QUIJOTES CONTRA GIGANTES

El 18 de julio los pueblos del entorno de Villar de Cañas (Cuenca) se despertaban con la noticia por la que llevaban ocho años luchando: la paralización de la construcción del cementerio  nuclear. A 300 kilómetros de distancia, en Anchuras (Ciudad Real), festejaban la misma semana el 30 aniversario de su lucha contra un campo de tiro militar. Dos casos en los que las movilizaciones ciudadanas se han enfrentado con éxito al Estado y al poder establecido.

 

Marcha de la Plataforma contra el Cementerio Nuclear de Cuenca.

 

“No se puede permitir que esta región reciba dinero a cambio de hipotecarse para siempre con proyectos que a medio o largo plazo terminarán convirtiéndola en la cloaca de España y de Europa. Es hora de decir “basta” y no resignarse al lenguaje de las compensaciones, puesto que lo que nos jugamos es el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos y tenemos la obligación de entregar el medio ambiente en las condiciones que nos lo encontramos, y buscar políticas que lo mejoren y no lo deterioren como ocurre ahora mismo”; así se expresaba Santiago Martín, el joven alcalde de Anchuras (Ciudad Real), en el año 1993 en la revista Bisagra. Para entonces llevaba ya cinco años liderando una lucha contra el Gobierno español para evitar que en su municipio, de poco más de 300 habitantes, se instalara un campo de tiro militar.

 

Tardarían cinco años más en acabar definitivamente con esta amenaza. Similar reflexión a la que hacía Santiago Martín es la que ha llevado a la Plataforma contra el Cementerio Nuclear en Cuenca a movilizarse de manera sistemática y organizada desde hace casi ocho años. Integrada por 49 colectivos y organizaciones muy variopintas (agrarias, ecologistas, sindicales, vecinales…), lograron un pequeño triunfo con el compromiso, en marzo de 2015, de todos los partidos políticos que concurrían a las elecciones (excepto el PP) de parar el Almacén Temporal Centralizado (ATC) de Villar de Cañas si llegaban al Gobierno.

 

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