Postureo ambiental

«Si sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, estás peor que antes”, advertía Confucio hace 2.500 años. Pero el tiempo se pasa volando y todas las sociedades parecemos tener en común la manía de procrastinar, una fea palabra para definir la costumbre de posponer los deberes de manera reiterada.

 

Ya estamos en emergencia climática. Nos han convencido los cada vez más frecuentes y virulentos fenómenos climáticos: olas de calor, lluvias torrenciales, sequías, plagas, récords de temperaturas… También sabemos que hay que actuar con urgencia y con contundencia si se quiere frenar la destrucción del planeta. ¿Estamos dispuestos a renunciar a nuestro modo de vida actual, basado en un consumo voraz? ¿Estamos dispuestos a anteponer el medio ambiente a la economía?

 

En una encuesta ciudadana realizada el pasado año para incorporar sus resultados al “Estudio sobre efectos constatados del cambio climático en Castilla-La Mancha”, el 93% de los encuestados de la región admitía que el cambio climático era el causante de grandes daños en nuestro territorio, principalmente por la escasez de agua, el aumento de la desertificación y el incremento de fenómenos extremos. Sin embargo, sólo el 51% consideraba el cambio climático un problema grave, en cualquier caso, no tanto como el paro o la situación económica.

 

Las acciones contra el cambio climático que implican un ahorro económico personal son las más fáciles de adoptar, como reducir el consumo energético; o las que sin incomodar demasiado nos dan una apariencia de compromiso y responsabilidad, como el reciclado. Entre los responsables políticos ocurre algo parecido: hay más postureo ambiental que decisiones de calado. Gestionar la escasez de agua, frenar la actividad industrial más contaminante, racionalizar el transporte o poner límites a grandes empresas son deberes urgentes con un alto coste económico y político.

 

En este contexto, el Gobierno de Castilla-La Mancha acaba de dar una de cal y otra de arena. Por una parte, ha creado una nueva consejería, a la que ha llamado de Desarrollo Sostenible, con una viceconsejería de Medio Ambiente y cinco direcciones generales (Medio Natural y Biodiversidad, Transición Energética, Cohesión Territorial, Agenda 2030 y Consumo y Economía Circular).

 

El consejero responsable, José Luis Escudero, dice que esta consejería nace “para que Castilla-La Mancha lidere la lucha contra el cambio climático y para impregnar del concepto de sostenibilidad todas las políticas de la región”. Sin embargo, el más grave problema ambiental de la región, la escasez de agua, queda fuera de esta consejería.

 

La gestión del agua se deja en manos de la de Agricultura y Desarrollo Rural, con una clara intención. Ya se anticipa que la ‘guerra del agua’ también se librará en casa.

 

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Prado López Galán

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