Una fácil investidura

García Page es felicitado por el líder del PP, Francisco Núñez, al finalizar la sesión de investidura

 

Puede que fuera la casualidad o que fuera intencionado porque algún dato tuviera antes que los demás; pero el caso es que Emiliano García Page se presentó al primer día del debate de la sesión de su investidura como presidente de Castilla-La Mancha con un comodín en la manga. Ese día se daban a conocer los datos de empleo y en Castilla-La Mancha eran los mejores de los últimos 11 años. Page prometió hace 4 años la creación de cien mil puestos de trabajo y se ha cumplido; para los próximos cuatro años promete otros cien mil más. Lo dijo en campaña electoral y también en la investidura, de hecho en esta sesión pidió al presidente de las Cortes, Pablo Bellido, que se pudiera aportar el programa electoral del PSOE al diario de sesiones como parte de su intervención parlamentaria y como compromiso de sus propuestas.

 

Fue un discurso largo, lo anunció al principio, como últimamente tiene acostumbrado al personal, que en realidad dividió en varias partes: la exposición primera y las contestaciones a los portavoces de los grupos parlamentarios, Carmen Picazo por Cs, Francisco Núñez del PP e Isabel Abengózar, que le sirvieron no solo para contestar, sino también para explayarse. Hace ya tiempo que se siente muy cómodo y seguro de sí mismo y lo muestra en sus intervenciones. La mayoría absoluta solo ha venido a añadirle esas sensaciones que ya mostraba de controlar los vericuetos y el lenguaje de la política. La expresión sería “confianza en sí mismo”, y su intervención en el debate de investidura fue un claro ejemplo, en los pasados 4 años no siempre fue así. Situó de inicio el debate en 4 años atrás, cuando se presentó por primera vez para presidente del Gobierno. “Coincidía con dos crisis, la crisis económica, social y de valores y la crisis aguda de una mala gestión política que nos llevó a una etapa de dolor y seguramente a una etapa de desencuentro de la ciudadanía con el sistema democrático y con sus instituciones”. Contraponía aquel momento con el de “estabilidad y tranquilidad” que supone la mayoría absoluta. Máxime en un momento en el que en España no son muchos los gobiernos en los que eso pueda decirse. “La sociedad vive la tranquilidad de las instituciones como una tranquilidad propia”, aseguró.

 

Insistió mucho en la palabra diálogo: “las mayorías absolutas no resuelven todos los problemas. No son suficientes para acometer aquellos problemas que son estructurales”, dijo. Un diálogo con los grupos parlamentarios, especialmente para la reforma del Estatuto y de la ley electoral, así como los temas que puedan significar una agenda de región: el agua, las infraestructuras como el AVE o autovías. Diálogo sobre financiación autonómica. Acuerdos estratégicos sobre empleo con las diputaciones, hoy todas en manos del PSOE, y los ayuntamientos y acuerdo en políticas de consolidación de servicios públicos. Son 992 medidas “que pretendo que se queden cortas” las propuestas por García Page que, dijo, pueden ser enriquecidas por los proyectos de los demás partidos. “A lo largo de mi trayectoria política he ganado más terreno cuanto más me he abierto a aceptar ideas de otros”. Aseguró que no se iba a regodear en los resultados obtenidos por las elecciones; pero le pudo el lado humano: “son para sentir una honda sensación de orgullo personal, unos resultados que no tienen parangón en España. Ha sido en todas las provincias, en todas las dimensiones poblacionales, en todos los sectores y en todas las edades. Unos resultados a salvo de trampas electorales, daba igual la ley electoral que se aplicara. Me atrevería a decir que muchos que no han votado al PSOE se alegran de que haya ganado”, fueron algunas de las frases pronunciadas. Tanto Carmen Picazo, por Cs, como Francisco Núñez, por el PP, intentaron rebajar el triunfalismo poniendo en valor a quienes no le habían votado, que son más; pero estaba preparado para contraatacar con que más aún son quienes no les han votado a ellos.

 

Casualidad o intencionado, porque algo se sabía, el debate de investidura coincidió con la publicación de los datos de empleo de junio, los mejores de los últimos 11 años

 

Se reivindicó como moderado, para lo que dijo, “hay que tener firmeza”. Habló de los problemas para formar gobierno en España: “me quedo con dos reflexiones. Una buena y otra mala. La buena es que el candidato no quiere ser presidente a cualquier precio. La mala que no es fácil conseguir un consenso”. Para Page “nuestra obligación es gestionar bien lo nuestro y haciéndolo ayudamos a España. Los intereses de mi país son los de mi tierra. No vamos a estar como pasmarotes en el debate territorial. Voy a defender la soberanía nacional desde un planteamiento progresista”. A su juicio en la noche electoral quedó claro que la sociedad “quiere que no haya un gobierno dependiendo del independentismo, yo de los que más”.

 

Hizo una foto de la región apoyándose en los datos más positivos, especialmente los relacionados con la creación de empleo, en sus intervenciones tanto Picazo como Núñez también sacaron datos a relucir, pero ellos rebuscaron en los negativos, los que nos comparan en rentas con otras comunidades autónomas. Entre sus promesas: 40.000 incorporaciones más a la dependencia; exigirá al gobierno de España que exista un colchón de renta, “que lo esencial, lo básico no le falte a nadie”; lo primero que piensa llevar al parlamento es la ley del 3º Sector; una ley para universalizar el servicio de atención temprana; otra para la accesibilidad; una ley para la infancia y para la familia y también una ley para reservar parte de la contratación pública a los centros especiales de empleo. Presumió de los avances en materia sanitaria -la oposición le criticó las listas de espera- y prometió la contratación en esta legislatura de dos mil trabajadores sanitarios más, además de un aumento del 25% en atención primaria, 37 quirófanos nuevos cuando estén finalizadas las obras hospitalarias, y plantearán que los parches de insulina sean gratuitos para quienes los necesiten, entre otras mejoras. Anunció que ese día había recibido, por parte de las empresas constructoras, las llaves del nuevo hospital de Toledo y que confiaba en que, en un año, podrá estar equipado.

 

Difícil es priorizar el relato de las promesas y compromisos adquiridos; pero s, por llamativo y porque parece va a seguir siendo una constante de la política regional, su planteamiento en torno al agua. Lo llamativo es el optimismo mostrado sobre una solución a medio plazo de un problema que lleva enquistado en Castilla-La Mancha muchas décadas. “Esta es la legislatura de la desalación”, “Les diría al PP y a Cs que marquen distancias con sus antecesores. Me gustaría que hubiera unidad, hay que interponer por delante los intereses del conjunto que los propios”, “Diálogo sí, pero para que se respeten nuestros derechos. Las normas europeas, las internacionales nunca han estado tan en fila con nuestros intereses”, “Nosotros no tenemos problemas en decírselo a Rajoy o a Sánchez, y no en un mitin, sino en Moncloa. No pude decírselo a Rajoy, porque no me recibió”. Fueron algunas de sus manifestaciones. En las contestaciones sobre el agua hubo tibieza por parte de Carmen Picazo y mayor voluntad de acuerdo en el PP, cosa que ocurre siempre que no están en el gobierno nacional.

 

Por lo demás cabe señalar que la intervención de Carmen Picazo, especialmente floja en la réplica, en la que ni siquiera apuró el tiempo que tenía, que no era mucho, se centró casi más en hablar de Ciudadanos que de la región. Comenzó afirmando “no nos podemos fiar de usted” y exponiendo las promesas que considera incumplidas: “reforma del Estatuto, ley electoral, financiación autonómica y AVE por Talavera”. En realidad ninguna estaba estrictamente en la mano de García Page. Probablemente alguna más específica podría haber encontrado.

 

Francisco Núñez sorprendió dando un giro de 180º al tono con el que, desde hace años, lleva manifestándose el PP en las Cortes y fuera de ellas. Criticó, claro que sí; pero también hizo muchos llamamientos al diálogo y al acuerdo. Siempre, dijo, “desde una alternativa coherente con nuestra ideología, pero no encorsetada por nuestra ideología”. El error dialéctico, que no se le pasó a García Page y se lo echó en cara en la réplica, fue reivindicarse de inicio como “los únicos legitimados para hacer oposición”. En su afán de criticar a Cs los acuerdos de alcaldía con el PSOE en las capitales de Guadalajara, Ciudad Real y Albacete, les calificó de traicionar a sus votantes. “Si pudieran entrarían en el gobierno para pisar moqueta. Es un engaño y una traición. Lo bueno es que Cs se ha definido, ha cambiado sillones por la lealtad a sus votantes”. Y todo ello para insistir en que ellos son los líderes de la oposición. Esto permitió a Page ironizar en cómo reducía sus pretensiones de querer gobernar Castilla-La Mancha a querer gobernar la oposición. En la réplica estuvo duro Page con Núñez, quizá esperaba otra intervención y ya no cambió de paso, volvió a sacar a relucir los datos de los 4 años de Cospedal para señalar de dónde venía su gobierno y la contradicción de muchas de las propuestas del PP que ahora hace con lo que hizo cuando gobernó. Es Page consciente de que Núñez no va a defender a Cospedal, y no lo hizo; pero tampoco replicó airado como parecía cuando puso los brazos en jarra al inicio de la contrarréplica; se contuvo. Estuvo acertado, preguntando reiteradamente a Page “por qué se enfada”. En contra de lo que ya era tradición, esta vez el PP ejerció de poli bueno.

 

 

    

Francisco José Gómez Herruz

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