Piscineando

NADIE ES PERFECTO. SANTIAGO SASTRE

No me gustan las piscinas en el sentido de que no me atrae bañarme en ellas. Quizá se deba a que no sé nadar con estilo, me tiro a bomba o de cabeza, buceo un poco y enseguida me aburro y me salgo. Es agua enjaulada, detenida, insulsa, empaquetada, reglamentada, domesticada. Me quedo embobado viendo el correr de un río o la viveza de un mar, pero no me atrapa mirar una piscina. Va a ser que no.

 

Sin embargo, me encanta estar cerca de la piscina y bajo a la de mi urba bastantes veces (el año pasado no me bañé ni un solo día). La novedad de este año es que es de agua salada. Yo la veo así más transparente y menos dañina, al no tener cloro, para la piel; me gusta más así. Me atrae estar en bañador (en la película El escritor, el profesor de escritura le recomienda a J. Gutiérrez que cuando vaya a escribir ponga los cojones encima de la mesa y escriba desnudo, algo que hace literalmente en esta desasosegante película, basada en el relato El móvil de J. Cercas), con los pies en alto, pensando, leyendo y escribiendo, que es lo que suelo hacer cuando piscineo.

 

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Santiago Sastre
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