Quién se apunta al “Slow Movement“

Hace unos años, Cáritas nos lanzaba un slogan que, aún hoy, me sigue tocando la fibra más sensible “vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir”. En este mundo en el que todo parece ir de manera vertiginosa, tengo la impresión de que, muchas veces, lo que hacemos es “perder el tiempo a toda leche” y luchar por conseguir más de lo que nos sobra, sin caer en la cuenta de lo que carecemos.

Si nos planteamos optimizar nuestro nivel de riqueza, como personas o como país, nos encontraremos rápidamente con que hay condicionantes que van a limitar este reto: recursos naturales, medios económicos y laborales, pero, sobre todo, nuestro tiempo. Esas veinticuatro horas en que fraccionamos cada día de nuestra vida, es como una ecuación de base cero, en que sólo podemos distribuir nuestro tiempo, optimizando la satisfacción que de ello podamos obtener. Nada importa lo que seamos o el dinero que tengamos, sexo o raza, edad o religión: no podemos alargar un solo segundo a ese tiempo que el reloj nos marca como un implacable dictador.

Siendo esto así, qué hacemos con nuestra vida, en qué empleamos nuestros recursos naturales o económicos, sobre qué gravitan nuestras preocupaciones políticas e, incluso, y como decía nuestro poeta conquense, “a qué dedicamos el tiempo libre”. Este planteamiento “reflexivo” choca con ir por la vida como “pollo sin cabeza”, arrastrados por modas o tendencias sin apenas encontrar sentido a nuestras acciones. Take it easy, diría un inglés; parémonos un momento y pidamos un “tiempo muerto” a nuestra vida, sin duda el partido más importante que nos ha tocado jugar. Esta concepción más global de lo que nos rodea, y de cómo gestionar la variable más crítica e inexorable que tenemos, el tiempo, se ha venido en llamar Slow Movement. Nada tiene que ver con la pereza, la apatía o el desinterés, todo lo contrario. De hecho y llevado a su extremo, es casi una quimera, porque, desgraciadamente, no siempre podemos tomar decisiones personales en nuestro devenir diario. No estamos solos, los países forman parte de bloques económicos donde las grandes decisiones se toman a nivel supranacional y se nos reduce poco a poco nuestro grado de libertad. Pero, “en la república de nuestra casa” como decía el anuncio, quizás podamos tomarnos las cosas con algo más de calma, saboreando los minutos y prestando atención a las pequeñas cosas que nos rodean que, a la postre, son las más importantes.

Nos falta aún un ingrediente en este cóctel: el ser humano es esencialmente político, vive en sociedad, y no debería entenderse un desarrollo que tendiera a la injusticia o al extremismo. Pero lo cierto es que no es así, los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, tanto las personas como las sociedades.

Es como si se aplicara a nuestro mundo económico el segundo principio de la termodinámica, que dicta que “todo tiende al desorden”.  Quizás el ser humano, capaz de reflexionar, pueda retrasar ese caos y oponerse a él, al menos en el entorno que le rodea: su familia, su trabajo y sus amigos, pero en cualquier caso no es fácil, porque hay que remar contra corriente.

Le propongo una prueba querido lector: coja un papel en blanco y empiece a escribir el nombre de las personas que le rodean habitualmente y con las que, de una manera y u otra, convive, se relaciona o tiene, al menos, una cierta relación. Ese es su círculo de convivencia y cada uno tenemos el nuestro. Ese es el campo de juego en que jugamos el partido de nuestra vida y esos son nuestros compañeros.

Ahora le propongo que se pregunte, qué hace usted con esas personas, qué tiempo les dedica, qué importancia les otorga en sus pensamientos.  La sociedad suele valorar a las personas por su nivel económico o su estatus social, pero la reflexión y el valorar a las personas por el tiempo que les dedicamos, es mucho más importante, créame. Una estrategia de Slow Movement en que arranquemos tiempo a nuestra vida ajetreada, para reflexionar sobre nuestras acciones y sobre las personas que nos rodean, que no son tan pocas como podríamos pensar a priori, es lo que diferencia al ser humano verdaderamente libre. Gestionar el tiempo es todo un arte y ser capaces de marcar el ritmo de nuestra vida, todo un reto. “Vísteme despacio que tengo prisa”,… ¿nos apuntamos al Slow Movement?

Pedro Antonio Morejón

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

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