Una necrópolis en el jardín

Encontrar decenas de restos humanos en el jardín de una casa en demolición en Toledo no ha sido ninguna sorpresa: Es de sobra conocido que el subsuelo de la ciudad oculta un ingente patrimonio funerario, con extensos cementerios musulmanes, cristianos y judíos. Pero no por conocido deja de impresionar ver a la luz lo que un día fue enterrado para la eternidad. ¿Qué se hace con los restos exhumados?, ¿cómo se protegen los cementerios medievales?

Fosas exhumadas durante una obra en Toledo

 

La vieja casa en ruinas que hace esquina entre el Paseo de los Canónigos y la Avenida Carlos III, en Toledo, se vendió meses atrás por 800.000 euros (todo el solar ocupa 1.600 m2). El comprador, un inversor de un pueblo de Ciudad Real que tiene en proyecto construir un apartahotel en esa finca, probablemente no contaba con la primera sorpresa que han deparado los trabajos arqueológicos previos a la obra: en el antiguo jardín de la vivienda han aparecido decenas de tumbas que forman parte de una gran necrópolis musulmana, datadas provisionalmente en el siglo XI (aunque probablemente pertenezcan a etapas distintas y abarquen dos o tres siglos).

 

Ya se han excavado más de un centenar de fosas con restos humanos, colocados sobre su lado derecho, con la cabeza mirando hacia las mezquitas de la ciudad. Son enterramientos musulmanes bien conocidos por los arqueólogos que saben que esa zona, extramuros y cercana al Circo Romano, forma parte de un extenso cementerio musulmán, que se extiende desde las puertas Bisagra Antigua y Cambrón hacia la Vega Baja.

 

Prudencia y sigilo sobre lo que allí se está encontrando, porque aún se está trabajando en el terreno y se desconoce el tiempo que hará falta para concluir el trabajo arqueológico. “Sacar los huesos de la tumba lleva su tiempo. Avanzamos despacio porque hay que trabajar con cuidado, además de recoger muestras y clasificarlas para su posterior estudio antropológico”, nos dice el arqueólogo Juan Manuel Rojas, que prefiere no avanzar datos hasta que no se entregue el informe definitivo.

 

¿Paraliza este hallazgo la construcción prevista?, ¿qué se hace con los restos exhumados?, ¿se protegen las necrópolis?

María Perlines, jefa de Servicio de la viceconsejería de Cultura de Castilla-La Mancha, nos responde a estas preguntas: “La Ley de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha de mayo de 2013 determina claramente qué hacer en los casos de hallazgos de valor arqueológico. También el ayuntamiento de la ciudad, a través del POM (Plan de Ordenación Municipal), establece medidas de protección en las áreas de mayor patrimonio. Y en este caso, la zona en la que han aparecido los restos se integra en un yacimiento que cuenta con una especial protección, el del entorno del Circo Romano, lo que obliga a que previo a cualquier actividad haya que presentar una documentación del subsuelo”.

 

Así, el promotor de la construcción ha tenido que presentar a Cultura un proyecto de intervención arqueológica, “proyecto que revisa e inspecciona Cultura, de hecho sus técnicos ya han realizado al menos una visita al lugar, matiza María Perlines. Se está haciendo un seguimiento y se está en permanente contacto por lo que pueda surgir. Posteriormente hay que visar el informe y resolver antes de que las obras puedan continuar. Dependiendo de qué tipos de restos se localicen se pueden incorporar al proyecto o trasladar a otro lugar. En el caso de una necrópolis como la hallada lo normal es que se excaven todas las fosas que pudiera haber y que se exhumen los restos, que tienen que ser estudiados y documentados y elaborar una memoria antropológica para obtener información sobre el grupo humano. Finalmente se trasladarán al Museo de Santa Cruz de Toledo. En este caso no suele haber ajuares asociados, ya que no existen en los enterramientos islámicos. Pero hay que analizar bien la distribución y la ubicación”.

 

 

FRUTO DE LA CONVIVENCIA DURANTE la Edad Media de las comunidades cristiana, judía y musulmana, quedan bajo el subsuelo toledano extensas necrópolis de cada religión (de etapas anteriores existen también cementerios romanos y visigodos)

 

Algunas voces críticas llevan años denunciando la deficiente gestión que se hace del patrimonio funerario medieval que atesora Toledo. Es el caso del arqueólogo toledano Arturo Ruiz Taboada, que en su libro “La vida futura es para los devotos. La muerte en el Toledo medieval” (editado en 2013 por Ergástula), denuncia que “existe una total desprotección de los cementerios antiguos de la ciudad. Sería necesario crear un Plan de Intervención Integral que contemple la gestión de los restos”.

 

En el libro citado, Ruiz Taboada -que ubica los lugares con mayor concentración de tumbas islámicas frente a las puertas de Bisagra Antigua, Cambrón y Vado, la Vega Baja, el antiguo camino de Madrid y el entorno del Circo Romano; los enterramientos cristianos en Santa Leocadia de Afuera, San Eugenio y San Lázaro y un gran cementerio judío en el entorno del Cerro de la Horca- recuerda que ya se han producido varios episodios polémicos por el tratamiento dado a estas necrópolis.

 

Así, en el año 2009 la comunidad judía ultraortodoxa tildó de ‘profanación’ el tratamiento dado a restos encontrados en las obras de ampliación del instituto Azarquiel, durante las que se excavaron 107 tumbas del cementerio judío y tuvieron que intervenir las autoridades españolas para buscar una solución de consenso (se volvieron a enterrar en un espacio próximo y en el jardín del Azarquiel hay un monolito conmemorativo).

 

En 2011, durante las obras del fracasado centro cultural Quixote Crea se destruyeron 194 tumbas medievales, de un total de 1.400 excavadas, datadas entre los siglo XII y XV.

 

UNA MEZQUITA EN UNA PANADERÍA Y OTROS HALLAZGOS SORPRENDENTES

Restos romanos en el sótano de una vivienda en el Casco Histórico de Toledo

 

Una pequeña panadería de la calle Santo Tomé, en Toledo, escondía los vestigios de una antigua mezquita medieval, similar a las del Cristo de la Luz y Tornerías. El hallazgo se produjo cuando se hacían unas obras de reforma en el local, “y a la hora de realizar una roza para el cableado aparecieron dos arcos, uno de herradura y otro polilobulado, que pueden determinar la existencia en ese lugar de una antigua mezquita, que si bien está documentada su existencia en la zona, no se conocía el lugar exacto”, explicaba Antonio Gómez, responsable de la intervención arqueológica y encargado, junto al concejal de Urbanismo, Teo García, de hacer público este hallazgo el pasado mes de febrero.

 

Los arqueólogos consideran que “ambos arcos y su posición a nivel de calle conforman la entrada norte a un edificio de tipo mezquita, de cronología Medieval Islámica (siglos IX al XI). Según la configuración de los arcos localizados, se trataría de un edificio de planta cuadrada o trapezoidal, similar en dimensiones a las mezquitas de Cristo de la Luz o Tornerías. La disposición de su traza, adosada a la Sacristía de la iglesia Santo Tomé, parece indicar que existió una cohabitación entre ambos edificios, de distinto credo”.

 

Con el fin de que el propietario de la panadería pueda continuar su negocio con normalidad, los restos hallados, tras ser documentados, han sido tapados y protegidos, “para garantizar que los restos no se vieran afectados por las obras, informaba el concejal de Urbanismo. Los trabajos para documentar mejor el hallazgo se continuarán desde la Sacristía de Santo Tomé, con técnicas no invasivas que permitan conocer mejor todas las características del inmueble”.

 

Apenas unos días después, se daba a conocer las características de otro importante descubrimiento dentro del Casco Histórico de Toledo. En esta ocasión, en la calle Amador de los Ríos, en el sótano de una vivienda que se estaba rehabilitando. Los restos encontrados corresponden a una estructura fundacional del Toledo romano.

 

El arquitecto responsable de la rehabilitación, José Ramón de la Cal, comentaba que “aunque se tenía constancia de su existencia, se ha localizado una estructura civil de época romana de 2.000 años de antigüedad que posiblemente pertenezca a uno de los primeros elementos fundacionales de la ciudad. Se trata de una galería subterránea de 30 metros perteneciente a un edificio civil de cierta entidad, que va a aportar mucha información para el conocimiento de Toledo”.

 

Tras consolidar la estructura y realizar labores de limpieza y puesta en valor de los elementos romanos y medievales más destacables, el objetivo del ayuntamiento de Toledo es que este nuevo hallazgo se incorpore a las rutas del Consorcio de Patrimonio Desconocido, “para que puedan ser conocidos por toledanos y turistas,” anunciaba la alcaldesa, Milagros Tolón, durante la visita que realizó a las obras en este inmueble.