SOMETIDOS AL “QUÉ DIRÁN”

 

¿Cuántas veces al día piensas en cómo tienes que hacer, decir, ser… para agradar a los demás? Sin darnos cuenta y por la educación, básicamente, desempeñamos un patrón de conducta dictado por nuestra voz inconsciente que permanentemente quiere agradar. ¿Para qué? ¿Solo para conseguir una posible y no asegurada aprobación de alguien que quizás acabamos de conocer? ¿Merece la pena un esfuerzo así para convertirnos en alguien que no somos? Nos convertimos en otro cualquiera que fabricamos solo para quienes tenemos en ese momento enfrente.

 

Y lo hacemos gratuitamente porque el otro además no nos está pidiendo nada en ese sentido. ¡Piensa! ¿Dónde has visto las normas de comportamiento ideales para reproducirlas específicamente con cada persona con la que interaccionas? Hemos interiorizado unos ideales comportamentales que si no cumplimos, ¿nos hacen peor persona?

 

Al final no te sientes bien contigo mismo porque has tenido que inventarte para el otro.

 

Cada uno nos formamos una idea ficticia del otro, basada en un aspecto físico, o en una profesión o en un nivel social… una forma de ser del otro que nos inventamos y sobre la que también damos por hecho, que hay que aplicar un comportamiento por nuestra parte. Nos empeñamos muchísimas veces y algunos muchísimas veces al día, en querer ser uno distinto a nosotros mismos para intentar conseguir un no sé qué, ¿un halago? ¿evitar una crítica?

 

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