Víctimas y verdugos

El verdugo es ese personaje siniestro que generalmente camina erguido con un hacha en la mano o un gran martillo. A veces lleva el pecho descubierto y los ojos vendados para ocultar su identidad. El verdugo tiene una misión clarísima: ejecutar a la víctima. Por ejemplo, en la Edad Media podía ser el responsable de golpear con un martillo enorme la cabeza del condenado recibiendo vítores y aclamaciones de la plaza pública.

 

La plaza habitualmente estaba llena hasta rebosar para ver el espectáculo. La masa rugía ardientemente ante semejante ejecución para satisfacción de las autoridades que veían en la diversión del pueblo enardecido un muro de contención frente a potenciales protestas sociales.

 

La comunicación no verbal del verdugo es muy clara, los brazos a la espalda o en las caderas diciendo aquí estoy yo, no necesito cruzar los brazos para proteger mis órganos, porque yo soy el hombre que ejecuta. Con la barbilla ligeramente levantada y las piernas separadas, muestra su poder.

 

Su postura es desafiante. Impertérrito, se encuentra sólo en el patíbulo, con un gesto de seriedad extrema, elevado por encima de la multitud. Él sabe que es el centro de todas las miradas, como el torero en la plaza, o el delantero en el campo de fútbol ante el lanzamiento de un penalti. De hecho, es el protagonista, el héroe, el ejecutor, el que se encarga de resolver las cosas incómodas, como ‘el lobo’ en Pulp Fiction o Don Vito Corleone en El padrino.

 

¿Eres el héroe porque asumes toda la carga laboral, todas las responsabilidades, porque puedes con todo? O por el contrario eres la víctima a la que han condenado. Nunca te salen las cosas bien.

 

La víctima es esa persona que camina acongojada, con un lenguaje corporal que muestra su vulnerabilidad extrema, que sabe que va a ser el despojo que satisfará las burlas y risas de todos y todas los que asisten al terrible espectáculo. Camina encorvado, con la mirada perdida, sin fuerzas, con paso lento y tortuoso, instalado en la queja, en la culpa, en la crítica, en el reproche, lamentándose por su mala suerte, por la traición de los demás, por no valer nada, por haber caído en desgracia. Porque es la víctima.

 

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Pedro Salvador

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