Una historia del cine y de los cines en Toledo

Fernando Martínez Gil, historiador, escritor, amante del cine, ha escrito un libro asombroso Una historia del cine y de los cines en Toledo (1896-1936), que ha subtitulado con el lema de otra película: “Con él llegó el escándalo”, para reflejar la conmoción que supuso la llegada el cine a Occidente en general y a Toledo en particular en las postrimerías del siglo XIX.

 

 

 

 

En efecto, ahora, en concreto el 2 de octubre, se cumplen 120 años de la primera proyección de cine en Toledo; así lo describe en el primer capítulo de su libro: “… la primera película cinematográfica que pudieron ver los toledanos fue ‘El jardinero sorprendido’, que no es otra que la celebérrima ‘El regador regado’, la nº 99 del catálogo de los hermanos Lumière. Fue exactamente en el Teatro de Rojas, en la noche del 2 de octubre de 1897, al comienzo de la temporada teatral que, todos los años, solía comenzar en el otoño…”

 

El cine, conocido también como la fábrica de sueños como la llamó el periodista y escritor soviético Ilya Ehrenburg (de quien ya hemos hablado aquí), revolucionó la cultura y la forma de ver el mundo cuando el siglo XIX acababa y se iniciaba el turbulento siglo XX. La magia de la imagen en movimiento, a través de la cual podían verse historias de todo tipo, supuso una enorme transformación para todos los públicos, no sólo los pocos que por entonces aún sabían leer. Y esa conmoción llegó a Toledo hace ahora 120 años, en 1897, y desde entonces se haría un hueco en la propia ciudad y en la ilusión de las gentes.

 

En el primer tomo de su libro, el historiador y escritor Fernando Martínez Gil nos ofrece un repaso por las salas de cines que hubo en la ciudad de Toledo desde esa fecha hasta el inicio de la Guerra Civil. Desde la primera barraca del Cinematógrafo Universal instalada en Zocodover (como la que puede verse en la portada del libro) hasta el cine Moderno o el Toledo, pasando por otro buen puñado de iniciativas privadas que aparecieron y desaparecieron en esas cuatro décadas.

 

En el segundo tomo Fernando Martínez Gil nos presenta un detallado repaso por las películas que se rodaron en Toledo en esos cuarenta años (1896-1936), desde los documentales de tema militar rodados en la Academia de Infantería o las visitas de personajes relevantes, a las películas que tenían como tema la historia o las leyendas de la ciudad, para finalizar con las aventuras de la Orden de Toledo, ya en los años 20, o la fijación de Luis Buñuel por la ciudad del Tajo, como plasmaría en su inolvidable Tristana, que el autor analiza con extraordinario detalle y rigor en el último capítulo de su libro.

 

El libro viene enriquecido por multitud de imágenes: fotogramas de las películas rodadas aquí, imágenes de las salas, programas de mano…

 

Pero el libro que comentamos es mucho más que una historia de salas y de rodajes. El excelente historiador que es Martínez Gil, nos permite contextualizar todos los acontecimientos relacionados con el séptimo arte en el devenir histórico, social y cultural de cada momento, concentrado en esos 40 intensos años que van de 1896 al comienzo de la Guerra Civil.

 

Y además el libro viene enriquecido por multitud de imágenes: fotogramas de las películas rodadas aquí, imágenes de las diversas salas, programas de mano (muchos de ellos pertenecientes a la colección de su padre, el dramaturgo Antonio Martínez Ballesteros), planos, recortes de prensa, etc.

 

Fernando Martínez Gil es autor de numerosos trabajos de Historia moderna. Si hubiera que destacar algunos me quedaría con su biografía de María Pacheco (de 2006); Muerte y sociedad en la España de los Austrias, (1993), o su excelente síntesis: La invención de Toledo. Imágenes históricas de una identidad urbana (2007).