Pastorcillos

«Pastores venid, pastores llegad”, dice uno de los villancicos que se escuchan por los altavoces todas las navidades. Y es que los pastores se convierten estos días en protagonistas de nuestras vidas, aunque, lamentablemente, rememoramos los de hace 2020 años, pero nos olvidamos de los pastores, de los ganaderos y de los agricultores de hoy.

 

Por eso, quiero hacer un llamamiento a la sociedad para que, en estas fiestas, nos acordemos de que, si ellos no trabajan, tú no comes. El consumo de productos cercanos repercutirá en un bien para todos. Las grandes industrias y las multinacionales influyen en nuestras decisiones, ocultándonos sus verdaderos intereses y los beneficios que tiene la contribución del consumo de productos cercanos.

 

No obstante, ya existen estudios que demuestran que a los ciudadanos nos preocupa más la alimentación que hace años, y que estaríamos dispuestos a pagar un poco más por los alimentos nacionales, aunque consideramos que no disponemos de la información suficiente sobre los productos que consumimos. Dicho esto, veamos los beneficios económicos, sociales y medioambientales del consumo de productos de nuestra tierra, así como las ventajas de calidad y seguridad alimentaria que ello supone.

 

Tomar conciencia contribuye a desarrollar la economía de nuestra zona geográfica. De hecho, casi el 10% del Valor Actual Bruto (VAB) del país corresponde a la actividad agraria, además de que supone 2 millones de puestos de trabajo. En cuanto a los beneficios sociales, hablamos de crear empleo en zonas desfavorecidas, de preservar una profesión y cultura milenaria que es parte de nuestra identidad y, dicho sea de paso, de asegurarnos que se han producido bajo unas condiciones de trabajo dignas, de las que algunos países terceros carecen.

 

Sobre los factores medioambientales, más allá del ahorro de transportes e intermediarios, nuestra agricultura está altamente comprometida con el medio ambiente. El avance en la eficiencia de la producción agrícola ha reducido las emisiones de gases de efecto invernadero en un 24% desde 1990 y ha optimizado el uso de fertilizantes. Además, la agricultura española cada vez consume menos agua y energía y evita la erosión del suelo. En definitiva, nuestra agricultura y ganadería es cada vez más sostenible.

 

A propósito de la sostenibilidad, nació la Alianza por una Agricultura Sostenible, ALAS, una agrupación de entidades del sector productor español, entre la que figura ASAJA, surgida para manifestar su apoyo a los modelos de agricultura productiva sosteniblemente intensificada. Así que no me queda la menor duda, de que nuestro sector productor está haciendo bien las cosas. Gran parte del mérito se debe a los agricultores y ganaderos, que han puesto en práctica los avances en las técnicas y tecnologías de producción durante las últimas décadas. Ello ha supuesto un incremento de los rendimientos y mejora de la eficacia productiva, lo que ha revertido en unos alimentos con precios más accesibles para los consumidores.

 

Lamentablemente, algunas industrias se aprovechan de ello, e intentan que los precios que pagan a los productores crucen la delgada línea roja y no cubran ni los costes de producción. Malas prácticas como la venta a pérdidas o una posición de dominio de la industria y la distribución sobre el sector primario, provocan estragos en los bolsillos de los agricultores y ganaderos, además de desestabilizar toda la cadena agroalimentaria.

 

La demanda de productos cercanos repercute también en un precio más competitivo, y este es otro de los motivos por los que debemos tomar conciencia del consumo responsable. Por otro lado, hoy en día nuestra agricultura nos proporciona una dieta más abundante y más variada que la de nuestros abuelos, pero también alimentos con más calidad y con muchas más garantías de seguridad para los consumidores. Hemos de saber que muchos de los productos alimentarios importados de terceros países apenas pasan los debidos controles sanitarios, además del uso de pesticidas y fitosanitarios que nuestro país tiene prohibidos. Así pues, no solo estamos hablando de factores importantes como la economía o el medio ambiente, sino también de cuestiones tan relevante como la propia salud.

 

Así que nos sobran los motivos para que, estas navidades, compremos productos cercanos. En Castilla-La Mancha contamos con gran diversidad de productos de indiscutible calidad que harán las delicias de los paladares más exquisitos: cordero, vinos, aceites, quesos, azafrán, miel, berenjenas, ajos, jamón, pan…, alimentos con prestigio nacional e internacional. Nuestra región cuenta con un elevado número de productos amparados por una figura de calidad. En concreto, 43. Y estoy convencido de que es el mejor de los regalos para los comensales, pero también para el futuro de los agricultores y ganaderos castellano-manchegos. Buen provecho y felices fiestas.

 

    

José María Fresneda

Secretario general ASAJA Castilla-La Mancha
José María Fresneda

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