Plagas 2.0

En los últimos años se han instalado en los campos castellano-manchegos nuevas plagas y enfermedades con consecuencias nefastas para los cultivos. Uno de los hongos más extendidos es la roya amarilla, que se manifiesta en cualquier estado fenológico del cultivo mediante pústulas alargadas en el haz de la hoja afectando, fundamentalmente a los trigos y triticales. Sin embargo, se ha comprobado que son capaces de recombinar los genes permitiendo su adaptación a la genética de las variedades cultivadas, afectando también a la cebada, el centeno y muchas otras gramíneas cultivadas o silvestres.

 

La adaptación genética ha dado como resultado nuevas versiones de plagas (Plagas 2.0), que se adaptan con virulencia a las poblaciones locales y a las condiciones climáticas y muestran una evidencia clara de incremento de agresividad, dando como resultado pérdidas de producción de hasta el 100% de la cosecha, tal como se observó en los ensayos de recomendación varietal del Instituto de Investigación de la Generalitat de Catalunya en Girona.

 

Los tratamientos fitosanitarios permitidos no terminan con algunas plagas, pues se ha demostrado que son prácticamente imposibles de erradicar, puesto que cada vez son más resistentes e invasivos. Sin embargo, se ha constatado que una práctica agronómica tradicional como la quema de rastrojos, es más efectiva para la lucha contra estas plagas. Tradicionalmente, la quema de rastrojos permitía una limpieza sencilla y eficaz de residuos vegetales que de lo contrario se convertían en reservorios de plagas y enfermedades. Realizada correctamente, con los medios de prevención adecuados, solo ofrecía ventajas, no sólo para la agricultura, sino también para la naturaleza y el medio rural. De hecho, continúa siendo un método puntero en países como EEUU donde las quemas siguen siendo herramienta muy valorada en la agricultura.

 

Estas ventajas del sistema no sólo las defienden los agricultores, también las corrobora un informe de la Universidad de Navarra, en el que se defiende que la eliminación con fuego de los rastrojos en linderas, cunetas, arroyos o pastos primero mejora las condiciones agronómicas de la agricultura y ganadería, y es mucho menos contaminante que el uso reiterado de herbicidas fungicidas e insecticidas. Además, no perjudica a la caza pues esas zonas que no se empacan sirven de reservorio para distintas especies de interés cinegético, e incluso, sirve como prevención de incendios pues se crean espacios que actúan de cortafuegos. Sin embargo, la mayoría de los agricultores no pueden quemar rastrojos.

 

Esto se debe a que los productores que perciben ayudas europeas de la Política Agraria Común (PAC) están obligados a cumplir la normativa de condicionalidad, que introduce algunos cambios respecto a cómo proceder con los residuos agrícolas (rastrojos y restos de cosecha) que quedan en el campo. Esta orden contempla la prohibición de quemar rastrojos pero incluye una excepcionalidad por razones fitosanitarias. Desde ASAJA de Castilla-La Mancha, atendiendo a las demandas de nuestros afiliados, hemos solicitado a la Administración que se aplique esta excepción, al igual que otras comunidades autónomas como Andalucía, Extremadura o Castilla y León. De esta forma, reconociendo que hay plagas, se puede permitir la quema controlada de rastrojos, siempre con carácter excepcional, con los requisitos oportunos y respetando la normativa de prevención y lucha contra los incendios forestales.

 

El único objetivo es favorecer la lucha contra enfermedades y malas hierbas que están afectando a los cultivos de la región, que además de ocasionar cuantiosas pérdidas de producción, y por consiguiente económicas, hay que añadir el aumento de costes por los tratamientos fitosanitarios que, en la mayoría de las ocasiones, no termina con el problema. Así que si hablamos de utilizar fitosanitarios versus quemar rastrojos, se nos plantea una cuestión y una reflexión.

 

Por un lado, arrojar fitosanitarios, ¿ayuda a conservar el medio ambiente? ¿Eso es garantizar el equilibrio medioambiental? Y por otro lado, y a modo concluyente, una consideración: prohibir la quema nos hace pensar que “la cerilla no genera ingresos a la Administración, cosa que sí hacen los herbicidas con los impuestos”. .

José María Fresneda

José María Fresneda

Secretario general ASAJA Castilla-La Mancha
José María Fresneda