¿Qué hay de lo mío?

Después del paro, de la situación económica y de la corrupción, el cuarto problema que en mayor medida identifican los ciudadanos son los políticos y los partidos políticos. Lo vuelve a constar el barómetro del CIS de abril. No es extraño: los políticos que nos gobiernan y los que nos desgobiernan son los responsables -por acción o por omisión- de la gestión que se hace de la economía, del reparto de la riqueza generada, del bienestar social de un territorio…

 

El episodio del rechazo a los Presupuestos Generales de Castilla-La Mancha presentados para 2017 es un buen ejemplo del vodevil político que tanto daño causa a la imagen de los partidos. Por resumir el cuento, el sorpresivo no a los presupuestos en el último momento por parte de los dos diputados de Podemos, que habían negociado el sí tras aceptarse su condición de incluir un Plan de Garantías Ciudadanas, dejó en minoría al gobierno socialista y mandó al cajón el trabajo de muchos meses y las expectativas generadas en numerosos colectivos. Podemos, con sólo dos representantes en las Cortes, ejerció de fuerza aplastante y el PP, con la mayoría de diputados -16- no ha podido disimular, desde entonces, su regocijo por este revés al Ejecutivo socialista.

 

Lo peor ha sucedido: la inestabilidad política. El Gobierno ha optado por una gran terapia de grupo, reuniéndose con decenas de organizaciones, colectivos, sindicatos, asociaciones de toda índole, etc. para hablar de las consecuencias que el rechazo a los presupuestos presentados tiene para el ciudadano de a pie. Ha dado en el clavo, sabiendo que lejos de las generalidades y del bien común, lo que cala es el eterno ¿qué hay de lo mío?. Y había muchos “míos” comprometidos en estas cuentas, que sin ser expansivas -más bien austeras-, sí repartían algunos millones de euros en mejoras para la vida de los ciudadanos suprimidas durante la era ‘Cospedal’.

 

Lo decía muy expresivamente meses atrás el presidente de Asaja de Castilla-La Mancha, Fernando Villena, “somos muchos pobres llamando a la misma puerta”, en alusión a que tras años de sequía (presupuestaria) se abría una puerta a la llegada de ayudas que no habían estado entre las prioridades del gasto público.

 

Decía hace poco en Toledo el profesor y conferenciante Leopoldo Abadía que había llegado “la hora de los sensatos” y el momento de “exigir a los políticos que definan sus prioridades”. Realmente no estamos para perder tiempo con desencuentros, porque nos guste o no Castilla-La Mancha sigue teniendo un desempleo por encima del 22% (con muchas comarcas superando el 30%), una desigualdad por encima de la media, una renta per capita muy por debajo de la media española… Los problemas nos unen, las soluciones no deben seguir separándonos.

Prado López Galán
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