No sabemos si dar o pedir

A Juan le ha tocado una pedrea en la lotería del mercado laboral. Es uno de esos miles de contratos navideños para un mes y con un salario de 655 euros. Algo es algo. No sabe si dar las gracias o protestar acudiendo a las manifestaciones convocadas por los sindicatos contra la precariedad laboral.

 

Tan confusos están los tiempos para las clases medias o demediadas que hay ya muchos que no saben de que lado han de ponerse, si en el de dar o en el de pedir. La consejera de Bienestar Social de Castilla-La Mancha, Aurelia Sánchez, reconoce en una entrevista que se publica en estas páginas que el plan contra la pobreza energética surgió después de comprobar como muchas familias ‘corrientes’ dejaban de poner la calefacción durante todo el invierno para no tener que privarse de otras cosas más necesarias.

 

Y eso en los mejores casos, porque son muchos los que no tienen ni para comer ni para pagarse una vivienda digna. Estas últimas semanas es frecuente ver frente a las largas colas de los supermercados voluntarios del Banco de Alimentos o de Cáritas que nos piden donar comida para los que no pueden llenar su cesta de la compra, que son demasiados para una sociedad supuestamente desarrollada.

 

No pocos de los que lograrán un contrato en estos meses de pico alto de consumo serán algunos de los que tengan que pedir alimentos, o que el Gobierno le pague el recibo de la luz, o que el banco le aplace el cobro de la hipoteca. Tener un trabajo no garantiza llegar a fin de mes. En España son más de cinco millones los trabajadores (según Hacienda) que cobran igual o menos que el salario mínimo, y eso en el caso de los que tienen un empleo.

 

Pues a todos ellos, junto a los otros tantos millones que consiguen contratos por horas o por menos de siete días, los coloca el Gobierno del lado de la recuperación económica; aunque tengan un pie en los servicios sociales. Los sindicatos, que han vuelto a la carga en diciembre después de meses de parón, no exageran al denunciar la crítica situación que la falta de trabajo y la precariedad del que hay ha provocado en una buena parte de los ciudadanos.

 

No es que nieguen la mayor, la tan cacareada por el Gobierno recuperación económica, sino que la matizan: “es la desigualdad, estúpido”. Si hay que darle la razón a quien más la necesita, es innegable que la tienen quienes no huelen, ni de lejos, la recuperación económica, los que difícilmente consiguen un empleo digno del que vivir. No la tienen quienes alardean de una recuperación que sólo está en sus ambientes.

Prado López Galán
Prado López Galán

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