Nueva economía, vieja explotación

«Nosotros venimos del futuro y traemos malas noticias”; éste es el mensaje que a través de los canales digitales lanzan los turkers, que no son marcianos, pero sí vienen de un mundo nuevo. El futuro ya está aquí y no es lo que esperábamos, o dicho en palabras del escritor Ernesto Sábato, “nuestras esperanzas se han convertido en torpes realidades” (‘Abaddón, el exterminador’).

 

La automatización, la robotización, la digitalización y la inteligencia artificial van tomando el control de la economía y, aunque mejoran y facilitan nuestra vida en muchos sentidos, van dejando sin sentido el concepto tradicional de mano de obra y van diluyendo el derecho del trabajo y al trabajo.

 

Porque la mala noticia que traen los turkers -trabajadores online que hacen tareas repetitivas para plataformas digitales a un precio irrisorio y a destajo-es la precariedad laboral. Son los primeros en haber visto el lado oscuro de la tecnología: el trabajador es la pieza más irrelevante. Y no es una crisis de obreros o de gente poco formada; también lo es para los profesionales más cualificados y para miles de autónomos y empresas de los más diversos sectores.

 

Recientemente, el Decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Cas- tilla la Mancha, Eusebio García Coronado, difundía un artículo de opinión en el que denunciaba que “ya no hay lugar para los autónomos, los profesionales liberales, los comerciantes y los pequeños y medianos empresarios, que constituyen el 90% de la fuerza productiva de nuestra región, y del país, a no ser que acepten un régimen de esclavitud y precariedad impropios del siglo XXI…”.

 

A esto ya hay quien le llama ‘tecnopesimismo’, pero la realidad es que cada vez hay menos trabajo, pese a ser éste la única vía que tiene la mayoría de los ciudadanos para acceder a ingresos y para participar en la vida económica y social. Y cada vez son más los profesionales que no pueden competir con las nuevas plataformas, que avanzan a un ritmo imposible de seguir por las legislaciones laborales y fiscales.

 

Entre quienes sí han encontrado su hueco en la nueva economía digital ya empiezan a darse muestras de fatiga y el suflé del entusiasmo inicial ha ido bajando. La jornada 24/7 que se impone en no pocas tecnológicas (disponibilidad y conexión las 24 horas los 7 días de la semana) es lo que parece: esclavitud.

 

Quienes piensan lo advierten, y entre los pensadores el que mejor lo resumió fue Zygmunt Bauman: “El progreso ha dejado de ser un discurso que habla de mejorar la vida de todos para convertirse en un discurso de supervivencia personal”.

    

Prado López Galán

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