sigue viviendo, un Festival de Magia al que acuden reconocidos magos. El último Toledo Ilusión, que acaba de celebrarse, ha vuelto a ser toda una sorpresa.

 

 La Academia de Artes Mágicas de Hollywood le nominó en abril como uno de los cinco mejores magos del mundo en magia de cerca del 2014. ¿Cómo lo vivió?

 

Ha sido uno de mis momentos top porque los premios de la Academia los deciden entre 5.000 miembros profanos del Castillo Mágico de Hollywood, al que pertenecen muchas estrellas de cine. Cuando me comunicaron que era uno de los nominados, pensé que no era posible. Disfruté mucho. Cuando estás allí te dices: estoy en primera división.

 

 ¿Cómo dio el salto hacia este enorme éxito internacional que ha conseguido en los últimos años?

 

Empecé a salir fuera en 2008, después de haber ganado concursos y de haber publicado varios libros con algunos de mis juegos en español. En 2011 saqué un libro en inglés con el que ya vamos por la tercera edición, que en el mundo de la magia es algo muy raro. Con él empezaron a popularizarse mis juegos y con ellos mi nombre en otros países. Y empezaron a llamarme, a querer verme en directo y a invitarme a congresos internacionales. No paro desde hace 4 años. Los primeros 6 meses de este año he estado tres veces en Estados Unidos, en Uruguay, en Colombia, en Finlandia, en Francia, en Italia… Ha sido una locura.

 

Cuéntenos, ¿qué es la magia?

 

!Uff! !Pues yo mismo! Eso es complicado. Para los magos es un arte porque es una forma de comunicación, de expresión de tu mundo interior, tan profundo como la música o la pintura. Hay muy poca gente que la estudie en profundidad y cuando lo haces te das cuenta que abarca muchas cosas en la vida. Por un lado está la magia como sensación, que es lo que intentamos transmitir los magos: el imposible hecho posible; y por otro lado la técnica de la magia que tiene mucho que ver con psicología… Nosotros la utilizamos para ilusionar y los políticos o los publicistas para convencer y manipular a la gente y conducirla de una manera u otra.

 

¿Cómo empezó a hacer magia?

 

Me recuerdo de muy niño rompiendo y recomponiendo un periódico debajo de un jersey delante de mi madre. Siempre he considerado que la magia era parte de mi vida. Fui bastante autodidacta. Los viernes, antes de irme a Guadamur o a Polán, de donde son mis padres y donde pasábamos el fin de semana, me iba a la biblioteca y cogía libros de magia. Leía mucho, hasta el manual del Magia Borras mil veces, que era muy frustrante porque nunca salían los juegos. Era muy esponja.

 

Cuando tenía 15 años, en plena explosión adolescente, con un libro de magia con Tamariz en la portada que me había comprado y me tenía emocionado, hubo un Congreso de Magia en Toledo. Vi todas las galas. El corazón me palpitaba. Fue maravilloso y muy bueno para mí porque era la primera vez que veía magia en directo y que lo hacía con algunos de los mejores magos del mundo. Allí me enteré que todos los lunes, en Madrid, se reunían los magos para compartir magia en una cena. Soñaba con estar allí, con Juan Tamariz, que me parecía lo más grande del mundo, pero hasta los 19 años mis padres no me dejaron ir.

 

 

¿Y los magos le aceptaron sin problemas?

 

Los magos nos aceptamos y nos enseñamos mucho porque no hay muchas más formas de aprender. Además somos muy poquitos. Todo lo que se ha avanzado en la magia desde los egipcios, los juglares… ha sido porque los magos se han juntado y han compartido. Y seguimos haciéndolo, tengamos la edad que tengamos y seamos de donde seamos. Es maravilloso eso.

 

¿No se guardan los juegos como alto secreto?

 

No, no, al revés. Es secreto solo para el público. Tenemos un código ético que impone mucho respeto entre nosotros. Si invento un juego y no lo he publicado o explicado en una conferencia para magos, se me respeta y nadie lo hace. Y si lo he publicado o explicado ya, todos los magos lo pueden hacer, aunque deben variar la presentación y deben decir de quien es. Y puede ocurrir lo que ha pasado ahora con David Copperfield: que ha llegado a un acuerdo económico con Jorge Blas para hacer un juego suyo que aún no ha publicado.

 

Según ese código ético, ¿qué otras cosas jamás hace un mago profesional?

 

Hay tres básicas: no se utilizan compinches, las cartas no pueden estar marcadas y nunca se preparan cosas que el público no ve, por ejemplo preguntar a algún espectador antes del espectáculo de dónde es. Todo lo que se ve se hace en el momento. Hay técnicas de magia y de psicología para saberlo sin tener que hacer trampas. Yo a Anthony Blake le digo que es el puñetero Sherlock Holmes porque empieza a decirte tú eres tal y vienes de tal… y en realidad está siguiendo un proceso deductivo. Lo bonito es que parezca de verdad. La magia es psicología, técnica, matemáticas, es todo.

 

¿Cómo se crea un juego nuevo?

 

Con una imaginación tremenda porque tienes que imaginarte cosas que no se pueden hacer: que vuele el vaso… Es flipante y precioso. La trampa es ingenio: cómo voy a hacer yo una cosa que no se puede hacer y de repente las neuronas te hacen una asociación de ideas y encuentras la solución. La magia tiene que ser imposible y fascinante. Tiene que tener algún simbolismo que evoque los deseos del hombre: la libertad, la resurrección… que suena como muy grande, pero realmente cuando cortas la cuerda y la recompones tienes algo de eso.

 

 

Tienes que soñar, ilusionarte, imaginar efectos y tener talento, creo yo. También es importante el conocimiento, yo he estudiado muchísimo. Y hay que entrenar tanto la creatividad como la habilidad técnica. Tienes que probar muchas cosas, algunas muy malas, y tienes que hacerlo muchas veces delante del público. Yo estoy las 24 horas pensando en magia, con la baraja en las manos. Todos los magos destacados tienen sus propios juegos, tienen que tener su propio material personalizado, como un grupo de música.

 

¿Cuántos juegos ha inventado?

 

Más de 700. Soy un mago muy creativo y creo mucho material. Hace unos días se me ocurrió uno, pero aún tengo que pulirlo y lleva su tiempo.

 

Lo suyo son los juegos de cartas, ¿por qué?

 

Me enamoran desde crío. Mi abuelo siempre tenía una baraja y jugábamos con ella. Y luego tiene mucho más. La baraja es como un libro desencuadernado, las cartas cuentan historias según las mezclas, hay juegos que se basan en eso. Tiene muchas posibilidades expresivas. Recuerdo que la primera vez que me cayó una baraja francesa me emocioné porque tenía en las manos una baraja de mago. Me apasiona tanto el objeto que creo que por eso le he puesto tanto entusiasmo.

 

Sus números son sorprendentes, pero también el sentido del humor con el que actúa. El público se ríe mucho en sus espectáculos.

 

Y en Inglaterra y Estados Unidos más porque tengo un acento que echo de espaldas y queda muy gracioso haciendo magia en inglés. Se ríen con que salga al escenario y diga Hello. Aunque depende de la forma de ser, los magos de la escuela de Tamariz tendemos a ser extrovertidos, a llevar alegría. De todas formas no creo que el humor sea muy importante. Hay magos muy buenos que son muy serios, como Anthony Blake que no es la alegría de la huerta o un mago argentino que acaba de morir y hacía magia con poesía, con una sola mano, al que admirábamos mucho todos los magos, René Lavand.

 

¿Qué le pasa por la cabeza cuando ve a la gente estupefacta ante uno de sus juegos inexplicables?

 

Me encanta. Lo vivo con ellos. Soy muy feliz haciendo magia para la gente. A veces llego a un espectáculo cansado y en cuanto salgo al escenario y saco las cartas estoy disfrutando. Cuando la gente flipa yo también flipo y me digo: que bonito es esto. He tenido experiencias muy chulas. Recuerdo a una chica que estaba pasando por una depresión y una amiga la convenció para que fuera a ver mi espectáculo. Al terminar vino a decirme que durante dos horas no había hecho más que disfrutar, que había sido muy importante para ella. Fue precioso.

 

Fuera del escenario, ¿qué le sorprende, qué le ilusiona a Woody Aragón?

 

A mí me fascina y me ilusiona todo. Me parece que la vida es una cosa tan maravillosa. Claro que tiene sus cosas malas, pero en el día a día hay muchas cosas fantásticas. Y me gusta mucho todo lo artístico, ver una película, leer un libro, viajar y conocer gente, hacer nuevos amigos

 

¿Por qué hay tan pocas mujeres magas?

 

Hubo una época, a mediados del siglo XIX, que había muchas haciendo mentalismo, espiritismo y cosas fantásticas. Es cierto que en el siglo XX fueron casi todo hombres, no sé por qué, y ahora está volviendo a haber magas, aunque todavía no son suficientes, que aportan una visión distinta. Están más por la estética que por el imposible puro. Voy a dar una opinión y que no se enfaden mis amigas magas: creo que por el hecho de ser mujer ya destacan y eso hace que muchas que pueden llegar a 100 se queden a 80 porque no les hace falta llegar a más. Tengo amigas magas que hacen cosas muy buenas y que con un tiempo más trabajándolas serían perfectas.

 

 ¿En qué proyectos trabaja ahora?

 

Estoy muy implicado en el Teatro Encantado, una salita de magia de cerca que hemos puesto en marcha en Madrid otros tres magos y yo, donde hacemos magia rodeados de unas cincuenta personas. Cuando no viajo, actúo allí. Y en enero iré por primera vez a Japón, a un Festival. Tengo unas ganas tremendas. Ya he hecho magia a japoneses y son muy buen público, con unas reacciones fantásticas porque son gente muy sensible y les chifla el arte creado en el momento.

 

 

¿Qué diferencias aprecia entre el público de distintos países ante un mismo número de magia ?

 

Los americanos son muy efusivos con todas las expresiones artísticas, dan mucho valor a todo el que haga algo. En seguida te dicen: muy bien chaval, no pasa nada si me engañas porque eres un artista; eso lo haces en Sudamérica y te dicen: no puede ser, hazlo otra vez. Así que, que me aplaudan mucho en América… tampoco… A mí me satisface que me aplaudan mucho en Barcelona donde sales al escenario y te miran todos un poco fríos y al final cuando te aplauden mucho dices: me lo he currado.

 

Díganos que es lo más mágico que ha conseguido.

 

!Uff! No sé… ligarme a mi mujer. Eso es lo más flipante que he hecho en la vida. La verdad es que todos los días hacemos magia, cosas alucinantes.

 

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