¡Se va el caimán, se va!

Llevo 38 años llenando todos los días una página en blanco. Casi cuatro décadas contando lo que pasa aquí, allí y allá. En este tiempo nunca me había topado con alguien (y he conocido a cada espécimen que os pondría los pelos de punta) capaz de despreciar a las personas con tanta saña, crueldad y fiereza, hasta que el dedazo de M. Rajoy envío de paracaidista a Castilla-La Mancha a Dolores Cospedal, que tras cinco años en la oposición entró en Fuensalida repartiendo más hostias que en una peli de Bruce Lee, sin dejar títere con cabeza y sembrando el desconcierto entre los funcionarios que tuvieron la suerte de conservar su puesto de trabajo. No así los 20.000 desdichados que se los tragó la patrañera “Dieta Cospedal”.

 

Dolores Cospedal ganó las elecciones de 2011 más por demérito de José María Barreda, que ciego de vanidad no quiso ver la ola que amenazaba con encharcar el estado del bienestar, y por el apoyo firme del éxodo madrileño, expulsado por la burbuja inmobiliaria de la tierra del oso y el madroño hasta la vecina Guadalajara, donde la también madrileña logró su victoria por unos jodidos 15.221 votos de un total regional de 1.566.641. Aquel 22 de mayo de 2011 comenzó para los castellano-manchegos una carrera por la supervivencia que muchos no pudieron superar, incluso algunos murieron en los pasillos del horror de las urgencias hospitalarias.

 

Lo primero que hizo Cospedal fue señalar directamente a los medios de comunicación que no eran afines a sus propósitos o que se negaron a doblegarse y abandonar los sagrados principios de la libertad de expresión. Decenas de medios de comunicación cerraron sus redacciones, se pararon las rotativas de numerosos periódicos y cientos de periodistas fueron expulsados de la profesión, vagando por digitales sin escrúpulos que pagaban una miseria por crónicas conducidas y redactadas ad hoc. Otros freelance vivimos la persecución laboral y judicial durante los cuatro años de mandato de Dolores Cospedal.

 

Decenas de medios de comunicación cerraron sus redacciones, se pararon las rotativas de numerosos periódicos y cientos de periodistas fueron expulsados de la profesión

 

En mi caso fui despedido de la Cadena Ser, Teletoledo, Radio Castilla-La Mancha, Televisión Castilla-La Mancha, La Tribuna y de otros periódicos y televisiones locales que desaparecieron tras ser sometidos a una insuperable asfixia económica. Incluso, Ignacio López del Hierro, esposo de la señora Cospedal, pidió mi cabeza a Enric Sopena, director por aquel entonces de elplural.com, único digital nacional que se atrevió a fiscalizar la acción de Gobierno de la ex secretaria general del PP. Sopena aguantó la presión y me dio carta blanca para recoger los tejemanejes de Cospedal y cía. Cuatro años en los que viví con miedo, no por mí, sino por la seguridad de los míos. Mi compañera decidió abandonar Toledo y llevarse a mi hija pequeña cuando en las redes sociales aparecieron graves intimidaciones: “Sabemos a qué colegio va su hija, vamos y le damos un susto”, fue la amenaza determinante para que mi compañera pidiera el traslado a Segovia, que dada la gravedad del asunto se lo concedieron inmediatamente.

 

Las amenazas se prolongaron en el tiempo; me destrozaron el coche, cubriéndolo de harina y advirtiéndome para que dejara de escribir lo que yo consideraba un atentado contra la libertad de las personas y contra el bienestar ciudadano, además del desmantelamiento progresivo de la educación y la sanidad pública. Cómo sería la situación, que mi principal “garganta profunda”, un destacado alto cargo del Gobierno de Cospedal, me citaba lejos de Toledo, en otras ciudades, porque decía también tener miedo. Ahora reconozco que mi confidente fue un valiente, sobre todo después de la lluvia de denuncias contra mi persona.

 

Desde Cospedal, que intentó involucrar a mi mujer, pasando por Carmen Riolobos y su esposo Paulino Estrada, consejeros y altos cargos del Gobierno del PP, alcaldes…hasta llegar a Arturo García-Tizón, que me pedía un millón de euros de indemnización. Ellos me denunciaron con abogados pagados por el PP; yo tuve que echar mano de amigas y amigos para hacer frente a esa cascada de demandas; hasta seis, y todas desestimadas, o llegado el juicio, absuelto. Por todo ello, y ahora que “se va el caimán”, es hora de decir a todos aquellos que creyeron en la libertad expresión: MIL GRACIAS, porque sin prensa libre no hay democracia.