Resistir es triunfar

La artesanía sigue gozando de una mala salud de hierro. Resiste en su condición de actividad económica y laboral, pese a que desde hace décadas se anuncia su final. Y eso ya es un triunfo.

 

Un ejemplo de la vitalidad de la artesanía lo encontramos cada año, por estas fechas, en Farcama, feria que a su vez es un símbolo de resistencia. En 1980 se celebró en Toledo la primera edición de la que se bautizó como Feria de Artesanía de Castilla-La Mancha; en ese año aún no había ningún centro comercial en la ciudad ni en sus proximidades, y tardarían en llegar, porque en esos tiempos la Cámara de Comercio hacía una defensa a ultranza del comercio tradicional. Internet tampoco se había extendido a la ciudadanía y habría que esperar al siglo XXI para la aparición del comercio digital.

 

Desde 1980 hasta 2018 han transcurrido 38 años vertiginosos de cambios radicales en la producción, en el comercio, en el consumo, en la promoción… pero ni un solo año ha dejado de celebrarse Farcama. Ha tenido marcados altibajos, pero ahí sigue. No es un sector económico que pueda presumir de su aportación al Producto Interior Bruto, ni de crear muchos puestos de trabajo. Tampoco provoca colas de clientes desesperados por conseguir la última pieza salida del horno del ceramista o de la fragua del herrero. No se presta a especulación ni desmesura. No hay taller artesano que cotice en Bolsa.

 

¿Qué aporta, entonces, la artesanía a la sociedad actual? Todo lo demás. Tal vez haya sido el pequeño tamaño del sector, mayoritariamente formado por autónomos o micro-empresas, lo que ha contribuido a que no desaparezca engullido por las crisis que han ido llegando una tras otra: la invasión del plástico que arrinconó las materias primas naturales, las importaciones masivas asiáticas que desplazaron los productos locales, la concentración del consumo en grandes centros comerciales, la crisis económica…

 

También ha contribuido a que subsista la artesanía como sector productivo el apoyo de las administraciones, entre ellas la Junta de Comunidades, que impulsa Farcama desde hace 38 años, y las diputaciones provinciales, que ayudan a financiarla. Resisten en nuestro territorio regional cerca de 1.500 talleres artesanales (incluidos los que tienen consideración de empresa artesanal), que emplean a unos 5.700 trabajadores. Estas son las cifras que, prácticamente inalterables en los últimos cinco años, manejan las organizaciones artesanales.

 

Cipriano Algor, el artesano que protagoniza ‘La caverna’, de Saramago, sabrá que aún hay esperanza. Que la vida es como un torno de alfarero, que no deja de girar.

Prado López Galán
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