La pintura de Pablo Sanguino

El artista toledano sigue sorprendiendo y cosechando éxitos. Su última exposición gustó tanto que se prorrogó dos meses.

 

 

Entrar en el estudio de este gran pintor y ceramista, anticuario también durante muchos años de profesión, en el casco histórico de Toledo, es sumergirse en una abrumadora colección de arte. Algunos de sus lienzos de gran formato suspendidos en las paredes. Los vemos en enormes álbumes sobre una mesa perfectamente ordenados, enmarcados contra las paredes, está la serie en la que está trabajando con pasión ahora, están sus pinturas, sus pinceles bien dispuestos, un par de abanicos por terminar, están sus cerámicas en las estanterías repletas también de libros, uno de los primeros “botijitos” que su tío Mauricio Sanguino, el gran ceramista, su maestro, le pedía hacer en sus inicios.

 

Y están otras muchas obras, muchas, de artistas, algunos amigos, a los que admira tanto. La fascinación de Sanguino por el arte, por el clásico y por el de su tiempo, lo envuelve todo y ha determinado su trabajo. “Mi trayectoria ha estado un poquito al dictado de los gigantes españoles que han sido muchos, pero básicamente Picasso, Miró, Dalí, Tapies. España tiene un tesoro artístico, ha dado los mejores pintores a la cultura del siglo XX y los sigue dando. El Grupo el Paso, la Escuela de Vallecas... Quizá ahora aprecio con pena cierto desinterés entre los jóvenes hacia esas vanguardias; pero ahí está mi base, en mi admiración por ellos”.

 

“Lo que he pretendido siempre es hacer una obra bonita y de mi tiempo, aportar algo divertido. A mí me gusta mucho comunicar con todo el mundo, no creo para una élite”

 

A algunos los conoció. “Por el taller de cerámica de mi tío Mauricio Sanguino, que era un hombre muy creativo y muy inteligente, pasaba toda la intelectualidad española de los años 50 y 60, que venía muchísimo a Toledo porque la ciudad les resultaba muy atractiva y a nuestro taller porque era muy vivo, precioso, en el Valle; para ellos era un regalo ese escenario con Toledo al fondo.

 

Dalí llegó un día con Amada Lear, con esos números que montaba él cuando estaba la prensa. Le mirábamos y decíamos… ¿pero este hombre? Pero luego era muy normal, un genio del marketing que pintaba de maravilla. Y venía muchísimo Benjamín Palencia, que era un hombre muy entrañable y nos llevaba a pintar con él por los alrededores del taller. O Rafael Zabaleta cuando éramos muy niños.

 

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