UN ESPACIO DÓNDE EL FUTURO NO SE VE TAN NEGRO

En el Hospital Nacional de Parapléjicos hay una unidad infantil especializada en la rehabilitación de bebés, niños y adolescentes que han perdido movilidad por una lesión medular. Aquí mejoran y aprenden a afrontar su nueva situación. El Gobierno de Castilla La Mancha les concedió el 31 de mayo una placa al mérito regional por su trabajo.

 

 

En una sala amplia, luminosa y colorista unos niños hacen ejercicios sobre colchonetas y camillas, guiados por fisioterapeutas que no paran de bromear y juguetear con ellos. Un bebé esboza sus primeros pasos en el suelo; otro, al que sus padres llevan desde Talavera dos veces en semana y que hoy acude con un pie escayolado se enfada un poco a mitad del ejercicio. Los padres les entretienen, echan una mano y a la vez aprenden qué y cómo pueden hacer en casa para apoyar la rehabilitación que siguen estos niños.

 

Estamos en la unidad de rehabilitación pediátrica del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, un complejo que es referencia europea en el tratamiento y la investigación básica y clínica de las lesiones medulares. El trabajo de esta unidad infantil ha sido reconocido este año con una placa al mérito regional por el Gobierno de Castilla La Mancha. “Aquí se resuelven problemas muy importantes, de gran relevancia para los pacientes y se atiende a las familias desde hace mucho tiempo. Es un abordaje integral y muy adecuado. Así que para los profesionales que están directamente implicados en esta tarea es muy reconfortante este reconocimiento”, señala Ángel Gil, el jefe de rehabilitación del Hospital.

 

Es viernes, última hora de la mañana, y el ambiente sigue siendo distendido y cariñoso en la sala. Una adolescente recibe masajes suaves conversando con su fisio, con Maribel López, que desde 1992 trabaja con niños en este hospital. “Recién acabada la carrera me enfrenté a la lesión medular infantil con todo lo que supone este campo. Es lo que más me ha gustado siempre, no solo por la alegría que te transmiten los niños y por la satisfacción que sientes cuando ves que de tu mano empiezan a andar o cuando consigues reeducar esa marcha que han perdido o cuando simplemente recuperan el equilibrio. Si este tratamiento es duro para un adulto, para un niño lo es mucho más y cómo nos quieren y nos sonríen. Son muy agradecidos”.

 

El año pasado por esta unidad pediátrica pasaron 390 niños y jóvenes procedentes de todo el país, desde bebés (18 días tenía el más pequeño que han recibido aquí) a chicos con veinte años. 56 llegaron por primera vez al hospital en 2018 y se registraron 141 ingresos. En total, 1.206 procesos, 1.064 de ellos en el hospital de día de la unidad, donde Elisa Dorado es una de las dos médicos rehabilitadoras. “El procedimiento de revisar y corregir es la mayor parte del peso de nuestro trabajo: sobre los cuidados, la pauta del tratamiento de fisioterapia, si están en condiciones de aprender algo nuevo, adaptar la silla de ruedas…” explica ella, otra veterana de este hospital en el que trabaja desde hace 23 años.

 

“Aquí hay que hacer las cosas bien y rápido. Y eso solo se puede hacer si tienes un grupo de gente bien entrenado para hacerlo. Creo que nuestra gran fortaleza no solo es la capacidad de hacer el diagnóstico rápido, sino de hacer las adaptaciones que hagan falta en un tiempo realmente corto para la complejidad clínica que tiene hacer las modificaciones necesarias para cada uno en su área. Las revisiones habituales llevan como mucho 5 días y los pacientes se van con tareas para hacer en su área sanitaria para entre 6 y 12 meses”, explica ella.

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