QUÉ NOS QUEDA DE TOLETUM

Las cuevas de Hércules, una cisterna del siglo I conservada tal cual se construyó.

 

En las últimas décadas del siglo I Toletum había adquirido ya la condición de municipio romano y era económicamente tan poderoso como para levantar uno de los diez circos más grandes del Imperio, un impresionante complejo termal o disponer de una sofisticada red de distribución y almacenamiento de agua, con acueducto incluido. Este es un recorrido por lo que ya conocemos de aquella ciudad que los arqueólogos, el Consorcio de Toledo y el Grupo de Arqueología Romana de la Universidad de Castilla La Mancha están sacando a la luz y poniendo en valor en los últimos años.

 

Pocos toledanos no han jugado de niños en el circo romano de la Reconquista, trepando y escondiéndose entre lo que queda de las bóvedas donde se asentaban parte de las gradas de este monumental espacio. Con capacidad para 15.000 espectadores, fue el cuarto más grande de Hispania: 427 metros de largo, 100 de ancho y una arena de 408×86 metros donde se celebraban las carreras de cuadrigas.

 

Era de enormes dimensiones, con una articulación y una envergadura arquitectónica compleja. Destacaban el lateral noroeste y el hemiciclo con gradas construidas sobre bóvedas de hormigón y revestidas con sillares de granito. En la parte superior contaba con un graderío en madera al que se accedía por unas escaleras exteriores de considerable altura”, explica Rebeca Rubio, la directora del Grupo de Arqueología Romana de la Universidad de Castilla La Mancha, decana de la Facultad de Humanidades y autora de distintos estudios sobre esta edificación y otras romanas y de una propuesta sobre el entramado urbanístico de Toletum.

 

La ciudad no llegó a ser capital de ninguna de las tres provincias de Hispania ni de los conventus en los que se dividían, pero sí una urbe próspera cuyas élites quisieron hacer ostentación de su riqueza ante Roma construyendo grandes obras civiles como esta.

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A lo largo del recorrido por el circo nuevos paneles informan de las intervenciones arqueológicas realizadas y de qué estamos viendo: en el parque escolar, además de las bóvedas señaladas, una parte del hemiciclo, una secuencia de escaleras y el conocido ‘Arco de la Vega’, que en realidad son dos escaleras que se unen en la parte más alta. O al otro lado de la avenida de Carlos III, los pilares que separaban las cárceres, de donde salían los carros para la competición. En el Grupo de Arqueología Romana de la UCLM trabajan en una propuesta de realidad aumentada para recrear el espacio y poder hacerlo más comprensible a los visitantes.

 

Toletum sobrevivió a la crisis del siglo III, que provocó el declive de muchas ciudades del Imperio, y continúo siendo una urbe próspera y utilizando su circo para grandes espectáculos hasta principios del siglo V. Lo atestiguan monedas y cerámicas encontradas en este espacio o ‘El Marfil de Hipólito’, parte de un relieve tardoromano de una silla portátil de algún alto mandatario que asistiera a los espectáculos.

 

Esta pieza se conserva en el Museo de Santa Cruz de Toledo, al igual que los dos mosaicos datados en el siglo III de una villa romana localizada en el recinto de la Fábrica de Armas: el de ‘Las cuatro estaciones’ y otro octogonal que decoraba una fuente con escenas portuarias. Los vestigios de esta villa, que se descubrieron casualmente por una explosión en la Fábrica de Armas, son inaccesibles al público, como los de otras mansiones y explotaciones agrícolas (pequeños restos de muros, de otros mosaicos, de unas termas domésticas, de un estanque…) que se levantaron en La Vega, en el área suburbana de lo que entonces era la ciudad romana, que se situaba en el actual casco histórico, rodeada por una muralla. En esta zona se han encontrado también restos de diferentes necrópolis.

 

LAS TERMAS ROMANAS. En torno a lo que hoy es la plaza Amador de los Ríos las autoridades de Toletum construyeron en el siglo I unas impresionantes termas públicas, un complejo de ocio que pudo ocupar dos hectáreas, con sus piscinas de agua caliente, templada y fría, sus vestuarios, su palestra al aire libre para practicar ejercicios físicos, sus zonas de descanso y sus tiendas. La escultura de mármol de un torso, de un metro de longitud, hallada hace unos meses durante la rehabilitación de una vivienda en esta plaza, formaba parte de la decoración de estas termas. La pieza, que aún se sigue estudiando, se puede ver ya en la planta baja del Consorcio de Toledo.

 

El torso desnudo se encontró en el entorno del criptopórtico romano descubierto a comienzos de año bajo la calle Navarro Ledesma. Se trata de una galería abovedada de 6 metros desde donde los esclavos alimentarían los hornos para calentar las termas. Soledad Sánchez Chiquito, directora de Gestión Patrimonial del Consorcio, prefiere esperar a que termine la investigación para dar detalles, pero anuncia que cuando finalice “podremos hablar más claramente de cómo era la ciudad romana”. El espacio ya se mostró el pasado julio en una jornada de puertas abiertas y volverá a abrirse cuando finalice su acondicionamiento en unos meses.

 

Restos romanos en el casco histórico comenzaron a descubrirse e investigarse sobre todo a partir de 1985, pero desde el Congreso de 2004 los hallazgos y su importancia han experimentado “un crecimiento exponencial”

 

En otro edificio muy próximo a este, en la tienda de Koker, nos aguarda ya una gran sorpresa bajo el suelo acristalado de todo el comercio. Allí se encontraba un baño de agua caliente de las termas. Podemos ver las arcadas del hipocausto, el sistema de calefacción (algo parecido al suelo radiante de hoy), algunas losas de mármol del solado original y parte de una gran galería subterránea que conduce a ‘los sótanos de Hacienda’. Hasta hace poco se utilizaba para acceder a este otro espacio en una de las rutas del Patrimonio Desconocido del Consorcio, pero problemas en el inmueble impiden, de momento, el acceso. Los ‘sótanos de Hacienda’, a seis metros bajo la calle Alfonso X, son tres galerías abovedadas paralelas y una transversal de mayor tamaño que formaban parte de las canalizaciones de agua del complejo termal.

 

Si regresamos a la plaza Amador de los Ríos, al centro de gestión de recursos culturales del Consorcio de Toledo, descubriremos más vestigios de estas magníficas termas y de las técnicas constructivas tan innovadoras que se emplearon en levantarlas: un arco formado por dovelas graníticas almohadilladas o restos de una galería abovedada construida con hormigón de cal (opus caementicium). Allí se han descrito dos estancias, una de ellas, rectangular, fue una sauna con su hipocausto subterráneo para caldearla. Este espacio se descubrió en 1986 y el Consorcio las investigó, recuperó y abrió al público en 2004.

 

 

Y muy cerca de allí, en los sótanos de una pensión situada en el número 19 de la calle Nuncio Viejo, esta misma entidad municipal ha recuperado y acondicionado para las visitas otras tres galerías paralelas que se recorren por pasarelas. Son también conducciones de agua romanas relacionadas con las termas; la central correspondería a una cloaca, y las otras servirían para distribuir aguas limpias. Curiosos los pequeños muros que se utilizaban para filtrar y depurar las aguas. En la primera galería podemos ver, además, una inusual vasija prerromana de cerámica carpetana de considerable tamaño, que debió ser un contenedor de desperdicios y repleta de ellos fue descubierta. Este espacio solo se puede visitar con la ruta de Patrimonio Desconocido.

 

El circo romano de Toledo

 

LAS CUEVAS DE HÉRCULES. Al margen de las fantásticas leyendas que las rodean, son en realidad una gran cisterna romana del siglo I que se conserva tal cual se construyó. Este depósito de agua rectangular, revestido con grandes sillares de granito, mide 11,5 metros de largo, 6 de ancho y 4 de alto. Cuando el Consorcio compró hace unos años el inmueble donde se encuentra la mitad de la cisterna estaba prácticamente cubierta de tierras y escombros. Desde 2010 se puede visitar esa mitad del espacio (unos enormes espejos le dan más amplitud y permiten hacerse una idea de sus mayores dimensiones); la otra mitad, separada por tres arcos, se encuentra en una vivienda privada, cuyos propietarios la abrieron al público un tiempo y ahora la mantienen cerrada con la obligación de conservarla tal cual.

 

Parte también del complejo sistema hidráulico de Toletum fue el acueducto de 38 kilómetros que traía agua a la ciudad desde los Montes de Toledo, ante la imposibilidad de subirla desde el Tajo que tenían tan próximo. Podemos ver algún resto a un lado y otro en las laderas sobre el Tajo, a la altura de Doce Cantos o en el mirador de inicio de la senda ecológica, cerca del puente de Alcántara.

 

En 2006 se descubrió casualmente otro importante vestigio de la ciudad romana: un tramo de siete metros de longitud y cuatro de ancho de una calle, con sus grandes losas en muy buen estado de conservación. Se encuentra junto a la mezquita del Cristo de la Luz y discurre paralelo a la calle por donde se accede a este monumento y desde donde se ve fácilmente. Curioso como la edificación se levantó sobre esta vía, que esconde debajo una cloaca. En este tramo se encontraría una de las puertas de acceso a la ciudad, coincidiendo con el cardo máximo (la calle principal), sostiene Rebeca Rubio. Se han encontrado también algunos tramos de calzada romana en el recinto de la Academia de Infantería.

 

Y en este mismo área del casco histórico, junto a la Puerta del Sol, los arqueólogos han localizado restos de una de las torres (no es posible verla) de la muralla romana, cuya cimentación sostiene parte de la zona norte de la actual muralla medieval. También en algunas viviendas de la calle Honda, en las Covachuelas, se han encontrado restos del anfiteatro semicircular, aunque aún no se ha podido profundizar en su investigación.

 

 

‘EL TOLEDO ROMANO’ EN EL CASCO HISTÓRICO

 

Este proyecto de investigación, recuperación y puesta en valor de la huella romana en el casco histórico (donde se encontraba el núcleo urbano de Toletum), desarrollado por el Consorcio de Toledo desde 2001, ha permitido “un avance exponencial sobre el conocimiento de la ciudad romana”, señala la directora de Gestión Patrimonial, Soledad Sánchez Chiquito. En 2004 el Consorcio organizó un Congreso para recopilar y valorar los hallazgos romanos descubiertos hasta entonces, casi todos desde 1985, cuando la ley estableció controles arqueológicos más exhaustivos. “Fue una revisión de todo lo que se había hecho y publicado y una llamada de atención”, explica la directora.

 

La publicación de las conclusiones, con una recopilación planimétrica y un plano arqueológico de todos los vestigios, sigue siendo una referencia (la edición está agotada) y ha permitido una mejor planificación y éxito de las intervenciones posteriores. La primera del Consorcio fue en las termas, en el espacio que también se acondicionó como centro de gestión de recursos culturales y cuyo uso les fue cedido 25 años por los propietarios. Fue el primer vestigio romano del casco histórico que se abrió a las visitas en 2004 y que, por su importancia, orientó nuevas actuaciones arqueológicas en el entorno, ir relacionando unas con otras y descubriendo este impresionante complejo de ocio y parte de la red hidráulica de la ciudad.

 

Casi todas las intervenciones se han realizado aprovechando las obras de rehabilitación solicitadas por los vecinos. El Consorcio las subvenciona y las investiga. Así se descubrió hace unos años que bajo la tienda de Koker, donde el propietario quería construirse un garaje, se encontraba un baño de agua caliente del complejo termal y una galería que conducía a los sótanos de Hacienda.

 

En otras ocasiones esta entidad municipal ha comprado los inmuebles por su potencial arqueológico. Fue el caso de las Cuevas de Hércules, que además de la cisterna romana casi intacta en el sótano, conserva importantes restos visigodos en la fachada y de la mezquita e iglesia que fue posteriormente. La importancia de Toledo a lo largo de la historia explica que estructuras y materiales se hayan estado reutilizando de una época a otra. “El circo romano, explica Rebeca Rubio, fue durante mucho tiempo la gran cantera de Toledo”.

 

 

CÓMO VISITARLO

 

El Consorcio de Toledo ofrece una ruta guiada y gratuita los jueves por la tarde para conocer los restos de la tienda de Koker, las cuevas de Hércules y las galerías de Nuncio Viejo, 19. Hay que reservar en el tfn 925 25 30 80 o en el centro de gestión de la plaza Amador de los Ríos, donde también se pueden ver restos muy importantes, los primeros visitables, del complejo termal. De 10 a 14h y de 17 a 21h. Las cuevas de Hércules se pueden visitar por libre de 12 a 14 y de 18 a 19h de martes a sábado. Y, también, con las rutas saludables del Consorcio, previa reserva en el tfn anterior.