Volver al tiempo de la política

Es curiosa la forma en que la traslación de determinadas batallas ideológicas toman forma eligiendo el progresismo como su razón de ser y disputando sus más puras esencias de las convicciones. Sin embargo, suele negarse la política como el auténtico teatro de operaciones donde se libran los retos más importantes de la sociedad española, desde la economía y el empleo, la igualdad, o la fiscalidad, pasando por los servicios públicos o las reformas institucionales.

 

Tras el fracaso de la investidura de Pedro Sánchez, provocada por Podemos y el Partido Popular, vinieron las elecciones del 26J y sus resultados hicieron entrar al país en una suerte del túnel del tiempo carente de iniciativa política, con el rechazo de Rajoy como única bandera y, tal vez, con sugeridas operaciones extrañas con la complicidad intuida del nacionalismo independentista.

 

Los importantes retos que tienen el país y la sociedad deben encontrar el cauce democrático y de diálogo adecuado y, desde luego, mejor en un parlamento plural y diverso

 

La desesperada fuga hacia delante, hacia un territorio inédito y sin norte, consiguió que Pedro Sánchez lograse representar una cierta imagen de indignación contra la derecha y logró, eso sí, una importante adhesión entre la militancia y el electorado a costa de negar estrategia alguna con sentido, salvo si por esta entendemos el “no es no” reiterado hasta la saciedad con la colaboración inestimable, deshonesta e interesada de Podemos.

 

 

Mención aparte merecen los reprobables procedimientos utilizados por parte de los llamados barones precipitando los acontecimientos y tratando de hacer en dos semanas lo que no habían ni siquiera insinuado en tres meses. Maniobras que se dieron como paso previo al Comité Federal que provocó la dimisión de su Secretario General y que activó después el proceso de la abstención que ha acabado desbloqueando la situación política y facilitando la investidura de Rajoy en segunda votación.

 

Todo ello a costa de una división sin precedentes que abre importantes incógnitas sobre el futuro del PSOE, a las que hay que añadir las aspiraciones anunciadas por Pedro Sánchez, confundidas con un discurso en cierta forma insólito y extravagante por el que se desdice de sus anteriores opiniones sobre Podemos.

 

Un Podemos, por cierto, que ha dejado de nuevo su impronta en la sesión de investidura, no haciendo ascos ni al infame discurso de Rufián, ni al de Bildu, ni a los eslóganes que se gritaron a las puertas del Congreso calificando de golpe contra la democracia un acto de investidura.

 

Sin duda, y volviendo a la política, considerando esta como la necesidad de pacto y negociación, es evidente que del análisis de los resultados electorales parecía inferirse la necesidad lógica de someter la abstención a la negociación de un programa de cambios y reformas en el proceso de investidura haciendo valer la composición plural del Congreso para una nueva legislatura, una vez descartada por inviable con la actual correlación de fuerzas, la posibilidad de un gobierno alternativo.

 

Pero no fue así. El no es no convertido en la tabla de salvación hacia una hipotética alternativa imaginaria de gobierno, junto al rechazo a las terceras elecciones, conducía inexorablemente a las mismas por inanición del sistema. Por tanto, si no se querían nuevas elecciones, había que abstenerse.

 

Pero, curiosamente, la abstención que durante meses fue invocada desde los diferentes voceros de todo tipo y condición se tornó en transgresión y condena cuando pasó del dicho al hecho. En unos casos, ocultándose la opinión propia sin atreverse a defenderla y, en otros, vertiéndose descalificaciones de grueso calibre como golpe de mano, traición o imposición de los llamados poderes fácticos.

 

Es cierto que casi nunca es fácil condicionar la acción de gobierno. Pero esto no significa que no pueda y que no deba hacerse. Algunos, incluso, sostienen que el parlamento no gobierna y parecen quitar importancia a la labor legislativa. Pero, sin embargo, con este Parlamento no solo se debe volver a la política, sino recobrar el activismo propio de los mejores tiempos del parlamentarismo.

 

Sin duda, los importantes retos que tienen el país y la sociedad deben encontrar el cauce democrático y de diálogo adecuado y, desde luego, mejor en un parlamento plural y diverso que con las eventuales mayorías de las fuerzas conservadoras.

 

 

Juan Jose Gonzalez
Juan Jose Gonzalez

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