Nueva vida para las momias de San Andrés

En 1953, el periódico el Alcázar de Toledo publicaba un artículo sobre las momias de San Andrés en el que se especulaba -como el resto de la vecindad y los turistas- sobre su origen, causa de la muerte y otros misterios, para concluir con el deseo de que “tal vez algunos sabios de buena voluntad nos descifren este enigma...” 65 años después, un equipo multidisciplinar dirigido por el antropólogo forense Francisco Etxeberría ha descifrado el enigma y ha propiciado una nueva vida a las momias de San Andrés, que ya están listas para salir a la luz pública.

 

Los desastres de la guerra, el hambre y las enfermedades formaban parte de la vida cotidiana de los poco más de 12.000 habitantes que tenía la ciudad de Toledo en los primeros años del siglo XIX. El caos generado por las tropas francesas -que entre 1808 y 1813 entraban y salían de Toledo arrasando, deteriorando el patrimonio y atemorizando a los vecinos-, la carestía de alimentos por una sucesión de malas cosechas y la inestabilidad política alteraron la vida de la ciudad.

 

En este ambiente hostil y turbulento, unos 60 difuntos de la época fueron depositados -parece ser que deprisa y corriendo- en la cripta de la iglesia de San Andrés. Lo que ocurrió allí dentro fue que nada ocurrió. El microclima de la cripta, extremadamente seco, deshidrató los cuerpos e impidió el proceso natural de descomposición, provocando una momificación natural.

 

Las escenas casi teatrales que compusieron el más de medio centenar de cadáveres de hombres, mujeres y niños, en diversas posiciones y con sus diferentes ropajes y aderezos, han alentado desde inicios del siglo XX leyendas, bulos e historias de miedo para los turistas en torno a las conocidas como ‘Momias de San Andrés’.

 

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