¡Qué vienen los zapatos!

Se acaban las vacaciones, ese tiempo de dicha en el que no existen las obligaciones laborales y el tiempo se nos ofrece como una página en blanco, para disfrutarlo de cabo a rabo. Aunque terminen las vacaciones uno tiene que esforzarse por mantener las actividades que a uno le hacen feliz y recordar que no se vive para trabajar, sino que se trabaja para vivir.

 

En agosto falleció Santiago Palomero, que era el director del Museo Sefardí. Era una persona muy culta, con mucho sentido del humor, que llevaba camisetas muy chulas y que tenía una espléndida oratoria. Los museos no deben ser sitios donde se almacenan objetos, sino lugares donde aprender cosas con una buena pedagogía y ser centros de encuentro de la cultura. Eso lo sabía muy bien Santiago Palomero y lo puso en práctica en el museo Sefardí, donde se celebraban muchas actividades culturales (recitales, conferencias…)

 

Yo incluso una vez estuve en un curso de danza allí, en la gran sala de oración, con Susana Sánchez como profe. Los museos no deberían ser islotes solitarios, sino plazas concurridas. En agosto he avanzado mucho en una novela negra, también en un poemario y he disfrutado escribiendo mi lección inaugural de curso de la Academia (me toca a mí este año), que versa sobre la desordenada Orden de Toledo. Y acabo de regresar hace poco de un viaje por tierras de Cantabria, de un pueblito muy cerca de Cóbreces. Acostumbro en verano a viajar como el pan de un bocadillo: en los extremos, muy al principio y hacer otro viaje en el tramo final.

 

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Santiago Sastre

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