“Vendemos conocimiento”

Imaginan, idean, investigan, innovan... los ingenieros de la empresa toledana In-Nova, liderados por los hermanos Samuel y Esther Álvarez, trabajan desde sus sedes de Toledo y Bogotá en proyectos tecnológicos de gran relevancia internacional.

Samuel y Esther Álvarez, socios fundadores de In-Nova

Samuel y Esther Álvarez, socios fundadores de In-Nova.

El nombre de la empresa, In-Nova, ya nos da una pista de lo que se cuece en esta fábrica de ideas sita en el Polígono Industrial de Toledo. Un equipo de 39 trabajadores, la mayor parte de ellos ingenieros, junto a los copropietarios de la compañía, Samuel y Esther Álvarez, investigan en el espacio real y en el virtual, de oficio y por encargo.

 

Su vocación es el desarrollo tecnológico, pero tras ocho años de experiencia empresarial se puede decir que los negocios también están en el ADN de esta sociedad familiar. “Sí, vendemos conocimiento. Muy poca gente sabe hacer negocio de la transferencia de conocimiento, pero a mí me gusta mucho esa definición que dice que innovar es convertir ideas en facturas”, nos dice francamente Samuel Álvarez, director general de In-Nova.

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Antes de entrar en materia, es decir, en conocer a qué se dedican concretamente, Samuel nos sitúa en contexto explicándonos que “la I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación) genera todo el conocimiento y la mayor transferencia tecnológica fundamentalmente en tres sectores: el farmacéutico, el automovilístico y la guerra, aunque luego trasciende al resto de sectores. En nuestra empresa, estamos en muchos proyectos de seguridad y defensa, no desde un punto de vista ofensivo, de ataque, sino para proteger las libertades. Nuestro objetivo moral en Innova es defender las libertades que tenemos y que queremos preservar. No hacemos nada que dispare y explote; ayudamos a la seguridad en las comunicaciones, a luchar contra la piratería. Nuestro trabajo en ciberseguridad está más vinculado a la prevención y reacción o resilencia, es decir, que una vez que te han atacado puedas volver a recuperar la normalidad”.

 

El Grupo In-Nova mantiene tres grandes pilares de actividad: “Los proyectos de ingeniería, con mucha I+D+i real; otra parte de asistencia técnica, de consultoría, en la que colaboramos a nivel internacional con Gobiernos, con grandes programas tecnológicos; y una tercera línea de entrenamiento especializado, como en ciberdefensa y ciberseguridad, drones, criptografía, etc.”, detalla Samuel Álvarez.

 

CIBERSEGURIDAD. Los profesionales de In-Nova están fuertemente especializados en ciberseguridad y ciberdefensa, hasta el punto de que imparten Máster de ciberseguridad, ciberdefensa y sistemas de rada en varias universidades (dirigidos a militares y civiles españoles y extranjeros). “Cuando hablamos de ciberseguridad no estamos ya en el campo de la ciencia-ficción, advierte Samuel. El Centro Nacional de protección de infraestructuras críticas de España ha informado recientemente que de las decenas de miles de ciberincidentes que se han producido, 63 fueron graves. Una infraestructura crítica no sólo es una central nuclear, es también la depuradora de aguas de Toledo, por ejemplo, y si el sistema de control de esta depuradora pueden hackearlo haciendo que el nivel de cloración suba un 200% intoxican a todo Toledo. Con esto quiero decir que tenemos una indefensión muy fuerte en el ciberespacio. Los ciberincidentes pueden ser actos terroristas o ataques entre Estados”.

 

¿Qué proyectos desarrolla In-Nova en esta materia tan sensible? “Estamos haciendo mucho entrenamiento a Fuerzas de Seguridad en España y en países aliados; desarrollamos tecnologías de comunicaciones seguras para nuestras tropas cuando se desplazan en misiones de la OTAN y tienen que entenderse con otros ejércitos de manera segura sin que nadie los interfiera, detalla Samuel. Estamos ahora con este programa, Comunicaciones Tácticas, y pronto nos vamos a hacer unas pruebas a Finlandia junto a otros países; un proyecto de ese calibre para una empresa de Toledo supone mucha responsabilidad. Además, estamos desarrollando y promoviendo proyectos de I+D en temas de señuelos, trampas en internet para que los malos piensen que están atacando algo que no es y poder observar quiénes son y qué hacen. Uno de los desafíos que tenemos es formar en esos temas a más profesionales en España, además de poner en valor a empresas que trabajan en estos sectores y no tienen apoyo, porque, de momento, los malos nos sacan ventaja y la sociedad aún no está suficientemente concienciada para que se dote un presupuesto adecuado para hacer frente a estas amenazas”.

 

La constante inquietud del equipo de In-Nova les ha llevado al campo de la guerra electrónica. ¿De qué hablamos cuando hablamos de guerra electrónica? “La guerra electrónica es cuando con ondas, con electromagnetismo, puedes anular otros sistemas, explica Samuel. Ahora estamos muy metidos en proyectos de guerra electrónica. Hay un gran problema con el tema de los drones, que empiezan a suponer una amenaza grande, porque son dispositivos que se cuelen con gran facilidad, son asequibles económicamente, pueden cargar cosas y de manera intencionada o no pueden hacer daño. Las administraciones públicas y otras organizaciones gubernamentales internacionales tienen una gran preocupación, también la OTAN, de como luchar contra los drones, por lo que se está abriendo un campo de investigación muy importante enfocado a cómo anular un dron, a desarrollar la pistola antidron”.

 

In-Nova ha desarrollado diversos proyectos internacionales relacionados con drones para la vigilancia. “Hemos trabajado en esta materia para Israel; también hemos colaborado en proyectos con Colombia y Brasil; con México y Perú hemos hecho entrenamiento y con Argentina estamos preparando la firma de un convenio”. Y es que el Grupo In-Nova exporta el 95% del conocimiento que genera. Pero sin duda es Colombia uno de sus principales aliados, hasta el punto de que la empresa tiene sede propia en Bogotá. “El primer proyecto que firmó Innova fue internacional, para formación, y fue en Colombia. Por la experiencia que teníamos de viajar antes de crear nuestra empresa, yo había estado en casi todos los países hispanoamericanos (Esther más en Europa). Colombia se fue posicionando como una buena oportunidad geoestratégica por la gran seguridad jurídica que tiene y la estabilidad del país, con un desarrollo sostenible. Ahora es nuestro cuartel general para Hispanoamérica y para EEUU”.

 

Durante 2015 en In-Nova desarrollan el proyecto NAVIAUTO para las Fuerzas Armadas de Colombia. “Se trata del co-desarrollo, fabricación y transferencia de dos sistemas completos no tripulados: el sistema de control terrestre y la plataforma área, incluyendo aeronave, planta de potencia motor y sistema de guiado, navegación y control (autopiloto). El propósito es reforzar las capacidades propias del país en el ámbito de los vehículos aéreos no tripulados, mediante la transferencia de conocimiento y de tecnología en relación a los sistemas autónomos de navegación y plataforma aeronáutica”. Lo realizan junto a la empresa AERTEC Solutions. Precisamente esta tecnológica ha sido elegida por las Fuerzas Armadas colombianas como imagen del stand que han tenido en la feria Expodefensa, celebrada recientemente en Bogotá.

 

Samuel se lamenta discretamente de no ser profeta en su tierra, aunque algunos proyectos interesantes han hecho en la región, como el GATACA, una Guía Accesible de Turismo Adaptada a Castilla-La Mancha. “Lo desarrollamos entre los años 2009 y 2011 junto al SESCAM, el Hospital Nacional de Parapléjicos y la empresa Eptisa, con financiación del Plan Avanza I+D. Fue un proyecto bonito que, lamentablemente, suscitó más interés fuera de España. La tecnología la tiene Castilla-La Mancha, que no llegó a aplicarla porque llegó la crisis. Pero ahí está, para cuando quieran usarla”

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IN-NOVA, EN CLAVE PERSONAL

Samuel y Ester Álvarez son dos hermanos toledanos, criados en el barrio de El Polígono, donde ahora tiene la sede su grupo empresarial Samuel: “Somos poligoneros, nos educamos en un colegio público, en el Alberto Sánchez, que fue pionero en nuestra época por un programa experimental que se puso en Castilla-La Mancha para formar a los niños sin libros de texto. Se basaba todo en desarrollar monografías, es decir, todo era un proceso creativo, si estudiabas sociales tenías que hacer tú el trabajo consultando muchas fuentes bibliográficas. Creo que este programa educativo de nuestro colegio de barrio obrero ha sido ejemplar para nosotros”.

 

Los dos hermanos son Ingenieros de Telecomunicaciones. Esther comenzó a trabajar en temas de radiofrecuencia y en ciberseguridad y defensa, con proyectos en Israel. Samuel se quedó en la Universidad como investigador. Pero ya llevaban la vena de emprendedores y en 2003 decidieron crear juntos su primera empresa.

 

Samuel: Empezamos con la domótica, vinculada al sector de la construcción, que en esos años vivía un buen momento. En 2006 pensamos en In-Nova y la constituimos en 2007 con una idea más clara de lo que queríamos hacer. Surgió de manera curiosa; yo, como investigador en la universidad, era espectador de muchos proyectos de I+D que se generan en las universidades, sentíamos cierta frustración de que esos proyectos, en muchos casos financiados con fondos públicos, sólo sirvieran (y no quiero generalizar) para beneficio del académico, pero no llegara a la industria. Así que pensamos en fomentar transferencia de conocimiento a la industria, pero de verdad. Si no, no vale para nada el sistema de Ciencia y Tecnología que tenemos en España.

Iniciaron la empresa sólos y pronto fueron ampliando la plantilla hasta los 39 actuales. Nacer en tiempos de crisis no parece haber sido un obstáculo.

 

Samuel: Hemos crecido poco a poco, con mucha modestia, aprendiendo gestión, porque somos ingenieros. A partir de 2013 es cuando la empresa ha experimentado el mayor crecimiento. Hemos sido anticíclicos por nuestra capacidad para complicarnos las cosas. Vemos una oportunidad en la que hay que alinear a 20 actores y lo hacemos, promocionamos el proyecto, buscamos los recursos, los clientes…

 

En 2014 el Grupo In-Nova (incluida la Fundación) facturó 3.458.000 €. El 96% fue para clientes internacionales.

 

Su próximo reto… “Queremos abrir sede en Denver, que es ahora el mayor polo tecnológico, por encima de Silicon Valley, para temas aeroespacial y de seguridad y defensa”.

 

“SI YO FUERA PRESIDENTE POR UN DÍA…”

“Si yo fuera presidente del Gobierno por un día intentaría cambiar el modelo de ciencia y tecnología que tenemos en España. No puede ser que una Universidad reciba dinero público para I+D y no se garantice que su resultado va a la industria, denuncia Samuel Álvarez. No puede ocurrir que en el ámbito de la seguridad y la defensa los militares que son científicos, que los hay impresionantes en nuestro país, por el hecho de ser científicos y no estar pegando tiros su carrera de ascensos sea más lenta o se trunque. No puede ocurrir que las únicas herramientas de financiación para el tejido empresarial (que en su mayoría son empresas que tiene menos de 10 trabajadores) sea el CDTI. La realidad de la política de I+D en este país no se ajusta con la realidad de la empresa”.

 

No se gasta el dinero disponible en España para I+D,en parte por mentalidad y en parte porque las condiciones para acceder a estos fondos son muy altas para las pymes. Para poder desarrollar un proyecto de I+D tiene que ser de más de 170.000 euros, una empresa de 4 personas no tiene capacidad de esa inversión, luego muchas empresas inquietas e innovadoras no acceden a estos fondos. El Gobierno necesita valentía para afrontar desde otra perspectiva la Innovación y el Desarrollo, porque la única esperanza que tiene España es generar conocimiento y que se quede en el país”. Tampoco las entidades financieras participan de la cultura de I+D. “Es complicado que apoyen financieramente a empresas que generan conocimiento porque tienen un gran desconocimiento de esta materia. Y es una pena”.

 

Samuel habla con conocimiento de causa y cuenta una anécdota personal: “Ningún banco creyó en nosotros cuando montamos la empresa en 2007. No necesitábamos grandes máquinas, porque no fabricamos, pero teníamos que viajar mucho y eran gastos nada desdeñables para emprendedores con los bolsillos vacíos. Los bancos no entendían que nos dedicáramos a transferencia de conocimiento. En 2009 sí nos apoyó CCM con un proyecto de más de 1’4 millones €”.

 

Ahora, plenamente solventes, los bancos les buscan.