Sin azúcar

Está claro que algún día el azúcar estará tan proscrito como el alcohol durante la ley seca. De hecho, muchas personas perciben las pastelerías como los estancos, o las licorerías, lugares en los que se vende veneno. Aún no he llegado a ese punto, pero ya he dejado de consumir azúcar refinada de forma consciente. Es decir, no he dejado de tomar productos con sabor dulce, pero sí he parado de tomar azúcar refinada en la medida de lo posible.

 

Hay seis cosas integradas en la cultura que destruyen el cerebro. Tres conductas y tres sustancias: la queja, la culpa, la crítica, el tabaco, el alcohol y el azúcar. Y cuando digo que lo destruyen, es que lo destruyen. Te voy a dar unas recomendaciones para que puedas liberarte de una de las drogas más adictivas y que más contribuyen al deterioro de la salud de nuestra sociedad.

 

Piensa en todos los beneficios que tendrás para tu salud. Seguro que pierdes peso sin darte cuenta. Tu piel mejorará considerablemente y tendrás menos arrugas. Reducirás la presión arterial y, por consiguiente, será más difícil que mueras de infarto. Mejorará tu inteligencia. Tendrás un colesterol de mejor calidad y bajarás la posibilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

 

Reducirás las probabilidades de tener alzheimer. Ahorrarás en dentistas. Disminuirás las probabilidades de tener depresión. Mejorarás tu capacidad de concentración porque no estarás afectado por el subidón y el bajón correspondiente de tu nivel de azúcar en sangre. Será más difícil que tengas diabetes…

 

No te rindas. Ten claro tu objetivo y no te preocupes porque algún día falles en tu meta de dejar de consumir azúcar. “Al primer palo no caen todas las aceitunas”. Imagínate que vas conduciendo tu coche de viaje porque te vas de vacaciones a la playa y en el camino, se te pincha una rueda. ¿Desistirías de ir de vacaciones o repararías la rueda y seguirías hasta tu destino? Pues con las sustancias adictivas tienes que hacer lo mismo, poner toda tu energía en el reto y dejar que triunfe el poder de la continuidad. Puede más la constancia de una gota que la fuerza de una ola. Además, fallar es humano.

 

Haz la compra consciente. Por supuesto, y esto vale para toda la compra, no vayas a la compra con hambre, porque tu cerebro reptil tomará el mando y tu voluntad quedará eclipsada por la poderosa fuerza de la supervivencia. Si puedes, respeta una lista de la compra ya que te ayudará a dejar de comprar artículos por impulso. Y finalmente, no compres nada frente a lo que puedas sucumbir en un momento de debilidad. Es sencillo: lo que no está en el frigorífico, ni en la despensa, ni en ningún cajón escondido, no pasará a tu cerebro. En realidad, estas aplicando la técnica que en productividad se llama cortafuegos. Te estás anticipando a algo que te puede hacer romper la rutina o el hábito.

 

Convéncete a ti mismo. El problema del consumo del azúcar es que está integrado en todos los niveles de la cultura y, por tanto, la sola idea de dejar de tomar azúcar atenta contra los valores (la tarta de cumpleaños), contra las creencias (“tomar miel es sanísimo”), contra el mercado (pastelerías, heladerías, tiendas de golosinas.), contra lo socialmente aceptado (“el café sin azúcar está amargo”), contra tu identidad (cómo no probar las rosquillas de mi pueblo, el mazapán de Navidad o la tarta de Santiago), contra la tradición gastronómica (y de postre tenemos “mús” de chocolate), en fin contra casi todo lo establecido.

 

Por ello, es fundamental que estés profundamente arraigado en tus convicciones, porque si no la presión social te convencerá. Una persona en paz consigo misma y con autoconfianza es prácticamente indoblegable en su propósito. Entonces, primero piensa si esta idea es tuya, o si es una moto que te han vendido, porque tu compromiso no será consistente si la idea no te pertenece o no la has hecho tuya.

 

Edúcate emocionalmente. Busca tu equilibrio emocional, fórmate en inteligencia emocional, lee libros, busca vídeos, ve a charlas, a cursos, al psicólogo o a sesiones de coaching. La mayoría de las veces el problema está en tu interior. Es muy fuerte pensar que, cuando realmente estás afectada, molesto, preocupada o estresado lo que debes hacer es comer brócoli y no ponerte hasta las cejas de chocolate.

 

Los alimentos son energía y componentes químicos que afectan directamente a tu cerebro. El chocolate, los pasteles, las galletas no van a resolver ningún problema emocional. El brócoli tampoco, pero al menos te estarás alimentando bien. Alimenta a tu ser emocional: relaciónate, haz ejercicio, ríete, sal a pasear, ve al cine, aprende a comunicarte y a expresar tus emociones, ponle nombre a lo que sientes y busca tu plenitud personal, porque el azúcar refinado no va a endulzar tus problemas.

 

Puede ser que todo esto de dejar el azúcar te parezca surrealista. A mí también me lo parecía, es más lo consideraba una actitud radical. Te propongo un reto: deja de tomar azúcar una semana, comprueba cómo te sientes, y luego elige tú mismo o tu misma lo que te parezca más adecuado. Estoy convencido de que simplemente con la transformación que vas a experimentar en la forma de percibir los sabores (el tomate es una fruta que sabe dulce) el esfuerzo habrá merecido la pena.

    

Pedro Salvador

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