No hay enemigo pequeño

Desde el bíblico David contra Goliat hasta el literario Don Quijote de La Mancha en su batalla contra la injusticia, las historias de luchas desiguales dejan la moraleja de que no hay enemigo pequeño. Y no hay que irse lejos para verificarlo. En nuestro territorio y en nuestro tiempo tenemos ejemplos del triunfo de pequeños movimientos ciudadanos contra gigantes empresas mineras, aeroportuarias, nucleares, militares…

 

Los pueblos de Anchuras, Torrenueva, Ballesteros de Calatrava y Villar de Cañas tienen en común, además de pertenecer a Castilla-La Mancha y contar con menos de 3.000 habitantes, haber sido elegidos para implantar en ellos macro-proyectos, que generan grandes inversiones y que prometen empleos y parabienes a sus vecinos. Y en común tienen también que frente al poder y al dinero han vencido modestas plataformas ciudadanas que han sabido ver, y oponerse, al alto precio a pagar.

 

Ha querido la casualidad que la misma semana de julio en la que Anchuras (Ciudad Real) preparaba las fiestas en homenaje a los 30 años del inicio de su lucha contra el campo de tiro de la OTAN en su rico territorio natural, Villar de Cañas recibiese la noticia de que el Gobierno central ordenaba parar la autorización para construir un basurero nuclear (el Almacén Temporal Centralizado de residuos nucleares). Hay una notable diferencia en ambos casos, y es que en Anchuras fue el alcalde el que, a la cabeza del municipio, se puso al frente del movimiento contra el campo de tiro que quería construir el Gobierno español, mientras que en Villar de Cañas el ayuntamiento lo apoya, pero se ha encontrado enfrente una Plataforma en la que, entre numerosos colectivos vecinales, ecologistas, agrarios, sindicales, etc. se encuentran también los municipios cercanos, como Belinchón, Belmonte, Villar de la Encina, Hito o la propia ciudad de Cuenca.

 

Anchuras tardó 10 años en librarse de aquel campo de tiro, una década llena de presiones, amenazas, conflictos… pero también de una ilusión y tenacidad que logró aliados como la Unión Europea. Ocho años llevan la Plataforma contra el Cementerio Nuclear en Cuenca alertando de los peligros de esta instalación y sacando a la luz los documentos e informes que así lo indican. De su lado, el propio Gobierno regional, que volvió a intentar -como ya lo ha hecho en otras ocasiones- la vía de protección a la naturaleza ampliando una ZEPA que incluyera el terreno elegido para el ATC.

 

Un movimiento ciudadano es también el que ha frustrado el proyecto minero que la empresa Quantum Minería tenía para extraer monacita del Campo de Montiel. Durante cuatro años la Plataforma Sí a las Tierras Vivas ha informado y movilizado a la opinión pública sobre las consecuencias de esta actividad minera y su impacto contra la vida tradicional de la zona. También en este caso el Gobierno autonómico se posicionó finalmente en contra (al principio lo apoyó, con el discurso del empleo y la riqueza que generaría) y no aprobó la Evaluación de Impacto Ambiental, paso imprescindible para comenzar la actividad extractora en los pequeños municipios de Torrenueva y Torre de Juan Abad.

 

Caso aparte es el del aeropuerto de Ciudad Real, otro macroproyecto frustrado (aunque ahora revivido, pero eso es otra historia), en este caso por una minoría liderada por los ecologistas. Esta infraestructura privada siempre contó con el apoyo de todas las administraciones y el favor de la ciudadanía, pero los ecologistas, que lo denunciaron ante la Unión Europea y lograron su paralización, demostraron que no todo vale y que, a veces, una avutarda tiene la razón.

Prado López Galán
Prado López Galán

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