Un gran Macho

Uno de los museos que más me gustan de los que existen en Toledo es el de Victorio Macho, por su continente y por su contenido.

Su continente porque está situado en la Roca Tarpeya (según la leyenda aquí había una cárcel en la que los romanos encerraban a los cristianos que no reconocían a los dioses romanos y los despeñaban, como le ocurrió a la joven Tarpeya), un lugar maravilloso por su jardín y sobre todo por sus vistas. Ubicado cerca del meandro del río, enclavado arriba del hondón rocoso, se contempla el discurrir del río hacia el puente de San Martín, diciendo adiós a Toledo.

 

Es una gozada divisar en ese saliente (como proa de un barco o como nido de águilas) el paisaje de los cigarrales. Al lado está la Residencia Femenina, y, más allá, se alzaba la casa en la que vivía el Greco. Macho admiraba al Greco y, acaso, era consciente de que le pasaba algo parecido: tuvo una época en la que no se valoró lo suficiente su obra, hasta que el tiempo le hizo justicia. Pero para Macho, todavía queda…

 

 

¡Qué decir de su contenido! Victorio (que se llamaba en realidad Victorino) Macho es un genial escultor. Contemplar allí obras como La madre (con esas espectaculares manos), la estatua yacente de su hermano Marcelo y algunos bustos de célebres escritores (como el de León Felipe y Unamuno) es una maravilla. También está el busto de la Pasionaria, que por miedo “ideológico” estuvo escondido en la carbonera de la casa de Roca Tarpeya (en cuya recuperación tuvo que ver L. A. Béjar). Sólo por ver estas obras, sus dibujos y los bocetos y modelos de algunos de los monumentos que están en América, merece la pena. Macho se casó en un primer matrimonio con M. Martínez de Romarate, cuñada de Guiomar, ¡uno de los grandes amores de A. Machado! Luego en Lima contrajo matrimonio con la joven limeña (¡35 años menor que él!) Zoila Barros.

 

Dicen que Victorio Macho tenía un carácter muy difícil. A. Dorado cuenta que era irritable, soberbio e inconformista y pone de relieve que amó el arte por encima de las ideologías (pues tuvo un compromiso republicano al principio que se desdibujó con el tiempo). A la luz de los biógrafos, fue un escultor con mucho ego, con una alta consideración de sí mismo, que no consiguió en vida el éxito que pensó alcanzar. También su arte de esculpir era muy diferente a las modas imperantes en ese momento, a medio camino entre el realismo y un ligero toque metafórico o minimalista.

 

En este aniversario hay que dar a conocer la genial obra de Victorio Macho, facilitar la visita a este precioso museo, señalizarlo como procede y reivindicar su obra.

 

En su testamento expresó su deseo de que su museo no fuera visitado por “masas de turistas”, sino por “jóvenes artistas y sus maestros, por las personas cultas y por gentes sencillas capaces de sentir”. Además, legó sus obras y dibujos nada menos que a una realidad tan problemática de concretar como a España. Le costó mucho conseguir la casa de Roca Tarpeya, en la que moriría el 13 de julio de 1966 (está enterrado en la ermita que está debajo del Cristo del Otero de Palencia).

 

Y, además, su museo tuvo una andadura irregular, pues estuvo dejado de la mano de Dios durante muchísimo tiempo, sobre todo por problemas con el testamento y sobre todo por la desidia de las instituciones, que tardaron mucho en ponerse las pilas para adecentar y cuidar el museo.

 

Entre medias, el tira y afloja del Ayuntamiento de Toledo y de las instituciones palentinas y de su viuda para trasladar las obras a Palencia. Se llevaron allí 18 piezas (con secretismo y nocturnidad) para una exposición y regresaron nada menos que dos años más tarde, después de muchas negociaciones a muchas bandas. Parece ser que una autoridad palentina ofreció a la viuda treinta millones de pesetas y una renta vitalicia de ciento veinticinco mil pesetas mensuales si trasladaba el museo de Macho a Palencia (lo que supondría ir en contra de la voluntad del escultor).

 

Gracias a la Real Fundación de Toledo (que tiene su sede allí) y a otras instituciones, se cuenta con los medios adecuados para la conservación y la difusión del Museo que gozamos hoy día. Incluso este año ha pasado algo increíble: se llevaron algunas obras suyas de Palencia a Roma para una exposición en la sede romana del Instituto Cervantes (en la plaza Navona) y robaron catorce piezas. ¡Menos mal que ya se han recuperado trece de esas piezas! El mal fario y la mala suerte siguen cebándose con Macho.

 

Macho está de actualidad porque este año se celebra el 50 aniversario de su fallecimiento. Por eso se organizaba esa exposición en Roma y otra, además, en Palencia. Al hilo de esta efeméride se realizó un homenaje en la nueva sede de la Real Academia toledana, en el que hizo una intervención muy emotiva, pues lo conoció y además era su vecino, el académico Félix del Valle. El acto fue presidido por el actual Consejero de Cultura, A. Felpeto.

 

En este aniversario hay que dar a conocer la genial obra de Macho, facilitar la visita a este precioso museo (pienso sobre todo en los estudiantes), señalizarlo como procede y reivindicar la obra de un artista que fue nombrado hijo adoptivo de esta ciudad que tanto amó.

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Santiago Sastre
Santiago Sastre

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