MUERE VIDAL GALLEGO: UN SOÑADOR

 

Vidal Gallego

 

Vidal Gallego, alcalde de Los Yébenes durante cuatro legislaturas (1979-1995) y también parlamentario regional, murió el pasado 23 de febrero a los 71 años de edad. El Ayuntamiento, que pondrá su nombre a una plaza de la localidad, decretó dos días de luto. Vidal fue referente de alcaldes en una época en la que la política se hacía de sueños. No los consiguió todos, pensó, como en la canción de Victor Jara ‘A desalambrar’: “Yo pregunto a los presentes / si no se han puesto a pensar / que esta tierra es de nosotros / y no del que tenga mas”. No consiguió desalambrar; pero dejó un ejemplo de amor al monte, a la naturaleza y a su pueblo.

 

L a última vez que le vi fue en el homenaje que Los Yébenes rindió a las mujeres luchadoras por sus derechos en la figura de Clara Campoamor. Y es que Vidal Gallego, exalcalde, exparlamentario regional, siempre socialista, estaba en todas las batallas en defensa de la igualdad, de la solidaridad, de los derechos de los hombres y mujeres de esta tierra, de todas las tierras, y de la libertad. Era la síntesis del Quijote y de Sancho. Un Quijote que peleó contra gigantes sabiendo que lo eran. No ganó: eran gigantes; pero siempre se sintió satisfecho por hacer lo que consideraba su deber no solo con las generaciones presentes, también con las pasadas y con las que han de venir. Una pléyade de abogados convenció a los jueces de que no era así; pero nunca estuvo de acuerdo.

 

Fue aquello en lo que el financiero Juan Abelló se dedicó a comprar las suertes que los vecinos de Los Yébenes tenían de las fincas de La Sierpe y Torneros y que estos habían heredado de sus padres y estos a la vez de los suyos. Eran fincas cuyos dueños eran los vecinos del pueblo y Vidal Gallego, entonces alcalde de Los Yébenes, opinaba que así debía de seguir siendo. Habíamos entrado, sin embargo, en épocas privatizadoras. El dinero puede mucho. No era una posición fácil la de Vidal, chocaba además con el interés de quienes entre sus vecinos habían vendido, y eso siempre son votos que se pierden. Pero él no defendía votos, defendía los intereses de su pueblo, solo que eso, además, le daba votos. Tuvo enfrente a los terratenientes, al médico, tuvo enfrente al párroco, pero a quien nunca tuvo enfrente fue a la mayoría de los vecinos de Los Yébenes que le hicieron alcalde siempre que se presentó para ello.

 

No se amilanó tampoco cuando allá por octubre de 1989 el ministro de Administraciones Públicas, Joaquín Almunia, (luego sería comisario europeo) amigo personal del entonces presidente Felipe González, le llamó a Madrid para pedirle explicaciones sobre el conflicto con Juan Abelló. El ministro recibió a Vidal Gallego en su despacho y sobre la mesa se dejaba ver un dossier completo sobre el pleito y toda la actividad desplegada por el alcalde socialista. La revista Bisagra, antecedente de AQUÍ CASTILLA-LA MANCHA, recogía así el momento: “ A Vidal Gallego no le sorprendió. Llevaba tiempo esperando un toque de Madrid. Tampoco le extrañó la existencia del dossier y cómo sabía a lo que iba se fue preparado con una buena carpeta de papeles. Pensando que lo mejor para convencer a todo un ministro era ir bien documentado. A todos los datos recogidos de viejos archivos y legajos, Vidal acompañó su documentación con el informe del catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares, Alejandro Nieto, en el que se reconocía que las fincas pleiteadas La Sierpe, Torneros y el Valle San Marcos eran comunales”. Dicho está anteriormente que, años después, los jueces no estuvieron de acuerdo con lo que decía ese informe y Juan Abelló sumó otras dos grandes fincas a sus propiedades. Fincas colindantes a Los Quintos de Mora, estas sí públicas, y donde Felipe González, por aquellas fechas, gustaba de pasar muchos fines de semana empequeñeciendo árboles.

 

Quien no se dejó empequeñecer nunca fue Vidal Gallego. Lo pagó, nunca se atrevieron a hacerlo cara a cara, le conocían y tenerle como contrario era temible; pero solo tuvo al otro lado a los poderosos, con los demás solo supo ser generoso. Fue referente político de una época idealista. Ahora estamos en otra. Su hijo Manolo el día de su despedida le denominó “Califa de los montes”, un hijo que heredó de él entre otras cosas el amor por la naturaleza, por el monte. Respetaba, y mucho, la caza social, pero no participaba Vidal de la idea de que la caza fuera, entendida como el negocio de los grandes propietarios de fincas, un importante factor económico, al contrario, decía que ya se encargaban estos de que no creciera económicamente la zona para poder contar con mano de obra barata para sus monterías. En esto coincidía con su gran amigo y sucesor en la alcaldía de Los Yébenes, Anastasio Priego, quien declaraba a esta revista: “Este pueblo no vive de la caza, no es una actividad que genere muchos empleos ni riqueza. La riqueza está en el patrimonio natural que tenemos, y cada vez hay más turismo entorno a él o a la berrea, por ejemplo. Antaño, en los años 60, venían a cazar al pueblo gente de dinero, a las grandes mansiones, y nos impactaban los coches que traían, comían en el pueblo y generaban jornales… pero ahora tienen sus ágapes privados, viven de espaldas al pueblo”.

 

Como dijo Manuel: “Los Yébenes siempre fue para Vidal su objetivo de vida a nivel trascendental… No hubo un solo día en el que no te levantaras con ganas de cambiar el mundo y transmitir a toda persona humilde ansias de libertad”. Amaba la cultura y la literatura y por eso recordó Manuel una cita del Quijote que definía a Vidal, y muy oportuna para los tiempos en los que vivimos: “Dad crédito a las obras y no a las palabras”. Fueron muchas las obras, también los sueños, y las sabias palabras de quien, para siempre será “el alcalde de Los Yébenes”.

Francisco José Gómez Herruz
Francisco José Gómez Herruz

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