Si quieres cambiar, cambia dos veces

¿Intentas dejar de fumar y no lo consigues? ¿Intentas perder peso y la báscula se resiste? ¿Haces cada año el propósito de estudiar inglés y no lo haces al final? Te voy a explicar una clave que quizás desconozcas y que te puede ser de gran utilidad para ayudarte a entender por qué tus cambios son ineficientes. Con un poco de suerte, es probable que veas tus retos de otro modo una vez que tengas claro cómo funcionan los procesos de cambio. Analicemos un caso imaginario.

 

Supongamos que en el trabajo te dicen que tienes que mejorar tu escritura e intentar escribir mejor mejorando tu ortografía y tu gramática. Para conseguirlo, haces el firme propósito de ir más despacio al redactar, pones más atención e intentas no poner faltas. Te esfuerzas por construir oraciones más cortas y que tengan más sentido. Sin embargo, no mejoras. Entonces, decides comprarte un libro de gramática que al principio lees con mucho entusiasmo y, tras varios días, no eres capaz de pasar al tercer capítulo por puro aburrimiento.

 

Otra vez, te apuntas a un curso de escritura, pero después de un mes el ajetreo y tu alto ritmo de vida, no te permiten compaginarlo con tus tareas y lo abandonas. Más tarde encuentras un canal de YouTube que habla sobre gramática y que además tiene un curso estupendo para dominar el arte de la escritura. Resulta que te distraes frecuentemente y acabas navegando por Internet perdiendo un tiempo muy valioso y al final decides pasar del tema. Lo más que consigues es pasar el corrector de Word, no obstante en la oficina te dicen que eso no sirve, que el corrector no corrige bien.

 

En programación neurolingüística hay

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Pedro Salvador

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