Skills

Hace apenas unos días, los jóvenes que acababan la etapa del instituto se presentaban a la prueba de selectividad. Aún recuerdo la enorme tensión que teníamos en casa cuando mi hija tuvo que enfrentarse a esa carrera de obstáculos sabiendo, por anticipado, que debía sacar una nota estratosférica si quería hacer realidad su sueño de estudiar medicina.

 

Durante toda la vida estamos pasando pruebas que intentan evaluar nuestro conocimiento y, sin embargo, en nuestra sociedad contemporánea y sobre todo a la hora de poder competir para obtener un puesto de trabajo, hay otros aspectos que se valoran probablemente más y que, sin embargo, apenas les hemos prestado atención: me refiero a las habilidades y a las capacidades de una persona, al margen de los conocimientos adquiridos. Perdón por el barbarismo, skills, como título de este mes, su traducción como “habilidades” sería lo más adecuado, pero he querido referirme al término anglosajón, por ser justamente la cultura que más valor da a todo lo que tiene que ver con las habilidades de la persona y no tanto a sus conocimientos de partida.

 

Y como se ha impuesto el modus operandi anglosajón en las empresas especializadas en la búsqueda de talento, alertaría a nuestros jóvenes que incorporasen a sus CV todas las habilidades y capacidades que posean, por superficiales que les parecieran: a veces no es necesario ser el mejor y solo es suficiente con ser distinto. ¿Qué diferencia a un joven ingeniero o abogado de otros compañeros de su misma edad?; ¿las notas de carrera o de selectividad? Puede que para usted todo ello tenga un valor muy relevante, pero para conseguir un empleo, no tanto. En mi trabajo tenemos habituales contactos con empresarios que se quejan siempre de que la preparación académica y los conocimientos adquiridos no casan con sus necesidades en el mundo de la empresa. Personalmente creo que se equivocan si lo que intentan es conseguir ese perfecto encaje de bolillos.

 

Los métodos de selección de personal, en las empresas más punteras, se centran bastante menos en el conocimiento que tienen esos jóvenes y bastante más en su capacidad de adaptación y de sus habilidades para desarrollar todo su potencial. El segundo tópico que me gustaría desmentir es que, aunque parezca que estamos en un mundo dominado por todo lo que huele a comercial o a marketing, lo cierto es que la gran batalla del progreso se va a desarrollar en el escenario de la tecnología.

 

De hecho, los conflictos comerciales, que copan los titulares de prensa, apenas son la punta del iceberg de una verdadera guerra tecnológica que se mueve, bien en el inframundo del internet oscuro, Dark Web, o en el Olimpo del iCloud. Y tercer consejo. Como me comentaron hace poco, imaginemos que, al acabar la carrera, te confesaran que todo lo que hasta entonces te habían enseñado y que había sido casi un axioma, mañana sería falso o como mucho, intrascendente.

 

Y si ya es frustrante pensar que el conocimiento pasado reciente puede no ser relevante y que son las habilidades y capacidades innatas para desarrollos futuros lo que prima, aún nos faltaría algo más en esta ensalada. Si lo que estamos buscando son seres humanos, todo lo anterior es una condición necesaria pero no suficiente. Hace falta un punto de humanidad que ya los romanos recogieron en su famosa mensana in corpore sano. Al candidato que luche por un puesto de trabajo, no solo se le piden conocimientos y habilidades, también se le analizan otras componentes más humanas: inclinaciones, aficiones, experiencias, empatía multicultural y multigeneracional y un largo etcétera.

 

Y al final, cuando hayamos construido ese súper Frankenstein, puede que no nos guste su apariencia, el tatuaje o el piercing que lleva. Es lo que tiene el progreso, a algunos les hace pensar que todo tiempo pasado fue mejor, pero, sin ninguna duda, eso no es cierto. .

    

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
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