Bahamontes, El Águila de Toledo: «Siempre me he atrevido a todo»

Federico Martín Bahamontes, ganador del Tour en 1959:

Genio y figura. Federico Martín Bahamontes (Val de Santo Domingo, 1928) no aparenta sus 91 años  cumplidos y lo sabe. Mantiene su figura esbelta y es un conversador infatigable, gracias a una memoria envidiable refrescada a fuerza de repetir su historia desde que se subiera al sillín de la fama en 1959, año en el que se convirtió en el primer español en ganar el Tour de Francia. El pasado mes de septiembre la Vuelta Ciclista a España hizo escala en Toledo para rendir homenaje a una leyenda viva del ciclismo, al considerado el mejor escalador de todos los tiempos: el Águila de Toledo.

 

Bahamontes es recibido como un héroe en Toledo tras su triunfo en el Tour de Francia de 1959.

 

«A mí lo que me gustaba de verdad era el fútbol; tenía mi equipo, con León como portero, pero mi padre cogía la navaja y me rompía todos los balones; sólo quería que trabajara con él. Yo era el mayor, tenía tres hermanas más pequeñas y había que comer todos los días”, recuerda Federico Martín Bahamontes, evocando sus años de niñez y adolescencia en el seno de una familia humilde y en un Toledo arruinado por la guerra civil.

 

 

 

Años de hambre y fatiga forjaron el carácter peleón, resistente y emprendedor de Bahamontes. “La necesidad es lo que me ha empujado y me ha hecho fuerte. Como dicen, ‘obligado te veas para que lo creas’: hemos tenido que robar bellotas para comer, hasta gatos hemos comido… hambre, mucha, y trabajar en todo lo que se podía. Después de la guerra mi padre estaba en ‘regiones devastadas’ y con él me iba a cargar piedra y arena para los dos primeros bloques que los presos construyeron en la Avenida de la Reconquista; ganábamos siete pesetas trayendo piedra. Después empecé a trabajar en un taller y luego me coloqué en el mercado de Toledo repartiendo con una carretilla fruta a cinco verdulerías, descargando a cinco céntimos el bulto. Cuando acababa el reparto, a las 10 de la mañana me iba en la bici a hacer el estraperlo, a Gálvez y a Torrijos, a por pan y harina, lo cargaba todo en la bici y vuelta a Toledo. Ese fue mi entrenamiento”, relata Bahamontes sin perder la sonrisa.

 

La bicicleta era para el joven Bahamontes, como sus brazos y sus piernas, una herramienta de trabajo. Hasta aquel día de 1947 que se apuntó por casualidad y en el último momento a una carrera ciclista que había organizado en Toledo Educación y Descanso (la organización cultural y de ocio de la dictadura franquista). La ganó. Fue su primera carrera y su primer triunfo.

 

El apodo de ‘el águila de Toledo’ me lo puso un periodista francés que vino a entrevistarme a Toledo, luego Goddar lo hizo famoso. Ya antes, en el ‘53, los franceses me habían llamado ‘don Quijote’, por la figura.

 

“Tampoco eso de la bici le entraba en la cabeza a mi padre, él quería que yo siguiera con él, porque teníamos el carro y las mulas, pero yo seguí corriendo como amateur”, recuerda Bahamontes, que repasa su vida de los últimos ochenta años a la misma velocidad a la que corrió y ganó el Tour de Francia de 1959 (4.319 kilómetros en 123 horas).

 

No hay cuesta arriba que se le haya resistido. Así, compaginando el duro trabajo con las competiciones en las que podía participar como aficionado fue consiguiendo sus primeros éxitos más sonados, como la Vuelta a Ávila, en 1949. “En 1954 ya me hice profesional. Me fui a hacer la Vuelta a Asturias con otros cuatro chavales y tuvimos que buscar a otros dos con licencia profesional para poder hacerla. Nos fuimos desde Madrid en la bici, con una mochila, pan y latas de sardinas para comer. No estábamos preparados. Pero gané la primera etapa y Julián Berrendero me vio, se dio cuenta de cómo andaba yo y me dijo ‘tú para el Tour’, y dije ‘sí hombre, no tengo dinero, no tengo maleta, no tengo nada…’ estábamos caninos, pero al final llamé a mi madre para que me diera permiso para salir de España”.

 

El ‘Águila de Toledo’ en plena carrera del Tour de Francia de 1959

 

Fue el primer Tour de Francia para Bahamontes y ya empezó a despuntar, tanto que ganó el Gran Premio de la Montaña y es a partir de ahí cuando recibe el apodo de ‘el águila de Toledo’. “Me lo puso un periodista francés que vino a entrevistarme a Toledo, luego Goddar lo hizo famoso. Ya antes, en el ‘53, los franceses me habían llamado ‘don Quijote’, por la figura”, bromea Bahamontes.

 

Ese mes de agosto de 1954 Toledo enloquece con su ‘rey de la montaña’ y miles de vecinos y aficionados al ciclismo de todas partes le reciben a su vuelta de Francia (25.000 personas, calculaba el ABC de entonces). “Sí, fue un buen año”, asegura. Pero lo mejor estaba por llegar.

 

UNA CACERÍA EN TOLEDO Y EL TRIUNFO EN EL TOUR DEL ’59

La carrera deportiva de Bahamontes dio un giro el día que, estando en una cacería de perdices en Toledo, el ciclista italiano Fausto Coppi le propuso fichar por su equipo el «Tricofilina-Coppi», y dirigirle en el Tour de Francia de 1959. El 18 de julio de 1959 Bahamontes, el Águila de Toledo, entraba triunfal con el maillot amarillo en París. Era el primer español en ganar el Tour y el primer ídolo deportivo de masas que tuvo España.

 

“A partir de ahí fue una locura. Para España era algo fuera de serie. Me recibió De Gaulle, Franco en el Pardo, en París conocí a la reina Fabiola, estuve con el Papa..” Y llegados a este punto de fama, ¿qué opinaba su padre? ¿Ya estaba feliz con el rumbo que había tomado su vida? “Sí, sí pero cuando me recibieron en Toledo con esa multitud mi padre estaba fuera de juego, no le gustaba todo eso. A mí tampoco me gustaba, pero tienes que aceptar porque después de eso ya no eres dueño de tu persona. Yo ya no mandaba en mí, era una marioneta, me llevaban de un lado para otro”.

 

Haciendo gala de su buena memoria, Bahamontes recuerda el dinero que ganó gracias a sus triunfos en el Tour. “Entre el tour, la montaña y dos etapas gané 1.270.000 pesetas. Era un dineral pero yo no toqué ni un duro, se repartió entre todos los compañeros. A partir de ahí ya cambié las reglas del juego. Donde sí empecé a ganar dinero de verdad fue en los criteriums que hacíamos después las figuras del Tour: 30.000 pesetas diarias y fueron tres meses, por eso tardé tanto en regresar a Toledo”.

 

En los seis años que siguieron de su carrera deportiva fue agrandado su leyenda, a fuerza de triunfos y de su destacada personalidad, que le convirtió en un personaje muy mediático para la prensa de los años ‘50 y ‘60. Incluso después de su retirada en 1965 ha mantenido su popularidad.

 

“Nadie se olvida de Fede, dice con guasa. Es que yo me he atrevido a todo. No me he estado quieto nunca. Hasta toreé, con Domingo Ortega y Gregorio Sánchez (fue en el ‘59, en una corrida benéfica de Navidad en la Plaza de Toros de Toledo). Tuve mi propio equipo, el Casera-Bahamontes, también hice motocross, monté un circuito y traje a todos los buenos, al menos durante dos o tres años. Y he organizado durante cincuenta años la Vuelta Ciclista a Toledo (desde 1966 a 2016). Desde que yo la dejé ya no la ha cogido nadie, es que no es fácil buscar dinero, yo tenía que buscar todos los años entre 7 y 10 millones de pesetas. Cada semana tenía dos o tres comidas en Madrid para ir viendo de donde sacarlos”.

 

EL BAHAMONTES EMPRENDEDOR

¿Que si he invertido bien el dinero que he ganado? Pues yo creo que sí, he sido ahorrador y también un buen vendedor (me llegaron a elegir ‘vendedor del año’ en una ocasión). He estado en el plato y las tajadas”. Razón no le falta. Martín Bahamontes ha sido lo que hoy llaman un emprendedor.

 

Con lo primero que iba ganando mi madre me lo iba guardando y abrí un pequeño taller y alquilábamos bicicletas a 1’50 pesetas la hora a los militares de la Academia de Toledo. Después, mi mujer Fermina y yo abrimos en la plaza de la Magdalena la tienda de bicis. Cogí varias marcas en exclusiva y pasé de la nada a que llegaran camiones cargados de motos y bicis”.

 

La tienda de Bahamontes fue mucho más que un comercio para Toledo, hasta que se cerró en 2004 fue un referente para muchos visitantes nacionales e internacionales, atraídos por la gran figura del ciclismo.

 

Bahamontes acaba de cumplir 91 años (el 9 de julio) y sigue acaparando las portadas de la prensa española y europea, muy especialmente este verano en que se cumplen 60 años de aquel 18 de julio de 1959 que entrara triunfal en París. Subió al podium francés en dos ocasiones más, en un segundo y tercer puesto de la clasificación general; pero fueron sus seis años de reinado de la montaña en el Tour los que le han hecho merecedor del título que ha recibido de ‘mejor escalador de la historia’.

 

Con estas credenciales, no se muerde la lengua a la hora de opinar. “El ciclismo de hoy no me gusta. Yo le digo al Tour de ahora la procesión de Semana Santa. Van de paseo, yo eso no lo aguanto, apago la tele. Casi todas las etapas son aburridas, hasta que llega la montaña. Yo siempre he preferido la batalla a la calma, por eso hacía mis famosas escapadas. Ahora quieren llegar a París en vez de 30 ó 40 los 200 que salen, y detrás de los coches, ¿eso es ciclismo? Es como si al boxeador no le tocas la cara o el torero no se arrima al toro. Hay que dar espectáculo. Lo aburrido no se quiere”.

 

ANÉCDOTAS DE UN SUPERVIVIENTE

LOS AÑOS DE GUERRA Y POSTGUERRA.

Tenía ocho años cuando estalló la guerra civil. Su familia escapó de los bombardeos sobre Toledo y se refugió en casa de una tía en Madrid. Durante la postguerra, ir al estraperlo casi le cuesta la vida.“Cogí las fiebres tifoideas por esconderme de la guardia civil en el pantano de Guajaraz. Me picó un mosquito y me puse malo, pero no daban con lo que tenía. Llegué a pesar menos de 40 kilos, se me cayó el pelo, que lo tenía muy liso, y luego me salió rizado y así es como ya lo he tenido siempre. Lo pasé muy mal, no descansaba, soñaba con la guerra, con las bombas…”

 

LA HISTORIA DEL HELADO

Bahamontes confirma que es cierta la anécdota del helado que se tomó en plena carrera durante un Tour de Francia mientras esperaba al pelotón. Él la recuerda así: “Es que sacaba 14 minutos de ventaja. Era el Tour del ‘54, el primero que hacía; subiendo el Col de Romeyère se me rompieron dos radios de la rueda así que cuando llegué a la cima paré a esperar a que la arreglaran y como vi un carrito de helados… Para mí fue algo normal pero toda la prensa francesa lo sacó al día siguiente”.

 

ESCAPADAS Y ESPANTADAS

“Donde yo he disfrutado de verdad es en Los Alpes; era mi etapa favorita. Antes de llegar a la montaña yo ya estaba nervioso por atacar. He sido guerrero, reconoce Bahamontes. En el Tour del ‘59 decidí escaparme siete días antes de que acabara”. También han sido muy sonadas sus ‘espantadas’. “Un año abandoné el Tour porque no me pagaban”, dice. Se fue a la francesa en el Tour del ‘57, en el del ‘60 y en el del ‘65. También en el Giro de Italia en 1961.

 

UN SUEÑECITO CON CAMILO JOSÉ CELA

Como personaje de fama y mérito, tiene su estatua de cera en el Museo de Cera de Madrid. “El museo de cera de Madrid nos citó a Camilo José Cela y a mí al mismo tiempo para hacernos la máscara para nuestras figuras en cera. Pues los dos nos quedamos dormidos en la camilla mientras nos las hacían”, evoca Bahamontes, que comparte con el escritor “decir las cosas como las pensamos. Yo digo verdades como templos”. Las recepciones en el Eliseo Lo del Giro Los mariquitas y las azafatas.

 

Seguir leyendo… »