Súperwoman

De pequeño devoraba cómics, algunas de cuyas ediciones hoy serían casi objeto de coleccionista: El Príncipe Valiente de Harold Foster, Tarzán de Edgar Rice Burroughs y Russ Manning, el increíble Big Ben Bolt dibujado por J. Cullen Murphy, Yuki el Temerario de José González y Vicente Ibáñez y, como no, nuestro icono nacional, El Capitán Trueno, de Víctor Mora y “Ambrós”, – en fin,… parece que fue ayer-.

 

Todos eran personajes excepcionales que junto con otros mundialmente conocidos como Superman, el Capitán América, Spiderman, etc., coincidían en dos cosas: eran hombres y nunca existieron. Curiosamente ninguna mujer protagonizaba esas increíbles aventuras y sin embargo, la vida me ha demostrado que, si algún personaje existe de verdad y que se cuentan por millones, son las superwomen y las encontramos entre nuestras madres, nuestras esposas y nuestras hijas.

 

Nuestra sociedad, en un claro ejemplo de hipocresía, les insta a demostrar cada día que son buenas en todo y El Ojo de Mordor les vigila durante toda su vida esperando un mínimo atisbo de debilidad. Las tildamos de sexo débil y nos quedamos tan frescos. No importa que sean ingenieros, médicos, o abogados: la casa es cosa suya y si llaman del cole porque el niño se ha puesto malo,…”vete tú, que yo no puedo”. No hay entrevista de trabajo que no inquiera subliminalmente: ¿tiene pareja y piensa tener hijos?; eso sí una buena rotura de rodilla esquiando en Navidades o jugando al pádel con los amigos el fin de semana, son gajes del oficio. Se dice que si los hombres tuviéramos que parir, se habría extinguido la especie humana hace mucho tiempo… no sé, pero lo cierto es que, la mitad de la población humana son mujeres y, sin embargo esa ingente masa de seres humanos, apenas ha conseguido aproximarse a los derechos que nos amparan a los hombres desde siempre.

 

Cuando me refiero a la flagrante hipocresía de nuestra sociedad es que, ni por la vertiente religiosa, ni política, social o laboral, hay consecuencia entre lo que se pregona y la realidad que nos rodea. Y todo ello sin salir de la burbuja de nuestra sociedad occidental del bienestar, paradigma de los derechos humanos, que si hacemos una excursión por el resto del mundo, es para llorar.

 

Hace unos días, nuestra flamante medallista de oro en Río, Maialen Chourraut, hacía un alegato por la conciliación profesional y familiar, -madre y campeona olímpica, es o no es, ser una superwoman-. Pero esta sección, aunque no lo parezca, es de economía, y la eficiencia de una empresa, una sociedad y un país, pasa por la satisfacción personal de los trabajadores y de sus ciudadanos. No se trata de una cuestión de filantropía o humanidad, sino de eficacia en el empleo de los recursos disponibles y, el principal, el capital humano que atesoramos.

 

Una sociedad vieja, que denuesta su población femenina y que no da facilidades a su juventud para integrarse laboral y socialmente, está condenada a la desaparición,… es cuestión de tiempo. Otros vendrán que nos expulsarán de nuestra situación de confort,… bueno, ya están entre nosotros y serán más cada día. Estamos demostrando una patética incapacidad para ver los problemas y encontrar soluciones dialogadas y que nos comprometan a todos, como sociedad en su conjunto. El complejo ET de “mi casa”, que me recordaba mi amigo Julio, es el único epicentro de nuestras preocupaciones y,… el que venga atrás que arreé. Dentro de un rato, comiendo en casa con mi mujer y mi hija, volveré a verlas como dos superwomen, cada una luchando en su ámbito, pero preferiría que no lo tuvieran que ser, porque yo no soy superman.

Pedro Antonio Morejón

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

Últimas publicaciones de Pedro Antonio Morejón (Ver todas)