Viernes negro

El 23 de noviembre es el día de San Clemente según el santoral católico. Pero es otro santoral, el del consumo, el que nos marca ahora el calendario de celebraciones. Y según este santoral, que viene dictado desde EEUU, el 23 de noviembre es el Black Friday -viernes negro-, el día señalado para llevar el despiporre comercial a su máximo potencial.

 

En las ventas online y en las tiendas de toda la vida -esas en las que se entra y se sale a pie- se ofrecen atractivos descuentos y ofertas para comprar generalmente lo que no se necesita. Y desde este día se da por inaugurada la campaña navideña, que ya llega salpicada de promociones, ofertones y otras modalidades que prometen más de lo que dan. Pero en esa fiesta no todos se divierten.

 

En la fiesta del consumo no todos se divierten. Para los comercios tradicionales todos los días son negros desde la crisis económica, la liberalización del sector y la irrupción de las ventas online

 

Para el comercio tradicional, el del barrio, todos los días son negros desde el comienzo de la crisis económica, la llegada de la liberalización del sector y la irrupción del comercio electrónico. La gran transformación comercial ha afectado a cómo, cuándo y dónde compramos. La tendencia creciente a comprar durante las 24 horas a través de internet en los comercios online (casi todos en manos de grandes empresas o multinacionales) está causando un daño irreparable en el tejido comercial de las ciudades.

 

Cierran muchos establecimientos, quedan bajo mínimos otros tantos y aguantan como pueden los demás. Y, como consecuencia directa, se destruye empleo y se limita la capacidad de pagar mejores salarios a los que aún mantiene el gremio del comercio local. Tan distraídos como estamos con la posibilidad de lograr chollos sin movernos del sitio, o de comprar en el momento que nos apetezca, no nos percatamos de lo que va ocurriendo a nuestro alrededor.

 

El próximo 23 de noviembre, los sindicatos van a aprovechar el black friday para hacer concentraciones en las zonas más comerciales de Toledo y llamar la atención de los ciudadanos de la situación laboral y salarial de los cerca de 9.000 trabajadores que aún mantiene el comercio físico de la provincia. Se han roto las negociaciones con la patronal del comercio porque ésta sostiene que no están para los aumentos salariales que exigen los sindicatos, las ventas caen por todas las causas ya señaladas y o es fácil competir con el mundo online (tampoco actual como él). El comercio tradicional paga impuestos, mantiene empleo y, en muchos casos, presta un servicio a la comunidad.

 

Su pecado ha sido no ver a tiempo los profundos cambios que se avecinaban. No comentamos, como sociedad y como consumidores, el mismo pecado: no ver lo que se nos avecina.

Prado López Galán
Prado López Galán

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