Promesas de felicidad

Si un gobernante pide sacrificio a la ciudadanía la cosa parece seria, si le promete felicidad no hay quien se lo crea. La guasa se ha desatado con la idea del municipio de Oia, en Pontevedra, de crear la Concejalía de la Felicidad, la primera de España.

 

Mucho choteo hubo cuando Ecuador introdujo en su estructura de gobierno la Secretaría del Buen Vivir o el de Venezuela el viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo. Entre los Estados veteranos en legislar para la felicidad del pueblo está el reino de Bután, en el Himalaya, que ya hace más de treinta años creó el indicador para medir, no la riqueza, sino la felicidad, con el FBI (Felicidad Interior Bruta) y a día de hoy sigue contando con un ministerio de la Felicidad.

 

 

Hasta ahora, lo más progresista en nuestra sociedad occidental ha sido el estado de bienestar, con políticas que, en mayor o menor medida, han velado por dar un mínimo de garantías públicas en salud, educación y protección social. Con la depresión económica que arrancó en 2008 los gobiernos conservadores pusieron en peligro, cuando más se necesitaba, el sistema público de garantías.

 

Se impuso el relato del sacrificio y los recortes y las consecuencias aún las arrastramos. Tomémonos ahora en serio las promesas de felicidad.

 

Sin llegar a prometer felicidad, el gobierno de Castilla-La Mancha incorpora una viceconsejería de Empleo, Diálogo Social y Bienestar Laboral. Habrá que suponer que la intención es intervenir, con la complicidad de los agentes sociales, en el mercado laboral, que hasta ahora campa a sus anchas generando trabajos precarios, mal pagados, temporales…

 

Y no se debería renunciar al pleno empleo, porque no hay que olvidar que pese a que en junio, con 163.325 parados, ya se logró el mejor dato para el empleo desde hace once años, aún hay un 18% de la población activa sin trabajo; tampoco hay que olvidar que casi 90.000 parados de la región no cobran ninguna prestación social y se las apañan como pueden; o que el 16% de los trabajadores está en el umbral de la pobreza; o que siete de cada diez trabajadores con contratos a tiempo parcial lo son a la fuerza, no para conciliar su vida laboral y familiar.

 

El Bienestar Laboral también tendrá que poner freno a la insoportable siniestralidad en el trabajo que padece Castilla-La Mancha, a la cabeza nacional de índice de accidentes. En lo que va de año ya han muerto 16 trabajadores y más de un centenar han quedado gravemente heridos. Buena noticia es el empeño de gobierno, organizaciones sindicales y patronales en hablar, negociar y entenderse por el bien común. Un buen comienzo para hablar de felicidad.

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Prado López Galán

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