¡Qué vienen los quintocolumnistas!

Quintocolumnista, lo que se conoce como infiltrado o “meriendagratis”, que como buena mosca cojonera intenta reventar los pilares de cualquier congregación, hay más que botellines de Mahou. ¡Ya te digo! Y claro, los partidos políticos son nidos perfectos para que estos cucos pongan sus huevos, o se mimeticen de forma kafkiana en insectos sociales que se cuelan por las rendijas estatutarias cuan termitas dispuestas a devorar hasta la viga maestra. No debemos olvidar que los quintocolumnistas proceden de termiteros donde han sido aleccionados (en montañas no tan lejanas, como diría Aznar) para devorar, en perfecta simbiosis, la celulosa que emana de los principios escritos de los partidos que refugian en sus filas a estos personajes, que más pronto que tarde acabarán montando el pollo.

 

Que conste que yo siento cierta atracción (y no sé por qué) por los quintocolumnistas. Me parecen pícaros capaces de sobrevivir a toda adversidad. Un compadre de barra fija me dice que si mañana Trump aprieta el botón rojo para darle por donde la espalda pierde su verticalidad al “hombre cohete” las cucarachas y los quintocolumnistas serían los únicos seres vivos que sobrevivirían a la locura nuclear de Donald, que bien podría poner la primera piedra, junto a Dolores Cospedal, del estercolero radiactivo de Villar de Cañas. Y es que, ¡qué coño!, los quintocolumnistas están preparados para la vida moderna, cosa que no pasa con los chicos del botijo y palmeros que revolotean en torno al líder, y que no dejan de ser pobres machacas y mamporreros. No, los “meriendagratis” son grandes oportunistas; mediocres, sí, que buscan su minuto de gloria y que acaban generalmente a los pies de los caballos. Y los partidos de Castilla-La Mancha han tenido destacados miembros de esta liga cada día más en alza. A saber:

 

Fernando Barredo (PODEMOS). Es el prototipo de quintocolumnista: culto, con un buen discurso, capacidad de seducción intelectual y sexual (parece mentirá, sí. Su físico engaña, pero Barredo es todo un Rasputín). ¿Qué tendrá que ver el “pintor de la corte” del PP cuando reinaba José Manuel Molina con la izquierda podemita? Nada. Barredo llegó a los morados con la intención de gripar el motor de la silla eléctrica de Echenique. No pudo y salió por la gatera dejándose numerosos pelos (de ahí su prominente calvicie) y un montón de hostias, hoy por hoy, investigadas por la poli y los jueces. Lo echaron de la pandilla y le jodieron el negocio de los egos.

 

José Esteban Chozas (IU). Llegó a IU para clausurar el chiringuito, pero le salió el tiro por la culata porque cuando fue apartado de las listas electorales dos militantes comprometidos con la izquierda apearon al PP de la alcaldía toledana. Chozas se sentía el rey del mambo con Molina de alcalde y nunca le interesó, ni trabajó, para que la izquierda volviera al Ayuntamiento de Toledo. Sin embargo, cuando él fue enviado de nuevo a la conserjería de su colegio, IU subió como la espuma colocando en el torreón municipal a dos concejales, Aurelio San Emeterio y Carmen Jiménez, a los que Chozas intentó ningunear sin conseguirlo.

 

José Manuel Molina (PP). Nunca le interesó ganar, ni siquiera en aquella ocasión (1995) en la que se quedó a 14.761 votos de Pepe Bono. Y es que el de Salobre siempre cuidó y protegió a Molina, que renunció a ser de nuevo candidato del PP en 2007 para dejar el camino expedito a José María Barreda. Perdió la alcaldía de Toledo y Cospedal lo echó a los perros hasta la famosa supuesta mordida de los 200.000 euros. Increíblemente fue enviado a la cancillería de la República Democrática del Congo, facturando un pastizal.

 

José Luis Blanco (PSOE). Nos encontramos ante la impostura inconfundible. Blanco, alcalde de Azuqueca hasta mayo de 2019 (a buen seguro no repetirá), buscó su cuarto y mitad de gloria contra Page utilizando un lenguaje de barra de bar y arremetiendo contra los medios de comunicación que dieron a conocer el mogollón metálico de productividades que tiene montado en el ayuntamiento azudense. Magdalena Valerio, Beatriz Corredor, María Antonia Pérez o Daniel Jiménez, otrora animadores de su impostura, se ponen hoy de perfil.