MUJERES CON UNA DOBLE PELEA

El 17 de mayo se celebró el Día contra la Lgtbfobia, contra la discriminación hacia el colectivo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales y el 28 de junio será el Día internacional del Orgullo. En igualdad de derechos y en respeto a la orientación sexual todavía queda mucho por avanzar y las mujeres siguen teniéndolo aún mucho más difícil. Hemos hablado con tres, comprometidas con la visibilidad y la defensa del colectivo.

Elena Arroyo y Ana LIllo.

“Ya solo por ser mujer seguimos estando un paso atrás y evidentemente las mujeres lesbianas lo tenemos muchísimo más difícil que los hombres gays, muchísimo más”, advierte desde Talavera Maribel Blanco, representante de la Fundación Triángulo en Castilla La Mancha y una de las veteranas en la defensa del colectivo lgtbi, desde hace más de 20 años en esta comunidad autónoma.

 

“Decir que tienes un amigo gay, o para los propios padres, se ve ya como algo normal, pero no que tengas una amiga que es lesbiana. Eso ya cuesta aceptarlo muchísimo más”, explica Ana Lillo desde Ciudad Real, experta en herramientas didácticas para la enseñanza de la diversidad afectivo-sexual y de género y autora de una investigación universitaria en la que comparó la vida, también la sexual, de las mujeres españolas en los siglos XVII y XVIII con la actual a través del arte.

 

Hace unos meses Ana y su novia fueron insultadas en esta ciudad por un grupo de chicas muy jóvenes cuando se daban un beso. “Al principio me sentí mal porque no estaba acostumbrada a eso (era la primera vez que la increpaban), pero una señora mayor que lo vio se acercó a nosotras y nos preguntó cómo estábamos. Y eso sí que me llegó al alma y a no darle importancia, a pensar que eran solo unas chicas sin ninguna educación. Se está produciendo un retroceso en los adolescentes, lo vemos también en el repunte del machismo, y creo que tiene mucho que ver con la imagen que ofrecen ciertos programas y series de televisión”.

 

“HE MANTENIDO UNA BATALLA TREMENDA EN LOS TRIBUNALES DURANTE 11 AÑOS HASTA CONSEGUIR QUE EL SUPREMO ME RECONOCIERA COMO LA MADRE DE MI HIJO”. y sigue su pesadilla.

 

Ana no estaba acostumbrada porque a los 18 años, cuando se dio cuenta que se había enamorado de verdad por primera vez y que era de otra mujer, tras salir antes con varios chicos, no tuvo ni ha tenido ningún problema con su entorno. “Mis amigas me decían: ves Ana, te lo decíamos, y en mi familia siempre se ha respetado todo, teniendo muy en cuenta la educación y el no hacer daño a los demás”.

 

Tampoco encontró ningún reproche en el colegio de monjas donde estudió desde los 3 años. “Mantengo Seguir leyendo...

mucha relación con mis profesoras y sé que lo único que les importa es que sea feliz. Y para mí eso es una preciosidad”. Pero Ana sabe que el respeto que ha encontrado en su entorno todavía no es habitual para el colectivo lgtbi.“Tengo muchos amigos y amigas que no pueden ni contarlo en casa”.

 

Elena Arroyo es desde 2011 la presidenta de Bolo Bolo, la asociación lgtbi de Toledo. Recuerda lo que supuso que en 2012 un Real decreto del Gobierno de Rajoy prohibiera a las mujeres lesbianas acudir a técnicas de reproducción asistida en el sistema público. En Castilla La Mancha el ejecutivo de Cospedal lo llevó a rajatabla.

 

“Perderlo fue algo tremendo. Había mujeres y parejas de mujeres que estaban en lista de espera desde hacía mucho tiempo o que ya estaban en tratamiento y de repente les dijeron que no podían seguir o que tenían que continuar en una clínica privada. Fue desesperante para ellas e increíble para todos nosotros porque era un servicio con muy buenos profesionales que estaba funcionando muy bien”.

 

Maribel Blanco

 

“”Nos reunimos varias veces con el entonces secretario general del Sescam, Fernando Sanz y él se mostró muy interesado, nos dio buenas palabras, pero no hicieron nada y tuvimos que esperar al cambio de legislatura para recuperar ese derecho”, que no ha vuelto a ser efectivo hasta principios de este mismo año. “España ha pasado de estar en los primeros puestos en la defensa del colectivo lgtbi a la novena posición en los últimos años”, advierte Elena Arroyo.

 

Nos hemos estancado y aún nos queda mucho por recorrer. Necesitamos unas leyes que nos amparen, que reconozcan a nuestras familias, que protejan a nuestros menores, que son una parte muy vulnerable del colectivo LGTBI, quienes sufren bullying en mayor número y de una manera más contundente”, señala la presidenta de Bolo Bolo.

 

Maribel Blanco ha sufrido con dureza lo que significa la desprotección familiar por su orientación sexual. “He mantenido una batalla tremenda durante 11 años en los tribunales, hasta conseguir que el Supremo me reconociera como la madre de mi hijo”.

 

Y aún con la sentencia firme en la mano, no ha terminado su pesadilla. “El Registro Civil de Talavera sigue sin darme un nuevo libro de familia, en el que conste la filiación correcta según la sentencia y el cambio de apellidos de mi hijo, porque me dicen que mi ex-pareja (y madre biológica del menor) no ha entregado el antiguo, que ya no es válido.

 

Y en la consejería de Educación al principio me negaron el cambio de apellidos y el reconocimiento de la patria potestad (pese a la resolución) y siguen sin meterme en el programa informático para el seguimiento de mi hijo en el instituto. A mi hijo le tienen absolutamente desprotegido”.

 

“LO QUE NO SE CONOCE PROVOCA MIEDO Y RECHAZO”. ELLAS INSISTEN EN LA EDUCACIÓN DE LOS PEQUEÑOS Y EN LA FORMACIÓN DE LOS ADULTOS PARA SUPERARLO

 

“En una ocasión llegué a pasarme 8 meses sin verlo, sin que ningún juez fuera capaz de entregármelo. No he parado hasta conseguir la filiación, pero en esa pelea se me ha pasado la infancia de mi hijo. Y lo he logrado, sí, pero muy a pesar de todas las instituciones, de mi ruina psicológica y de mi ruina económica”.

 

Maribel, que empezó yendo a las primeras manifestaciones lgtbi en Madrid hace ya varias décadas, cuando apenas acudían una treintena de personas, cree que en estos años en la calle sí se ha ganado en respeto a la diversidad y a nivel personal ha encontrado un gran apoyo emocional en su lucha personal, “aunque también personas que no entendían nada”.

 

“La sociedad siempre va por delante de las instituciones, pero es necesario un posicionamiento político claro contra la homofobia y no podemos transmitir un mensaje equivocado de que todo está ganado simplemente porque ya nos podemos casar. Aún no somos iguales: a los heterosexuales se les reconocen a sus hijos aunque no estén casados, nosotros tenemos que montar un guirigay judicial para conseguirlo, ni tienen los mismos derechos sucesorios… por no hablar de países como Chechenia donde están matando a homosexuales o llevándolos a campos de concentración”.

 

Y no está todo ganado cuando aún en nuestro entorno hay mucha gente, jóvenes y mayores, que tienen dificultades para mostrar públicamente su condición sexual y que siguen optando “por una doble vida porque es la única manera que tienen de vivir tranquilas y tranquilos, porque muchas veces descubrir la condición sexual supone romper muchas barreras y les puede ocasionar muchos problemas en el trabajo o en su día a día, trastocarles toda su vida. Y eso hace que no se atrevan a acercarse al colectivo o incluso a denunciar si llegan a sufrir una agresión homófoba”, señala Elena Arroyo. “Todavía se sigue oyendo eso de si yo tuviera un hijo gay preferiría… cualquier barbaridad. Todo eso condiciona el que uno no quieras llamar la atención o que evite relacionarse con determinados círculos”.

 

Maribel, Elena y Ana coinciden en que la educación y la información son la clave para lograr una igualdad efectiva y superar el rechazo que aún determinados segmentos muestran hacia otras personas por su orientación sexual. “Creo que es una cuestión de desconocimiento porque es verdad que lo que no se conoce provoca miedo y rechazo. Una sexualidad que se sale de la norma no es algo malo, es algo que desconoces y tienes que conocer. Cuesta mucho dar ese paso de conocer al diferente, como el de conocer a otras culturas u otras religiones. Por eso la visibilidad es muy importante y cada uno de los miembros de la asociación trabajamos porque nuestro entorno sea más comprensivo”, dice Elena Arroyo.

 

“Lo fundamental, insiste Ana Lillo, es la educación en edades muy tempranas y también la formación a personas adultas, porque puede ocurrirles en casa que su hijo ame a otra persona de su mismo sexo o que sea transexual y no sepa cómo gestionarlo o que habiendo estado media vida con alguien de sexo opuesto termine entendiendo que le gustan las personas de su mismo sexo. El amor y los sentimientos llegan a cualquier edad. Así que mejor no juzgar porque a ti no te haya ocurrido”.

 

Para ellas también son necesarias leyes que protejan al colectivo contra la discriminación y reconozcan su igualdad real con las personas heterosexuales. La Federación estatal que reúne a 44 organizaciones lgtbi españolas presentó en mayo en el Congreso de los Diputados una propuesta de ley de igualdad y no discriminación que esperan que los partidos debatan y aprueben.

 

Y también en Castilla La Mancha reclaman una ley autonómica. “Somos de las pocas comunidades que aún no la tenemos (ya la han aprobado en 11) y nos la prometieron hace dos años”, advierte Maribel Blanco.

 

La crisis también mermó en gran medida la capacidad de actuación de las asociaciones lgtbi, sobre todo al perder buena parte de las subvenciones públicas. Bolo-Bolo llegó a tener tres técnicos contratados para su servicio de orientación y apoyo y para la realización rápida de pruebas de sida. En la organización han vuelto a reactivarse y confían en poder volver a ofrecer un servicio profesional a lo largo del año. También la Fundación Triángulo retomó la actividad hace dos años y su intención es incrementarla, señala su representante en Castilla La Mancha, Maribel Blanco.

 

 

ATENCIÓN A LOS MENORES TRANS

 

Han sido los más vulnerables y desatendidos. Por primera vez, desde hace solo unos meses, en Castilla la Mancha se ha activado un Protocolo que establece pautas de intervención, de apoyo y de protección para ellos, reconociéndoles su derecho a la identidad sexual, al libre desarrollo de su personalidad y a la no discriminación por su identidad de género.

 

El 15 de mayo se constituyó una comisión provincial para hacer un seguimiento de este Protocolo, con organizaciones relacionadas con la transexualidad, como Daniela o Chrysallis, aunque no con las toledanas Bolo Bolo o Fundación Triángulo que participaron en la elaboración de ese documento y han protestado por su exclusión.

 

Y también por primera vez en Castilla La Mancha acaba de crearse en el hospital Virgen de la Luz de Cuenca una unidad de referencia en el tratamiento multidisciplinar de la transexualidad, con ginecólogos, urólogos, cirujanos, pediatras, endocrinos y psicólogos. Es de las pocas que existen en España.

 

La problemática de estos niños y de los mayores trans también va calando en la sociedad. El autobús de Hazte Oír, el movimiento ultraconservador que recorre el país lanzando mensajes transfóbicos, apenas aguantó unos minutos en el Parador de Toledo el pasado 25 de mayo. Los trabajadores alertaron a la dirección de la red nacional de Paradores, que les exigió que se marcharan y les recordó que no tenían permiso para estacionar en sus instalaciones.

 

Tampoco el Ayuntamiento les autorizó a recorrer la ciudad o a estacionar en sus calles por lanzar mensajes que suponen “una discriminación de las personas en función de su orientación sexual”.

 

 

UNA TOLEDO ENTIENDE Y UN

ESPECIAL X TOLEDO ENTIENDE

 

Elena Arroyo, la presidenta de Bolo Bolo, no duda: pide una ‘Toledo Entiende’ en la terraza del bar. “Me encanta que se llame así y pedirla”. La cerveza la elabora desde hace unos meses una empresa toledana que sugirió a esta asociación lgtbi, la primera en constituirse en Castilla La Mancha hace 16 años, la posibilidad de utilizar el mismo nombre con el que llaman a sus jornadas reivindicativo-festivas de la semana del Orgullo desde hace 10 años en Toledo. “Nos vino como un regalo”, cuenta ella. “Es otra manera de visibilizar al colectivo. A algunos les pasará desapercibido, pero a otros seguro que no”.

 

Toledo fue la primera ciudad de Castilla La Mancha en celebrar el Orgullo. Y este año, Bolo Bolo y el Ayuntamiento han preparado para el X aniversario multitud de actividades para mayores y niños entre el 19 y el 28 de junio: charlas y talleres, concursos, manifestaciones o un cuentacuentos con Olga de Dios, muy apreciada por su trabajo enfocado en el respeto a la diferencia, el viernes 23 en la Biblioteca regional. Y varios conciertos, como el de Leklein el sábado 24.

 

Por segundo año, la bandera arcoiris que identifica al colectivo volverá a ondear en la fachada del ayuntamiento de Toledo durante la semana del Orgullo. El pleno municipal aprobó en mayo de 2016 por unanimidad declarar Toledo como ‘ciudad por la diversidad’ y se comprometió con ello a fomentar medidas que permitan a cualquier persona “sentirse libre de vivir sin esconder su orientación sexual y su identidad de género” y trabajar por hacer una ciudad “más inclusiva”.

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