UN CARAMELO ENVENENADO

Quien considere que puede vivir dignamente con una nómina de 735 euros al mes que tire la primera piedra contra el aumento del salario mínimo interprofesional (SMI) en 165 euros.

 

Pues bien, la primera piedra, y la más gorda, la ha lanzado un señor que cobra más de 14.600 euros al mes, Pablo Hernández de Cos, que percibe un sueldo público como Gobernador del Banco de España. Se supone que no es nada personal contra los trabajadores más pobres, es que le merece una gran desconfianza que el salario mínimo se eleve, de golpe y porrazo, a 900 euros al mes. Un dispendio que, aunque dará un pequeño respiro a más de medio millón de asalariados que se ha de conformar con lo mínimo que permite la ley, va a provocar que se destruya empleo y se ralentice la economía, a juicio del señor gobernador.

 

 

Bien dicen que poco dura la dicha en casa del pobre. Quienes han de pagar ese aumento salarial, empleadores públicos y privados, tampoco andan muy contentos porque la subida del 22% -la mayor desde los años ‘70 del siglo pasado- se les va a hacer muy cuesta arriba.

 

Así, una de las decisiones más progresistas que ha tomado el Gobierno de Pedro Sánchez en alianza con Podemos se ha convertido en un caramelo envenenado. Queda por ver, una vez que se digiera, si puede más lo dulce o la ponzoña. En Castilla-La Mancha la subida del SMI ha generado un gran revuelo, no sólo entre la patronal, sino también entre los cientos de ayuntamientos que tienen en marcha planes de empleo públicos y que estarán obligados a partir de enero a pagar a sus trabajadores ese mínimo de 900 euros mes, además de las cotizaciones proporcionales.

 

Las entidades que desarrollan su actividad en servicios sociales, como las de la atención a los discapacitados, temen tener que hacer recortes de plantillas y suprimir algunos servicios porque el presupuesto de gasto que tenían asignado para 2019 no alcanza a pagar los nuevos salarios.

 

Todos miran al Gobierno regional para que pague los sobrecostes salariales vía subvenciones, un Gobierno que tiene prorrogados los presupuestos de 2018, con las limitaciones que eso conlleva. Con todo este temor desatado por el intento de dignificar un poco los salarios más bajos queda en evidencia la tan cacareada recuperación económica. Si la ha habido ha sido solo para unos pocos que ahora quieren blindarse por si se reaviva la crisis. Si la ha habido ha sido con pies de barro, o tal vez sostenida por los cientos de miles de trabajos realizados a precio de saldo.

 

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Prado López Galán
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