Operación amnesia

El debate abierto en torno a las próximas elecciones generales del 26-J parece girar en torno a los pactos post-electorales y a la correlación de fuerzas entre el PSOE y la nueva coalición Unidos Podemos.

Curiosamente, han desaparecido del debate tanto las actitudes de bloqueo de algunas fuerzas políticas durante los últimos meses para la conformación de gobierno, como cualquier referencia a los efectos tremendos de las políticas del PP a lo largo de su legislatura.

 

Cualquier campaña electoral mínimamente rigurosa debiera abordarse desde la exigencia de la rendición de cuentas del Gobierno. Un ejecutivo con mayoría absoluta presidido por Mariano Rajoy que se presenta ahora ante la ciudadanía como un gestor eficiente ungido por las mejores dotes de sentido común, cercanía y moderación. Pero, particularmente, pretendiendo hacernos creer que el país y la situación económica se han encarrilado gracias a su gestión y que España se encamina por la senda del crecimiento y el empleo dejando atrás la crisis y sus terribles efectos sociales. En definitiva, una gran operación de camuflaje que pretende eludir la realidad de la grave crisis social que su gestión ha provocado y que afecta a millones de personas.

 

De qué presume Rajoy en un país donde el paro todavía supera el 20% de la población activa: en cuatro años no se ha conseguido bajar el paro de los cinco millones, siendo más de la mitad parados de larga duración y que carecen de protección social. La reforma laboral no ha servido para crear más empleo y el que se ha creado ha sido más precario y peor pagado, incrementando la desigualdad y la pobreza en la que, hoy, se encuentran el 15% de los trabajadores con empleo; en 2014 había en España 13,4 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social alcanzando la pobreza severa a 3,2 millones de personas, el 6,85% de la población.

 

No podemos amnistiar a quien camuflado de “moderación y sentido común” volvería a perpetrar una agenda contra la mayoría social.

 

La devaluación de los salarios propiciada por la reforma laboral ha supuesto que los salarios del 10% de los trabajadores que los tenían más bajos cayeran nada menos que un 25,6%. La hucha de las pensiones ha disminuido a menos de la mitad pasando de 66.815 millones en 2011 a 32.481 a finales del 2015, y esto hace necesario, por tanto, que se aborden de inmediato nuevos mecanismos de financiación del sistema. Más de la mitad de los jóvenes o están parados o sufren la precariedad, teniendo que iniciar en muchos casos el camino de la emigración, ya que España se ha convertido en un país sin oportunidades.

 

Y en este contexto la UE amenaza con multar a España por incumplimiento del déficit en 2015, 5,2% del PIB; el pretendido milagro económico de Rajoy del que tanto presume y por el cual se han justificado innumerables recortes se ha tornado, una vez más, humo e incumplimientos, situando en el horizonte del nuevo gobierno entrante un ajuste adicional por encima de los 10.000 millones y con una previsión de crecimiento que se ralentiza en torno a un 2,3% para 2017.

 

Pero a pesar de esta herencia económica, nos volvemos a encontrar con una nueva maniobra torticera anunciando nuevas rebajas de impuestos en un país que lo que realmente necesita es una profunda reforma fiscal que restaure la progresividad de nuestro sistema impositivo, combata la elusión fiscal y el fraude y proporcione los ingresos suficientes para garantizar los servicios públicos y la inversión. Y eso teniendo en cuenta que la diferencia de presión fiscal respecto a la media de la UE es de ocho puntos porcentuales menos, una cifra que ronda los 85.000 millones de euros.

 

Este análisis de la acción del gobierno sería incompleto si no mencionáramos la corrupción; una corrupción estructural auspiciada cuando no organizada por el PP y donde su máximo responsable elude sistemáticamente responsabilidad política alguna.

 

Se trataría, por tanto, en esta campaña de analizar y contrastar no solo las propuestas de las formaciones políticas y su actitud ante la formación de gobierno que, por supuesto, deben ser evaluadas, y de no olvidar los efectos perversos de la política de una derecha representada por el PP que tardarán años en superarse y que pretende travestirse de moderación.

 

Los ciudadanos tenemos la última palabra; a pesar de la desafección, de la fragmentación de la izquierda, de las insuficiencias de los proyectos, de sus líderes, no podemos perpetuar este estado de cosas y amnistiar a quien camuflado de “moderación y sentido común” volvería a perpetrar una agenda contra la mayoría social.

    

Juan Jose Gonzalez

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