REVOLUCIÓN AGRODIGITAL

Parece evidente que sin un cambio de modelo productivo hacia una mayor tecnificación y digitalización no va a ser posible seguir produciendo alimentos para cumplir con las demandas económicas, ambientales, legislativas y sociales cada vez más implantadas. Por eso, la siguiente revolución del campo, tras la fuerte modernización y mecanización que ya ha afectado al sector, será la revolución digital.

 

El sector agroalimentario es un sector estratégico clave para la economía y deberá enfrentarse a importantes retos en los próximos años. La agricultura y la ganadería del siglo XXI deben responder a las demandas de una sociedad preocupada por el cambio climático, la sostenibilidad y el bienestar animal, la escasez de recursos naturales, la despoblación de las zonas rurales y la seguridad alimentaria, entre otros.

 

 

En el campo juega un papel fundamental el I+D+i, (Investigación, desarrollo e innovación), pues además de dar respuesta a esas demandas, debe mostrarse como un sector atractivo para los jóvenes y permitir a los agricultores aumentar la productividad, reducir los costes y mejorar la rentabilidad y viabilidad de sus explotaciones. La implantación de tecnologías como el IoT, (Internet de las cosas), el big data (macrodatos) o el blockchain (cadena de bloques) permite muchos avances.

 

Así, por ejemplo, la implantación de sensores permite conocer si a los cultivos les falta agua o necesitan más fertilizantes, o detectar una plaga en su estado inicial, con el consiguiente menor uso de pesticidas, o captar el momento del celo o del parto en el ganado. Esta tecnología permite anticipar la toma de decisiones. Los sensores emiten datos que son analizados en diferentes aplicaciones informáticas que permiten una mejor gestión en cuanto a cuándo fertilizar, regar o recolectar.

 

La analítica de datos o el big data facilitan, en definitiva, predecir cosechas y analizar su impacto en el mercado. Todos los eslabones de la cadena agroalimentaria se beneficiarán de los avances tecnológicos y se dará una respuesta más acorde a las exigencias de calidad e información del consumidor. Por ejemplo, mediante códigos QR se proporciona toda la trazabilidad del producto: nos cuentan qué raza tiene la carne del animal que está en el supermercado, cómo se ha criado, qué ha comido y si ha pastado.

 

La transformación digital avanza en la industria y en la distribución, pero es todavía incipiente en la producción. Para que el sector productor apueste firmemente por las nuevas tecnologías hay que tener en cuenta algunas barreras, como la falta de conectividad y conexión a internet en muchos pueblos de España. Casi el 10% de la población española está desconectada. En 2019, según los datos del INE, casi 5 millones de personas son huérfanas del ADSL en España, es decir que o no tienen Internet o no tienen una conexión superior a los 2 megas. Y las cosas no van a mejorar en los próximos tres años. Esas zonas blancas (no tienen cobertura o es inferior a los 2 Megas) agrupan a 50.000 pueblos de Galicia, Aragón, el área pirenaica, Castilla y León y, cómo no, Castilla-La Mancha.

 

El elevado envejecimiento de la población es también un grave problema en el medio rural, no sólo por edad y por brecha generacional, sino por la necesidad de acometer determinadas inversiones a las que los más mayores pueden no estar dispuestos, como un ordenador o un smartphone (teléfono inteligente). Y es que existen tres realidades en el sector: los agricultores que no utilizan nuevas tecnologías; los que utilizan herramientas de monitorización en la gestión de su explotación, pero no interactúan; y lo que utilizan tecnología punta para realizar tareas agrarias, como el uso de drones. Es muy importante que la transformación digital se adecúe al modelo de agricultura y alimentación mayoritario en España y en Europa, y no al revés, y así no discriminar a muchos agricultores y ganaderos que carecen de conocimientos y destreza en gestiones digitales, sobre todo los de más edad.

 

De ahí que, cuando la Consejería de Agricultura impone a los ganaderos tener un ordenador, conexión a internet suficiente y un certificado digital para poder consultar sus ayudas de bienestar animal, o bien tener que desplazarse a la Oficina Comarcal Agraria que le corresponda, desde ASAJA Castilla-La Mancha salimos en defensa de esos ganaderos. Pedimos que no se imponga de esa forma el acceso a las nuevas tecnologías en el sector agropecuario y, por el contrario, se facilite su progresividad para que los agricultores y ganaderos de la región puedan adaptarse a la transformación digital.

 

No obstante, y como recuerda el presidente nacional de ASAJA, Pedro Barato, el agropecuario, «es un sector estratégico dentro de la sociedad. Podemos vivir sin un vehículo, sin aire acondicionado, pero no sin alimentarnos». Ante este escenario, resulta evidente que el sector agrario se adaptará progresivamente a la era digital y demostrará, como lo ha hecho siempre, su capacidad de adaptación a los nuevos tiempos y mercados. Y así se hará la nueva revolución agrodigital.

 

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José María Fresneda

Secretario general ASAJA Castilla-La Mancha
José María Fresneda

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