Tres paseos bajo las hayas

 

Desde el pasado mes de julio el hayedo de Tejera Negra, excepcional por conservarse tan al sur de Europa, es Patrimonio de la Humanidad, incluido como bien natural en la lista de hayedos primigenios de los Cárpatos y otras regiones de Europa por la UNESCO. El bosque se torna mágico en otoño, cuando la luz intensa que se cuela entre las hojas rojas, ocres y amarillas recrea una atmósfera irreal.

 

Un microclima húmedo, muy parecido al del centro de Europa, con lluvias frecuentes (1.000 mm de media al año), veranos frescos y nublados e inviernos muy fríos durante los que el bosque permanece cubierto por la nieve durante semanas, han permitido que en un rincón de la vertiente este del macizo de Ayllón, en la Sierra Norte de Guadalajara, sobreviva uno de los dos hayedos más meridionales del continente. Y eso es lo que lo hace excepcional, al igual que a otros dos muy próximos: el de Riofrío en Segovia y el de Montejo en la Sierra de Madrid.

 

En las áreas más inaccesibles sobreviven hayas con 300 años, pero la mayoría son jóvenes, han rebrotado a partir de los tocones que quedaron tras la tala masiva realizada en los 60 para obtener madera y carbón; tan devastadora como la realizada un siglo antes

 

Es ahora, a principios de otoño, sobre todo si el verano ha sido muy seco, cuando el verde claro de las hojas de las hayas que cubren y oscurecen el bosque desde mayo estalla en una amplísima gama multicolor de ocres, de rojos, naranjas y amarillos que van ganando terreno al verdor de las copas y, al ir cayendo, van dejando pasar los rayos del sol que iluminan el bosque con una calidez casi de cuento.

 

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