¿Somos más violentos en verano?

 

Al hilo del incremento de noticias este verano sobre episodios violentos me planteaban hace unos días si el calor, las altas temperaturas que estamos teniendo estos meses, pudieran estar influyendo sobre nuestra conducta para que en esta época haya más tendencia a que aumente la agresividad. Y me sugerían explicar desde el punto de vista psicológico, cuál es el fundamento que podría sostener esta hipótesis.

 

Y curiosamente aunque desde fuera la asociación pueda hacerse solo por casualidad, es cierto, y varios estudios recientes lo demuestran, que el calor, las altas temperaturas, influyen biológicamente en los circuitos neuronales del estrés. Hay unas estructuras cerebrales, la amígdala y el hipocampo, que son las que nos hacen reaccionar ante estímulos estresantes y las altas temperaturas influyen en estas áreas cerebrales “confundiéndonos”, porque sin que nos demos cuenta se activan y nos hacen más susceptibles a reaccionar desproporcionadamente y más impulsivamente, estamos más nerviosos sin saber por qué… Vamos, menos tolerantes. Bajo el efecto de mucho calor, reaccionamos de la misma manera que cuando estamos sometidos durante una temporada, de forma mantenida, a una situación de estrés ya sea laboral, personal…

 

La amígdala cerebral se activa creándonos ansiedad y la necesidad de reaccionar a la defensiva; el hipocampo intenta frenar esa activación y aquí otra estructura cerebral entra en juego, la corteza prefrontal que es la encargada de dirigir y controlar nuestra conducta, capacidades cognitivas, inhibir impulsos, incluso determina y establece patrones de personalidad.

 

Es la encargada de hacer posible la adaptación al medio y la capacidad de socialización. Somos biología y psicología, permanentemente influidas bidireccionalmente. Además curiosamente, se ha visto que a partir de los 30 grados de temperatura, por cada grado más que aumente, parece ser que el índice de agresividad mediatizado por esta razón, aumenta en un 0’7 %.

 

Pero no solo el calor como factor aislado y único justifica este comportamiento sino que necesita además de otros, como factores de personalidad con características que predispongan a ser agresivo como la impulsividad, desconfianza… Siempre, claro está, en medidas psicopatológicas.

 

No cualquiera que sufre estrés o es impulsivo se manifiesta de forma agresiva como para cometer delito y ser noticia, pero ciertos trastornos de personalidad y psicóticos son muy influenciables por factores externos. Hay un fenómeno que en psicología llamamos “facilitación social”, que básicamente consiste en sentirte más capaz y valiente cuando te sientes apoyado por un grupo, para hacer algo que ya formaba parte de tu persona y con carácter dominante.

 

Más factores que van aumentando las posibilidades de conductas agresivas y disminuyendo los mecanismos de autocontrol: el alcohol que te desinhibe, y vuelvo a repetir, si no tienes en tu registro conductual y de personalidadser agresivo, no lo serás o el consumo de drogas que te hacen ver distorsionada la realidad del estresor y reaccionas también de forma desproporcionada. Que sea verano y que tengamos más interacción social también facilita que al haber más roces también puedan surgir más conflictos.

 

No hay diferencias entre hombres y mujeres en cuanto al carácter violento, y repito la importancia de factores de personalidad, pero la testosterona tiene un papel importante en la “manifestación del machito” y físicamente los hombres son más fuertes.

 

¿Y cómo podemos controlar esa agresividad y tendencia a ella? Lo más importante es teniendo conciencia de que podemos llegar a ser violentos. Pero ahora necesitamos la voluntad de no actuar, somos seres racionales. Podemos aprender mecanismos de autocontrol como el auto lenguaje, apoyo externo, evitar situaciones que nos puedan alterar y con medicación en otros casos.

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