¡Vaya mesecito!

En política, como en la vida misma, siempre hay un acontecimiento nuevo que vuelve añejos, irreales, otros que parecían se habían aposentado permanentemente en nuestras cabezas y en nuestras conversaciones. Ha llegado Trump y los problemas del PSOE y la investidura de Rajoy pareciera ocurrida hace mucho tiempo y ya no tan importante. Cuando algún allegado o nosotros mismos padecemos una enfermedad seria, enseguida nos olvidamos del reuma que de vez en cuando nos fastidia. Lo racionalizamos todo. Trump nos ha metido el susto en el cuerpo y nos ha recordado que las cosas pueden ser siempre aún peor.

 

En política el reuma se nos puede olvidar una temporada, pero al final vuelve con una insistencia realmente molesta y ya no tenemos pensamiento más que para ese ridículo dolor. Y el PSOE tiene ahora un descanso mediático que lo perderá cuando le exijan el apoyo a los presupuestos porque si no Europa nos retira los fondos estructurales. Sin esos fondos estructurales, por ejemplo, todo el pacto económico que firmó el gobierno de García Page con los sindicatos y las organizaciones empresariales será papel mojado y situaciones similares se dan en el resto de las comunidades, solo que para nosotros, como más pobres que somos, el impacto es mucho mayor. Con lo cual el sr. Hernando, portavoz del PSOE en el Congreso, que ha cogido una cierta práctica de pasar del no rotundo al sí bwana, probablemente termine doctorándose en ese doble salto mortal.

 

Y es que en política, también como en la vida misma, no se dicen las cosas como son. Nos gusta aparentar y a los políticos más, ellos esa apariencia la convierten en poder. Seguramente no sea casualidad que los barones socialistas con mando en plaza autonómica hayan preferido un gobierno de Rajoy que otro, aunque fuera suyo, que contara con el rechazo de quienes mandan en Europa. No son tan perversos como para montar la que han montado porque no les gustaba Pedro Sánchez, aunque sí hayan resultado extraordinariamente torpes como para que lo pareciera. ¿Cuál es la verdad que no nos dicen?, pues que en realidad nos mandan otros y aquí despachamos las órdenes y los asuntos corrientes. ¿Cuál es la diferencia?, que unos ponen más oposición a esas órdenes que otros, que a unos las órdenes recibidas les vienen bien porque las convierten en negocio. Así, si te hacen recortar en sanidad y educación, por ejemplo, pues se fabrican clínicas y colegios privados. Y por supuesto en la manera de abordar los asuntos corrientes.

 

Inaugurada esa extravagante tradición que convierte a ex presidentes de Castilla-La Mancha en ministros de Defensa, en el PSOE han creído ver el último paso del abandono de Cospedal. Ella lo niega.

 

En todo caso en el PSOE regional sus dirigentes tienen trabajo para tranquilizar a los suyos, con un ex presidente y un presidente a los que los medios de comunicación nacionales buscaban para que dijeran lo que sabían que iban a decir, “no a Sánchez y que gobierne Rajoy”, si hubieran dicho lo contrario no les hubieran preguntado. En una región que ha tenido cuatro años a la secretaria general del PP como presidenta de un Gobierno especialmente beligerante contra todo aquello que no fueran ellos mismos, resulta de difícil explicación no ya la postura, sino la cerrada defensa de la misma.

 

Instaurada esa extravagante tradición que convierte a ex presidentes de Castilla-La Mancha en ministros de Defensa, en el PSOE han creído ver el último paso del abandono de Cospedal de la política de Castilla-La Mancha, lo primero fue dejar el parlamento regional. Para desmentirlo, antes de que comenzara el primer pleno de las Cortes desde que es ministra se reunió con su grupo parlamentario. También había avisado anteriormente que no dejaría la secretaría general del partido, como otros dentro de él la piden. No es Cospedal de las que suelten un palillo si puede evitarlo, en Castilla-La Mancha nadie se lo exige y tampoco lleva bien perder. Así que el ministerio de Defensa más que de retirada puede resultar de ataque. Me inclino más en que optará por esta segunda opción.