No en un día

Es una magnífica noticia que el colegio de Doncellas Nobles, que estuvo cerrado tantísimo tiempo, se abra a las visitas a partir del 1 de marzo. Es un lugar toledano poco conocido, fundado en el siglo XVI por el cardenal Silíceo (se apellidó Guijarro, pero al latinizarse pasó su condición pétrea a ser Silíceo), que fue declarado bien de interés cultural en 1996. Merece la pena visitar su iglesia (con un excepcional retablo, con interesantes pinturas y con el sepulcro del fundador), y también su patio herreriano y su sala rectoral. Allí, durante un tiempo, se alojaron algunas de mis alumnas, pues fue residencia universitaria.

 

Esta apertura viene a incrementar la ya sobresaliente oferta museística que ofrece Toledo. La ciudad se muestra muchas veces como un pozo sin fondo, pues siempre queda agua por sacar de sus adentros. Aunque conozcamos mucho sobre su historia, siempre hay datos que se deben corregir y sobre todo nos falta mucho por saber. Se podría decir con la fórmula de Sócrates: sólo sé que no sé nada…sobre Toledo.

 

Hay ciudades que se ven en un santiamén; basta un día para conocerlas a fondo. Toledo ya no pertenece a ese club de las ciudades que se ven en un pispás. Algunas guías, que tuvieron mucho éxito en el pasado, proponían a los turistas una visita a Toledo en un día, a jarapo sacao, deprisa y corriendo. Una que fue muy popular la escribió el inspector de primera enseñanza Pedro Riera Vidal, cuya primera edición creo que es de 1930.

 

Es increíble la cantidad de ediciones que ha tenido este volumen. En este libro se decía que el visitante podía ver por la mañana lo siguiente: el hospital Tavera, san Juan de los Reyes y su claustro, santa María la Blanca, sinagoga del Tránsito, Casa y Museo del Greco y la iglesia Santo Tomé (con el famoso Entierro); y por la tarde la Catedral, las “gloriosas ruinas” del Alcázar, el museo de Santa Cruz y como pompón final la vista desde el Valle. Ha llovido mucho desde entonces….

 

¡Hay tantos Toledos…! Toledo ya no es para una excursión de aquí te pillo, aquí te veo en un momentín. Esto ha sido mérito de iniciativas brillantes, de apoyos, etc.

 

Pero lo que me interesa destacar es que el visitante que quiera venir a Toledo en una sola jornada, para ver lo que pueda a toda mecha, se va a dejar cosas en el tintero, y, lo que es peor, hará después una mala digestión del atracón, con propensión a la diarrea (física y mental). Por un lado, está la batería de paseos por la ciudad (acompañados de una buena guía, como la de Rutas de Toledo que escribieron E. Lorente, J. Blanco, P. Morollón y A. Vázquez que es la mejor que conozco) y después la magra o la chicha de los monumentos, que no son dos o tres.

 

Se tendrían que incluir los restos del Circo romano, que han sido protegidos de la barbarie de los coches, pero que habría que atender para hacerlos apetitosos a los turistas y también a los toledanos. Se deberían potenciar las exposiciones con gancho en el Museo de santa Cruz (que creo que aún anda sin director y parece ir un poco a la deriva). Hay un grano de verdad en esa afirmación de Cossío tan conocida: Toledo es el resumen más perfecto, más sugestivo y brillante de la Historia de España.

 

Y no hay que desmerecer, por supuesto, los ingredientes que tiene nuestra ciudad de la arquitectura contemporánea, pues lo que tiene valor no se mide sólo por la antigüedad, sino por su calidad artística (por cierto, me alegro mucho de que el artista toledano Ignacio Llamas haya sido elegido por la asociación española de críticos de arte como mejor artista vivo por su obra y su aportación este año a la exposición de arte contemporáneo ARCO).

 

La estancia en Toledo hay que aderezarla con más especias para hacerla apetitosa. Un elemento fundamental es la programación cultural del Círculo de Arte, que es muy atractiva, y en especial la del teatro de Rojas, con un cartel de primera fila. Hay que añadir el enorme impacto de la actividad cultural que se desarrolla en torno a ese planeta enorme llamado Biblioteca Castilla-La Mancha. ¡Qué pena que no exista un cine en el casco histórico! ¡Esto sí que lo echo de menos! Además, ahora que celebramos el gastroaño, los bares y restaurantes deberían animarse a celebrar actos culturales, que atraigan a turistas y a toledanos con ese animoso maridaje entre el estómago y la cultura.

 

¡Qué alegría ver tantos grupos de turistas que hacen rutas del Toledo romántico, el mágico, el subterráneo, el de tejados, el de los escritores, el conventual, el de las tres culturas, el romántico, el siniestro, el de los templarios, el de los místicos, el de las leyendas! ¡Hay tantos Toledos…! Toledo ya no es para una excursión de aquí te pillo, aquí te veo en un momentín. Esto ha sido mérito de iniciativas brillantes, de apoyos, etc. Queda por hacer, claro que sí. No sólo del Greco vive Toledo.

 

Este año hay efemérides relacionadas con Cervantes, con la revista “Toledo”, con el Teatro de Rojas, con Victorio Macho, con la Academia toledana. Hay que saber vender el agua de esta ciudad-pozo, que no se debe de beber de un trago en un solo día.

Santiago Sastre
Santiago Sastre

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