Sucedió en Toledo

El trabajo periodístico de Maite Silva, 21 años de Toledo en imágenes, en el diario El Alcázar, catalogado y documentado por su hijo Enrique Jiménez Silva.

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Son 21 años de la historia de Toledo, desde 1968 a 1987, en 63.105 fotografías, el resultado del trabajo de digitalización del archivo Vasil. El homenaje que Enrique Jiménez Silva ha hecho, está haciendo, a su madre, María Teresa Silva Hernández, fotógrafa en Toledo del diario El Alcázar durante esos años. En realidad un homenaje compartido con su padre, Juan Jiménez Peñalosa, director por entonces de la edición toledana del periódico. Además ese trabajo de digitalización, archivo y documentación es un regalo para Toledo que permite ver el extraordinario salto social dado en relativamente escasos años.

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Una exposición de una selección de fotografías del archivo Vasil que desde el 3 de marzo se podrá ver en las salas del Centro Cultural San Clemente, dependiente de la diputación de Toledo, y un libro con más de 200 fotografías que en breve será editado, serán la concreción más próxima en el tiempo de ese continuado homenaje de Quique Jiménez a los dos periodistas, que desarrollaron su trabajo en un tiempo en el que sobraban los dedos de las manos para sumar el número de éstos en Toledo.

 

Una semana antes, en la misma sala, los fotógrafos de prensa de Toledo expondrán imágenes destacadas del año en lo que quiere ser también un homenaje a Tere Silva. No es casualidad la fecha del 3 de marzo para inaugurar la exposición, ese día Tere Silva cumpliría 84 años. En 2010 pidió a su hijo Quique que se hiciera cargo de los negativos: “aquello era un cien pies, si no lo coge alguien que sepa y de alguna manera haya vivido aquella época no sabe bien lo que está viendo. Son fotos para leerlas”. Por eso, además de digitalizar el mismo los 63.105 fotogramas, Quique Jiménez las ha ido documentando. “Mi preocupación era si iba a ser capaz de hacerlo. Las he tenido que ir cruzando con los periódicos. No es que me fuera difícil, mi hermano Roberto los tiene todos coleccionados y encuadernados, pero si laborioso”.

 

Esta historia comienza cuando a Juan Jiménez Peñalosa, que entonces trabajaba en Radio Toledo, le propone El Alcázar en 1968 que dirija unas páginas de información local en Toledo. Necesitado de un fotógrafo, piensa que quien mejor que su mujer, que por entonces para ayudar a la economía familiar cosía pijamas y batas de la Seguridad Social. En esa época la economía sumergida la practicaban hasta los organismos oficiales. Tere aprende y aprende rápido con unos amigos que tenían un establecimiento, Radiotol, en la calle de la Plata de Toledo. Otro amigo, el pintor Jule, le deja una cámara de fotos, con la que comienza a trabajar. Al proceso ella añade desde el principio una gran intuición. Para Quique Jiménez “le echa el 6º sentido que las mujeres tienen cuando se empeñan en algo”.

 

En 1968 en París, en mayo, los estudiantes ponían en jaque al estado y en Madrid se contagiaban y cogían fuerza las protestas contra la dictadura; pero en Toledo no era fácil romper moldes y una mujer fotógrafo de prensa en la provincia era un molde a romper. Anécdotas como la ocurrida con la llegada de Marcelo González Martín como cardenal de Toledo, con el canónigo Luis Casaño, maestro de ceremonias, preguntando “¿Qué hace una mujer en el altar mayor de la Catedral?” es solo una muestra de la época, no tan lejana, en la que tuvo que ejercer su trabajo. Al altar entró; pero donde no pudo fue en los burladeros de las plazas de toros, prohibidos para las mujeres. Allí era Juan Jiménez quien tenía que hacer las fotos.

 

El periodismo era artesanal, Quique Jiménez recuerda que la redacción la tenían en casa: “estaba revelando las fotos mientras hacía el cocido. La verdad es que no comíamos hasta que el periódico estaba hecho y listo para mandar los textos y fotos en un sobre en el autobús de Galiano para Madrid. Cuantas veces he tenido que correr para dejar el sobre en un bar, al lado de las oficinas de Galiano, de donde lo recogía el conductor que salía a las 16,30 h”. Viendo y documentando las fotos, a Quique Jiménez lo que más le ha llamado la atención es que “da la sensación de que ha pasado mucho más tiempo del que ha transcurrido en realidad, imágenes de hace 30 o 40 años que parecen de hace mucho más de un siglo”.

 

Tere, con su máquina, plasmó grandes acontecimientos, la visita de importantes personajes: el secretario general de la ONU Kurt Waldheim, Saddam Hussein, Ronald Reagan cuando aun era gobernador, los reyes de Malasia, artistas y actrices famosos de la época; pero también y quizá más importante, imágenes costumbristas que para muchos son recuerdos y para otros una enseñanza. Para uno, el que esto escribe, y que conoció a “los Peñalosa” como se simplificaba para referirnos a ellos en la profesión periodística, el trabajo de Quique Jiménez es una especie de desquite, por persona interpuesta, de una de las frustraciones personales del oficio.

 

Fue cuando trabajando para un periódico provincial que se editaba en Talavera llegó a la dirección un personaje, de esos que se consideran el origen de todas las cosas, y decidió tirar todas las fotografías que el periódico guardaba porque, dijo, con su llegada empezaba un nueva vida para ese periódico. Se perdió con ello, entre otras, gran parte de las imágenes de la historia de la transición democrática en Toledo y de la formación de la autonomía de Castilla-La Mancha; pero no fue ni con mucho lo único que se perdió. Por suerte los propietarios del periódico corrigieron pronto el error de tener a ese director y por suerte Teresa Silva…Sil-va….Va-sil, encomendó el archivo Vasil a Quique Jiménez y Toledo puede verse a través de sus fotografías.