¡Viva la cama!

Bendita seas tú, cama, que siempre me recibes

con los brazos abiertos,

llegue cargado de virus y bacterias

o con el suelo terriblemente enfermo.”

Así comienza un poema a la cama que se incluirá en mi próximo poemario que lleva por título (y es ya definitivo) Hablando de la vida con mis jugos gástricos.

 

¡Qué importante la cama! Sí, a medida que pasa el tiempo empieza a tener más usos y más fuerza. Por supuesto que es necesario dormir, dar rienda suelta al mundo de los sueños en los que aflora la parte sumergida del iceberg que somos.

 

Camas en las que se ha hecho el amor a mansalva, arriba y abajo, de un lado y de otro, en esa intimidad en la que los amantes trepan uno sobre el otro

 

Cada uno tiene su almohada especial, las sábanas favoritas, su postura, su indumentaria (a mí no me gustan los pijamas) para introducirse en el mundo que comienza cuando se bajan las persianas de los párpados. A la dosis de la noche yo también añado el reposo de la siesta, siempre breve, que necesito como terapia para aquietar mi rabo de lagartija.

 

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Santiago Sastre
Santiago Sastre

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