Pedro Barato: “Al agua hay que quitarle la ideología”

Pedro Barato en la sede nacional de Asaja, en Madrid.

 

En sus 28 años al frente de la mayor organización agraria del país, ASAJA, Pedro Barato Triguero (Calzada de Calatrava, Ciudad Real, 1959) ha visto pasar a doce ministros españoles de Agricultura y a siete comisarios europeos. Aunque es hombre de tierra adentro, se mueve como pez en el agua tanto a pie de campo -se mantiene activo como agricultor- como en los despachos oficiales de Madrid y Bruselas. Su compromiso con el campo español ha sido reconocido con la Gran Cruz de la Orden al Mérito Agrario, Pesquero y Alimentario que concede el Gobierno de España.

 

AQUÍ: En casi tres décadas presidiendo Asaja, ha vivido en primera línea el paso de una agricultura del siglo XX al siglo XXI, de un campo nacionalizado a un campo europeizado. Grandes transformaciones que no han solucionado viejos problemas.

 

PEDRO BARATO: Sí, se ha evolucionado un poquito, pero desde mi punto de vista falta aún el factor determinante para lograr una agricultura del siglo XXI: el agua. Se ha hecho en este país una transformación muy grande en carreteras, autovías, autopistas, puertos, aeropuertos… pero queda pendiente la gran obra de infraestructura que vertebre este país en materia de agua, no sólo para la agricultura, también para las personas. ¿Hay agua en España? Sí, pero hay que verlo con un concepto de Estado. Al agua hay que quitarle la ideología, no puede tenerla. Los gobernantes tienen que ser responsables con el agua porque ésta ha sido a lo largo de las civilizaciones un factor de enfrentamiento.

 

AQUÍ: Un enfrentamiento territorial que se ha recrudecido entre Castilla-La Mancha y Murcia a costa del trasvase Tajo-Segura. ¿Qué solución de consenso aporta Asaja para los agricultores castellano-manchegos y para los del Levante?

 

P. BARATO: No he tenido ni un solo problema en el territorio nacional en materia de agua. Mi discurso nunca va a propiciar enfrentamientos entre regiones, siempre ha sido el mismo en Murcia, en Castilla-La Mancha, en Valencia o en Zaragoza. Yo creía y defendí el Plan Hidrológico Nacional, porque era la vertebración, pero fue una gran oportunidad que se dejó pasar porque se utilizó demagógica y políticamente. Si se utiliza agua de un territorio cuando sobra y antes has hecho las obras de infraestructuras que ese territorio necesita no debe de haber ningún problema. Yo no voy a entrar en si tiene razón Murcia o Castilla-la Mancha, tan jodido es para el agricultor de Castilla-La Mancha ver pasar el trasvase, no poder coger agua de él, hacer un pozo y que le multen, que es sangrante, como cortarles a los de Murcia el trasvase de golpe. Defiendo una política de Estado para el agua, con inversiones nacionales; dejemos ya de enredar y vertebremos España hidrológicamente. O hay agua para todos y nuestro campo tiene futuro o no hay agua y a morir por dios. Hoy tenemos en España 11 millones de hectáreas de secano y 3’5 millones de hectáreas de regadío, estas últimas suman juntas más en valor que las 11 de secano.

 

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