Sálvese quien pueda

El 4 de febrero una impresionante marcha de tractores recorría las calles de Toledo encabezando la manifestación de varios miles de agricultores y ganaderos procedentes de todos los rincones de Castilla-La Mancha. A su paso por una avenida de la ciudad, una mujer saltó a la carretera y con paso firme avanzó hacia los tractores, los detuvo con un gesto de mano y se giró mirando a la cámara del móvil. Era el momento foto.

 

Una frivolidad más de una sociedad que convive entre el jiji-jaja y la dramática situación de un modelo productivo y laboral que no encuentra acomodo ni en la nueva economía ni entre el nuevo consumidor. Sí, la situación del campo es dramática. Como también lo es la de multitud de sectores que se derrumban a la vista de todos sin que nadie parezca verlo, salvo los directamente afectados, claro.

 

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Pero “el que no llora no mama”, y el colectivo de agricultores y ganaderos, amparados por organizaciones agrarias potentes que saben unirse cuando se necesita, como ha ocurrido en esta ocasión con ASAJA, COAG y UPA, que pese a sus diferencias ideológicas -aunque insisten en definirse como ‘apolíticas’ no lo son- anteponen los intereses colectivos de los miles de productores a los que defienden.

 

“Hemos entrado en guerra y no vamos a parar hasta que acabemos con esta crisis de rentabilidad y con estos ataques y acoso permanentes que sufren los agricultores y ganaderos”, decía el secretario general de Asaja en Castilla-La Mancha, Fresneda. Y las movilizaciones que están realizado por todo el país ya han dado sus primeros frutos.

 

La primera batalla a su favor no es nada desdeñable: buena parte de la sociedad ha entendido lo injusto que es que a los agricultores les cueste más dinero producir que el pago que reciben por la venta de sus productos. Ya saben de primera mano los consumidores que en el desequilibrio de la cadena alimentaria son los productores quienes pierden, mientras que intermediarios, distribuidores y puntos de venta ganan.

 

Sí, la situación del campo es dramática. Como también lo es la de multitud de sectores que se derrumban a la vista de todos sin que nadie parezca verlo

 

A todos nos suena mal eso de que te cueste dinero trabajar, un fenómeno cada vez más extendido entre los eslabones más débiles de todas las cadenas productivas, de servicio y de consumo. Bien los sabe el pequeño comercio, o los autónomos, o los repartidores, o las tantas pymes… La oleada de protestas bien argumentadas y justificadas también ha hecho reaccionar rápidamente al Gobierno español, que ya ha puesto la mesa de negociación para ir resolviendo desequilibrios. Quizá sea bueno que los agricultores y ganaderos lideren un cambio en el actual mecanismo de reparto de la riqueza, que no sólo lo deciden quienes dominan los mercados y los capitales.

 

Un papel clave lo tenemos los consumidores, que con nuestras decisiones de compra podemos inclinar la balanza. Como ciudadanos podemos parar una tractorada, no para hacernos un selfi, sino para recuperar lo que es de justicia. Nuestro pan de cada día.

    

Prado López Galán

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