Un triste circo

Siempre me ha dado mucha pena el estado de abandono que presenta el Circo romano, uno de los monumentos más antiguos de Toledo. Es verdad que el vallado con troncos en el 2009 con el fin de evitar el aparcamiento fue un notorio avance, pero a todas luces es insuficiente y necesita una intervención más decidida.

 

La zona de la vega Baja es una zona que está aún por explotar y por resolver. Por explotar porque allí se encuentra una buena ruta turística que enlazaría lo siguiente:

 

1.- El Parque Escolar, que fue diseñado por Luis de Hoyos en 1906 y que tiene un valor histórico, didáctico y natural importante; hoy está limpio, sí, pero necesita más cuidados.

 

2.- El Circo romano, que requiere vigilancia (para evitar los grafitis y el vandalismo en general), conservación y un centro de interpretación.

 

3.- La ermita del Cristo de la Vega, que sufrió los destrozos causados por la guerra de la independencia y por la guerra civil, que mantiene su fantástico ábside y que acoge el Cristo con brazo desclavado de la cruz (que dio pie a varias leyendas; la más conocida la que se recoge en “A buen juez, mejor testigo” del vallisoletano José Zorrilla).

 

4.- La antigua fábrica de Armas, que fue proyectada por el arquitecto italiano Francisco Sabatini. Aquí hay una capilla con unas geniales pinturas al fresco de José Vera.

 

5.- Los restos de la etapa visigoda, gracias a los cuales se paralizó la edificación en esta zona, pero están durmiendo el sueño de los justos, a punto de ser cubiertos por los hierbajos.

 

Es una zona por resolver, urbanísticamente hablando, porque está atravesada por varias calles, por una hilera de edificaciones (entre ellas la célebre Venta que instaló Dionisio Aires en 1891), un camping abandonado (sobre el que se iban a levantar 300 viviendas, pero es zona protegida) y una explanada de tierra para que aparquen los coches de forma gratuita. Un triste destino para esta zona que se caracterizó en su día por ser un lugar de enterramiento y de huertas fértiles. Y también un enclave religioso, pues aquí tuvieron su asentamiento los conventos de san Pedro el Verde y el de san Bartolomé de la Vega, de frailes franciscanos.

 

A veces parece que tenemos casquitis (sólo interesa lo que hay dentro del casco), que contamos con mucho patrimonio y que no hay necesidad de preocuparse de todo

 

Pero lo más lamentable es el estado del Circo romano. Los romanos dejaron en Toledo muchas cosas, entre ellas un teatro (donde está el colegio de las Carmelitas), un anfiteatro (en el barrio de las Covachuelas) y el circo de Toletum. Todos eran sitios para cultivar la vista (de aquí viene la palabra teatro). Sólo del Circo se conservan algunos restos en una zona bastante extensa (tenía unas dimensiones impresionantes: 422 metros de largo). ¿Qué se haría aquí? Pues carreras de carros de caballos (de bigas y cuadrigas; es decir, carros tirados por dos o cuatro caballos). ¿Cómo no pensar que aquí se vivieron escenas como la célebre carrera de Ben-Hur (protagonizada por Charlton Heston y Stephen Boyd), película que consiguió 11 oscars y que se rodó sin ordenadores y las modernidades de ahora?

 

Hay que recordar que el primer documento topográfico de cómo sería este circo fue obra del ingeniero y geógrafo Alfonso Rey Pastor, que fue miembro de la Real Academia toledana.

 

Precisamente estuve hace poco visitando las ruinas del Circo con algunos académicos y coincidíamos en el dictamen pesimista sobre su actual estado. Nos acercamos incluso hasta los restos de ese gran arco, triste y solitario como la canción de Antonio Vega, que queda a la espalda de la venta de Aires y que fue tantas veces fotografiado. Este arco debió de ser uno de los soportes de una escalera enorme situada en una de las entradas al recinto del circo. En esa zona encontré, por cierto, muchos ajos porros y bastante suciedad. Había al lado una casa abandonada, que me dijeron que fue una guardería, en la que tiempo atrás se alzaba el convento de san Bartolomé. Y en frente el camping totalmente muerto, donde me bañé, jugué al tenis y cuya terraza frecuentaba algunas noches para tomar una copichuela. Otros tiempos…

 

A veces parece que tenemos casquitis (sólo interesa lo que hay dentro del casco), que contamos con mucho patrimonio y que no hay necesidad de preocuparse de todo. La protección del circo romano, que va asociada a la conservación y mantenimiento del campo escolar, es una tarea urgente. Se necesitaría un vallado adecuado para proteger las ruinas, un centro de conservación (podría estar donde hay un pequeño parque infantil, aunque al lado, ¡ay!, va una calle que conectará esa zona con el barrio de santa Teresa), vigilancia y para costear eso se podría pedir una entrada a los visitantes. Pero algo habrá que hacer, y no dejarlo a la deriva.

 

No sé si es falta de recursos, desconocimiento (el cardenal Lorenzana mandó derribar algunas bóvedas de este circo para evitar que se metieran okupas), desidia o qué sé yo. A muchas ciudades les gustaría contar con un circo romano como éste para enorgullecerse y sacarle partido de cara al turismo. ¡Tantos viajeros que llegaron a Toledo para conocer la vieja Toletum! Y sin embargo…

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Santiago Sastre
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