Recuperando la libertad

Si el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, sin duda la palabra es el elemento que más estrechamente nos une a la divinidad. El don de la palabra y la libertad de expresión, son de las pocas cosas que realmente nos diferencian del resto de los seres animados. Los sentimientos y el conocimiento del alma se expresan por la palabra, que se configura así, como una especie de termómetro del nivel de libertad del individuo y de la sociedad.

 

Cualquier profesional de la comunicación sabe que un buen titular debe integrar las famosas cinco “w” en terminología anglosajona : quién, el qué, dónde, cuándo y porqué. Fíjense, por curiosidad, en cualquier titular y verán que esta norma se cumple taxativamente. Incluso un vulgar chismorreo sigue esta regla en un alto porcentaje, si quiere realmente ser viral. Es como si la mente necesitara este tipo de corsé para entender correctamente un mensaje. Conocer el campo de juego para saber a qué atenerse.

 

Y todo esto, que es propio del lenguaje, replica un poco lo que es nuestra vida. Constantemente tenemos que identificarnos, dejar bien claro quién es quién y el papel más o menos relevante que tenemos en este gran teatro del mundo. La desgracia y porque somos muchos, es que acabamos siendo solo un número, frío e impersonal, sin cara y sin alma. Pero bueno, ese es otro tema. En segundo lugar, el día a día nos marca el qué hacer, lo que hacemos y la importancia de lo que hacemos determina en gran medida nuestro papel en nuestra sociedad. Pero tan importante como ese “qué hacemos”, es el saber cuándo y dónde hacerlo: meter ese gol en el partido final, demostrar nuestros conocimientos el día del examen y tantas y tantas otras circunstancias son las que dan la verdadera importancia a nuestra labor.

 

Y finalmente un elemento casi de orden moral sería el por qué hacemos lo que hacemos, qué nos impulsa o motiva a ello: el dinero, la relevancia social, el altruismo o sencillamente la obediencia, marcan unas diferencias dramaticas en nuestra vida. Estos son los cinco “colores básicos” con los que pintamos diariamente nuestra existencia y que, aunque necesarios, pueden realmente llegar a asfixiarnos. Pero llegados a este punto, sin duda agobiante, tenemos, casi todos, una oportunidad en el bolsillo, una puerta oculta tras el armario, que nos lleva a un mundo de Narnia en el que no existen ninguna de las cinco limitaciones que les he referido.

 

Existe un mundo en el que casi nadie nos pregunta quiénes somos, no importa lo que hagamos, no existe el reloj, elegimos dónde estar o donde queremos ir y tampoco hay un motivo especial que justifique lo que hacemos o lo que no. Ese mundo idílico se llama “vacaciones”. Escribo estas líneas al borde del mar, con un lápiz y un papel, no sé realmente ni la hora que es y, frente a la inmensidad que me rodea, me siento algo insignificante. Las vacaciones, si no existieran habría que inventarlas. Nos dan una idea más fiel de lo que somos realmente: seres frágiles e insignificantes, pero libres.

Pedro Antonio Morejón

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

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