Pedro Román: el artista que surgió del olvido

Fue un artista e intelectual toledano olvidado tras su muerte hace 70 años. Su nieto Lorenzo Adrinal reivindica su legado y está logrando localizar parte de su ingente obra.

 

 

 

Cuando en abril de 1948 murió este pintor, fotógrafo, dibujante, arqueólogo, articulista, profesor de la Escuela de Artes de Toledo, miembro fundador y director de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de esta ciudad y concejal de su ayuntamiento, un extraño y denso velo cubrió la obra y el nombre de un artista que hasta unos años antes había gozado del reconocimiento social y cultural dentro y fuera de Toledo y había mostrado su compromiso con la ciudad en numerosas ocasiones.

 

Su nieto Lorenzo Adrinal recuerda que en las publicaciones de la Real Academia no se escribió a su muerte ni una sola reseña, como era habitual cuando fallecía algún miembro y más un director, y cómo en octubre de aquel mismo año el diario Abc publicaba ya algunas de sus fotos sin mencionarle y atribuyéndolas a la Casa Rodríguez. Adrinal no achaca ese olvido a razones políticas, sino “más bien personales” y no quiere dar más detalles de momento sobre lo que sospecha que ocurrió. Quizá los investigadores que empiezan a interesarse por su figura lo desvelen algún día.

 

Lorenzo Adrinal delante del cuadro de su abuelo que pintó otro académico, Rafael Rodríguez de Arellano.

 

Lo que Lorenzo Adrinal desea por encima de todo es que se conozca y se reconozca la obra artística de su abuelo materno y localizar su abundante obra pictórica y fotográfica, dispersa en colecciones particulares, en anticuarios y en algunas instituciones. En el ayuntamiento de Toledo, en la Diputación provincial o en la Real Academia de la ciudad conservan algunos de sus cuadros.

 

Trabaja en ese empeño desde hace 21 años, desde que, sorprendido por las notas que había dejado su madre escritas, comenzó a intuir que su abuelo materno, aquel señor que había visto en alguna foto y del que siempre le había llamado la atención algún cuadro expuesto en la casa familiar, había sido “alguien importante”.

 

Algunas fotos tienen su réplica exacta en pinturas firmadas por Pedro Román, localizadas por su nieto en una investigación casi detectivesca

 

De Madrid se vino a Toledo con un par de pistas en 1997 y comenzó indagando en un anticuario. Un libro de fotos que encontró en ese establecimiento le dejó perplejo porque reconoció a su familia en algunas de las imágenes que aparecían y que se atribuían al archivo Rodríguez. Más tarde descubriría que en ese fondo, adquirido por la Junta de Comunidades y custodiado en el Archivo Histórico Provincial, había muchas fotos que en realidad había tomado su abuelo. Lo supo a partir de 970 positivos que guardaba la familia, de publicaciones de la época en las que habían aparecido con su firma o su estilo inconfundible.

 

Son decenas de testimonios gráficos que Pedro Román había captado con su cámara desde finales del siglo XIX en las calles de Toledo, de sus paisajes, del Tajo, de la vida cotidiana y de sus gentes, magníficos retratos y escenas infantiles y festivas. Fotos de Alcaraz, el pueblo albaceteño donde había nacido en 1878 y donde vivió hasta que con 12 años se trasladó a Toledo con sus padres. Y fotografió también otras ciudades y costumbres españolas o europeas, como Lisboa.

 

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